CORRIDOS A LOS PONCHAZOS CADA VEZ QUE SE PORTAN MAL

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. La renuncia del Vicepresidente Raúl Sendic, nos tomó a todos por sorpresa; si bien muchos lo esperaban, y otros tantos (nos incluimos), aspirábamos a un tratamiento de su situación más ajustada a lo que establece la Constitución de la República, como es el Juicio Político -sobre lo que escribimos anteriormente-, por tratarse de un jerarca del más alto nivel, al presidir uno de los tres Poderes del Estado.
De ninguna manera podríamos alegrarnos con esta coyuntura, pues por encima de todo, colocamos el fortalecimiento de las Instituciones, a través de la mejor herramienta que existe para ese cometido: los partidos políticos y su armónico funcionamiento.
El mensaje que estos deben enviar a la ciudadanía, tiene que ser claro y sin dobleces; el ejemplo que los dirigentes políticos están obligados a dar al común de sus compatriotas, no debe de ser minimizado y mucho menos ladeado, actitudes que lamentablemente han sido la moneda corriente, y han minado paulatinamente la credibilidad de las colectividades y sus dirigencias.
Muchos querrían ver correr sangre, pero, afortunadamente para la democracia misma, hubieron dos hechos que más tarde que temprano, pero consumados al fin, propiciaron a una salida, aunque no salomónica a nuestro entender: el dictamen del Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio, y la propia renuncia de Sendic.
Se podrá debatir sobre la corrección o no de ambas, pero el mensaje fue dado: un integrante obró mal, y su fuerza política lo amonestaría, y de hecho lo hizo; ante el revuelo político y la pésima imagen brindada a propios y extraños, abandonar el cargo, y dejar el agua correr.
No nos compete analizar la interna frentista, pues no pertenecemos a dicha colectividad; eso sí, observamos que la misma, se encuentra ante una disyuntiva seria, que deberá solucionar con sabiduría si aspira a un cuarto período de gobierno; porque, que todo esto ha causado heridas, no quepa la menor duda; la profundidad y las facturas a pasarse, el tiempo lo dirá.
En cuanto a la existencia o no de una crisis institucional, nos parece desproporcionado hablar de una, pues no existe un resquebrajamiento de la República, ni un descontento tal de la ciudadanía frente a la democracia, que la haga peligrar; lo que sí, puede llegar a producirse, es un leve aumento del descreimiento ante el espectro político, al constatarse que, de actuar correctamente y sin desviarse del principal objetivo que es el hacer por y para la gente y el país; las energías podrían estar puestas en centrarse en las problemáticas que aquejan a los uruguayos (que no son pocas), y sus correlativas soluciones, y no en comportamientos erróneos que rozan lo ético y lo moral, allende de lo político.
Sendic se irá, una vez aceptada la renuncia por la Asamblea General, y asumirá la Vicepresidencia la Senadora Lucía Topolansky; ¿el mundo se parará?: no, continuará andando y debe hacerlo, pues, bien o mal, nos guste o no, hubo una solución más o menos prolija y hasta digna de parte del Vicepresidente; y el mensaje político -tanto de la oposición al pedir la renuncia, como del Frente Amplio en allanar el camino a la misma-, no fue del todo malo.
Mientras tanto, Uruguay espera que su élite política gobierne y sea opositora; que quienes fueron elegidos para dirigir, dirijan, y no sean permanentemente corridos a los ponchazos cada vez que se portan mal.







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