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¿Crecimiento y cambio estructural?

Cuando se habla sobre la situación del empleo, el crecimiento de la economía, el déficit fiscal y la productividad empresarial, se termina opinando sobre los “resultados”, consecuencias de estos, que genera el propio funcionamiento de la economía y por lo tanto su estructura. Mejorar y por lo tanto modificar tales indicadores, pone en evidencia la necesidad de pensar de manera integral no tanto la cuestión “cosmética” de los sistemas de apoyo a empresas, sino un cambio estructural, una nueva política industrial.

Milagros económicos tan “acelerados” como los de Israel, País Vasco y Singapur, tienen detrás de sus resultados extraordinarios en el desarrollo, un denominador común que motiva la redacción del presente artículo para Link de Diario El Pueblo y a partir del cual, invitaremos al lector a reflexionar sobre su aplicabilidad en Uruguay y Salto y su región particularmente: el cambio estructural como el motor del crecimiento económico.
Toma validez incorporar en las agendas de debate, un análisis que no pierda de vista el desafío, cada vez más urgente, de hablar de cambio estructural, cuando de acuerdo a innumerables diagnósticos elaborados por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto primero y posteriormente por el Instituto de Economía de la Universidad de la República después, hablan del largo declive económico de la región norte del país en las últimas décadas.
Pasar de antiguas épocas en las que Salto estuvo a la vanguardia en el período 1880-1920, a la ubicación magra de las últimas décadas en términos de empleo, actividad empresarial y por lo tanto desarrollo, tienen entre otras explicaciones la pérdida de ventajas competitivas y la no adaptación a los cambios. La ubicación de Salto y su puerto, debido a cambios en las tecnologías de transporte, creación de puentes, mayor rigidez en los límites transfronterizos del Río Uruguay, llevaron a que nuestro departamento no necesariamente termine siendo el lugar “elegido” de cruce para los mercaderes, como polo logístico. A partir de esto, toma sentido volver a escarbar sobre cuestiones vinculadas a las ventajas competitivas y los motores del crecimiento económico, y por lo tanto: el cambio estructural.
Para lograr un cambio estructural, es fundamental no perder de vista un “camino” para hacerlo y este tiene un nombre y apellido: política industrial. La política industrial en pocas palabras no es otra cosa que la búsqueda continua de optimizar todos los aspectos que influyen la realización de negocios. Es a través de dichas acciones que se logra levantar las restricciones, favorecer al sector empresarial y promover así; la actividad emprendedora y la mejora de la productividad de las empresas.
Trabajar en base a indicadores y buscar alinear los planes a resultados que se puedan tangibilizar en rankings como el Doing Business, Índice de Competitividad Departamental u cualquier otro, por citar algunos ejemplos, permitirían mejorar la gestión de todos los esfuerzos que se llevan adelante desde el entorno institucional.
Algunas cifras de crecimiento económico “meteórico”
Para ejemplificar lo descrito anteriormente, a modo de introducción, daremos a conocer algunas cifras, obtenidas del Banco Mundial, que argumentan la relación que hay entre crecimiento y cambio estructural, en períodos temporales de treinta años.
-En 1980, el PBI pér Cápita de País Vasco era de 3.178, mientras que en 2010 de 30.144, dicho de otra manera, en el transcurso de treinta años el PBI pér Cápita se multiplicó por más de nueve.
-En 1985, el PBI pér Cápita de Israel era de 5.698USD, mientras que en 2015 de 35.729USD, dicho de otra manera, en el transcurso de treinta años el PBI pér Cápita se multiplicó por más de seis.
– En 1985, el PBI pér Cápita de Singapur era de 6.995USD, mientras que en 2015 de 53.629USD, dicho de otra manera, en el transcurso de 25 años el PBI pér Cápita se multiplicó por más de siete.
El plan entre el Gobierno Nacional y el Sector Empresarial para generar empleo a la inmigración rusa a través del fomento del auto-empleo y la reducción de la informalidad en Israel, la puesta en marcha del Plan de hiper-especialización inteligente en País Vasco y la creación de la Junta de Desarrollo Económico para mejorar la productividad del sector industrial en Singapur, son apenas algunas “pistas” sobre el origen de los cambios estructurales que llevaron luego a los tres territorios, de hecho de pequeñas dimensiones, a pasar de mitad de tabla, a ubicarse en puestos de referencia a nivel mundial en el ámbito empresarial.
No importa tanto la extensión territorial, al fin y al cabo, será más dificultoso y de hecho, costoso, gestionar “revoluciones empresariales” en lugares como Brasil y Rusia, fundamentalmente por la necesaria articulación y gobernanza de actores. En consonancia con esto, cabe mencionar el emblemático caso de Silicon Valley, ubicado en una zona desértica de una extensión de 7,2 kilómetros cuadrados en el Oeste de Estados Unidos, en la que funciona el mayor ecosistema emprendedor del planeta.

Queda evidente, que la transformación empresarial, independientemente de las cifras, años y moneda con la que se mida el PBI per Cápita, nos comunican no otra cosa que el valor que tiene contar con un crecimiento económico exponencial y con ello, la creación de un efecto cascada dado por las externalidades positivas de la dinámica relacionada. Uruguay, por sus dimensiones no tiene capacidad para producir a la escala que si lo hacen grandes como China, el diferencial radicará en ofrecer calidad e innovación.
Sobre crecimiento económico y las formas 0 del cambio estructural

Hablar de crecimiento, es hablar del aumento de la renta o valor de los bienes y servicios finales producidos por una economía en un determinado período, ello teóricamente genera un alza en los estándares de vida de la población.
El cambio estructural en el paper del Prof. Gabriel Yoguel denominado ¿De qué hablamos cuando hablamos de cambio estructural? Una perspectiva evolucionista-neoschumpeteriana, afirma que el concepto tiene al menos cinco interpretaciones relacionadas y ambiguas: la relocalización de la fuerza de trabajo hacia las actividades de mayor productividad; renovación de la estructura tecnológica, derivado del proceso de destrucción creativa; el upgrading, modernización, de las cadenas de valor; el proceso de diversificación desde una perspectiva macro y una transformación social con énfasis en las relaciones entre el individuo y el entorno institucional.
Tanto si se busca reconvertir la mano de obra y lograr así una mejora en los niveles de empleabilidad a través de planes activos de empleo, la inversión en tecnologías que engloban la Industria 4.0 dentro de las cadenas de valor priorizadas, la puesta en marcha de procesos de asistencia técnica en mejora continua en las empresas, la búsqueda activa de generación de asociaciones y conglomerados que favorezcan la especialización y diversificación empresarial y/o la adecuación de instrumentos de política pública para la satisfacción de necesidades que tienen los diferentes segmentos del entramado empresarial; estaremos hablando de cambios estructurales, bases del crecimiento económico.
Equilibrios entre lo empresarial y social, buscando sostenibilidad
La no existencia de una política industrial que promueva la diversificación productiva, creación de empresas y mejora de la productividad, difícilmente pueda generar puestos de empleo genuino dentro de una región, y a su vez, en el largo plazo toda política social y el Estado de Bienestar en sí mismo, no tendrán sostenibilidad. Al fin y al cabo, cabrá preguntarse, ¿cómo se financia la política social en el largo plazo? ¿el aumento del déficit fiscal es el camino ideal a llevar adelante?
La lectura sobre la sostenibilidad en el largo plazo de la política social y su relación con la productividad empresarial, terminan convergiendo en un mismo punto: o existe un alto gasto público sin una contraparte de productividad o dicho de otra manera, el crecimiento de los niveles de productividad e innovación son magros y han llevado a que no se genere valor económico, necesario para la financiación de la inversión pública.
Téngase en cuenta que cuando hablamos de la necesidad de adecuar la política productiva a la política social, estamos hablando de que por un lado se debe seguir haciendo una fuerte apuesta de “más y mejor a lo social”, pero sin perder de vista el imperativo de apoyar a un sector empresarial que sea capaz de absorber fuentes de empleo.
¿De la economía primaria clásica a un Uruguay industrial?
Históricamente nuestro país, desde la incorporación del ganado vacuno por parte de Hernando Arias de Saavedra, o mejor conocido por su apodo de Hernandarias, la actividad económica ha sido fundamentalmente dependiente del sector primario. Lo anterior, sumado a los esfuerzos de posicionar una marca país como lo es Uruguay Natural, dificultan deducir que Uruguay tenga como un camino óptimo a transitar, convertirse en “industrial”.
No obstante, contar con recursos naturales y tener ventajas comparativas en los ámbitos agropecuarios y ganaderos, supone el desafío de agregar valor a través de la incorporación de tecnología y la inversión en innovación. Mejorar la calidad y optimizar los procesos de la economía primaria, está en consonancia con el agregado de valor y con ello, la mejora de la competitividad.
Quizás pasar de la economía primaria clásica a una industrial, por concepto de “curvas de aprendizaje” nos cueste demasiado y no sea rentable incursionar en cualquier ruta porque sí solo por el hecho de que impliquen un mayor componente tecnológico.
No obstante, agregar valor “digitalizando” el agro y la ganadería, permitiría cuidar las ventajas competitivas actuales que permiten al día de hoy, ubicarnos en un momento en el que nuestra matriz productiva y la apertura al mundo son una realidad porque es justamente en el agro y la ganadería, que nos hemos venido especializando.
Lic. Nicolás Remedi Rumi