¿Cuál es el espíritu uruguayo?

Viernes de noche, cielo nublado que anuncia mal tiempo, pero el mismo no se concreta. Afuera mucho movimiento, el veranillo después de tantos días de frío hace que la gente salga y que los jóvenes se ilusionen con que están viviendo un poco de primavera. En casa, la televisión estaba prendida como pocas veces. El noticiero mostraba lo sucedido en la Convención Demócrata en la ciudad de Filadelfia, donde Hillary Clinton iba a ser proclamada candidata a la presidencia.
En el estrado habían pasado muchas personalidades, pero cuando estuve frente a la pantalla justo era el turno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El mandatario distinguido con el Premio Nobel de la Paz en el año 2009 no me inspira mucha confianza, porque si bien es reconocido por presidentes que están en las antípodas de su pensamiento, como José Mujica y Raúl Castro, que aducen que es una persona honesta, ha continuado con políticas belicistas en distintas partes del mundo y no para hacer la paz precisamente, porque nadie logra la paz haciendo la guerra. Pero Obama vendió el verso de que sí podía y le dieron el título vaya a saber uno cómo.
Pero en este caso, en su discurso dijo algo bien interesante. Criticando al principal adversario político que tiene su partido, el pintoresco setentón Donald Trump, un tipo rico que quiere divertirse en un campo distinto al suyo y por eso busca ser presidente, y refiriéndose a él, Obama dijo algo que me hizo reflexionar.
Aludió al caso del empresario de la ciudad de Cleveland, que se bajó el sueldo para no tener que despedir a ninguno de sus empleados cuando las ventas bajaron y los problemas económicos comenzaron a hacerse sentir. Algo que no siempre pasa en ese país y que si vamos al caso, en Uruguay dudo que alguna vez llegue a suceder. Como premio, los empleados juntaron dinero y le obsequiaron el automóvil que al empresario le gustaba. Pero tras citar ese ejemplo, Obama dijo “él lo hizo porque sintió que hacer lo contrario, no iba con el espíritu norteamericano”.
El espíritu norteamericano, el espíritu de nación, de país sólido, fuerte, protector de los suyos, ese concepto de espíritu, es algo que en nuestro país no tenemos. No sabemos cómo funciona. Porque ese espíritu, trasciende el comportamiento puntual de ese empresario y de los empleados que luego le retribuyeron en nombre de su actitud de protegerlos, de cuidarlos y de creer que juntos podían superar los problemas y salir adelante, ese espíritu es algo implícito en la identidad de ese pueblo, que es un crisol de razas y cuyos inmigrantes han hecho del mismo la nación que es hoy.
Estados Unidos es el país más poderoso del planeta, nadie lo niega. Y en consecuencia tiene una política si se quiere imperialista por buscar estar presente en todas partes, porque es un imperio, tiene una política que para sus gobernantes y sobre todo para el pueblo norteamericano es un deber, una responsabilidad la de tener que estar en los distintos rincones del globo, porque entiende que deben “cuidar” del resto del planeta, para que todos vivamos más o menos como ellos. Para que seamos iguales, consumamos lo mismo, tengamos las mismas creencias y los mismos valores.
Entonces ellos mandan, pero dominan y entienden cómo hacerlo, porque todos hacemos más o menos lo mismo y nos venden lo que nosotros consumimos y el estilo de vida que ellos han impuesto, es parte de ese “estar presente” que han logrado.
Por lo cual el espíritu estadounidense lo que busca es generar ese concepto de nación, de país líder, de valores múltiples, de diversidad de pensamiento, de libertad hacia adentro. Ese es el espíritu del que habló Barack Obama y que entiende que si un xenófobo como Donald Trump gana la presidencia, sus valores no son los que fundaron a esa gran nación, admirada por José Artigas que hablaba ya en sus notas de la democracia norteamericana.
Y yo me pregunté, tras escuchar todo eso ¿cuál es el espíritu que impulsa a este país? ¿Somos una nación? ¿Somos un país con identidad traducida a valores claros que buscan una sociedad mejor, solidaria, generosa, proactiva y trabajadora? ¿Tenemos el concepto de espíritu uruguayo? ¿Podemos decir que algo no va con el espíritu uruguayo?
Yo creo que hay cosas que sí. Y hay otras que lamentablemente también. Unas como la solidaridad cuando algo pasa y hay que colaborar, estar, ayudar y compartir, son parte del espíritu que tenemos los uruguayos, que no queremos que nada nos pase y que si hay una catástrofe como la ocurrida en Dolores, o una campaña para los niños con cáncer, no le somos indiferentes y fomentamos el valor de la solidaridad como una cuestión de nuestra identidad.
Pero también hay otras formas que acompasan nuestro espíritu. La mezquindad de medir quién tiene más, para tratarlo diferente. Lo que por ejemplo le ilustró el expresidente José Mujica al periodista español, Jordi Evole del programa Salvados, donde le dijo que en Uruguay “tenemos obreros muy capaces, pero no nos matamos laburando, nos gustan los fines de semana largo, los feriados por cualquier cosa y en ese sentido, no somos japoneses ni alemanes”, aludiendo al valor del trabajo que tienen implícita estas poblaciones que supieron levantarse de dos guerras que destrozaron sus países y aún así, todos se remangaron para reconstruir sus ciudades.
Protestamos por todo, pero no medimos cuánto estamos dando, para poder reclamar con fundamento. Creemos que podemos hacer la plancha y que el Estado debe darnos un empleo, un subsidio, una propuesta para que salgamos adelante. Pero no nos sentamos a pensar por nosotros mismos cómo podemos hacer algo para generar nuevos horizontes y no tener que pedirle a nadie que sea compasivo y nos dé.
Estoy convencido que los uruguayos podemos, que tenemos las condiciones para salir adelante, somos apenas 3,4 millones de personas y hemos tenido niveles de excelencia en todos los rubros en el mundo, algo pocas veces explicable porque hay muchos países con nuestra misma o mayor población que no han logrado absolutamente nada. Eso nos dice que si queremos, podemos.
Pero la búsqueda de ese concepto también nos pide que miremos a los que están arriba para saber cómo hacer las cosas bien y dejemos de mirar a los que están abajo, porque esa es la forma de convencernos que no necesitamos más nada y que así estamos bien. Con esa postura es que tampoco buscamos los valores que nos traduzcan cuál es el espíritu uruguayo, y si hay algo que va con eso para poder identificarlo. Pero confío en que no bajemos los brazos y que sigamos buscando entre todos para identificarnos y poder encontrarlo.

HUGO LEMOS







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