Cuando la buena voluntad no basta

Querer no es poder, desear es ir en busca de lo que uno quiera, no obstante, no garantiza que lo consigas. Mucho se habla de la importancia de innovar, sin embargo, ese relato no necesariamente se lo interrelaciona con el valor que tiene la tolerancia al fracaso, virtud clave para cualquier emprendedor. Al final de cuentas, la actitud frente a las adversidades o la búsqueda continua de equilibrios entre perseverancia y flexibilidad, termina siendo más crucial para lograr eficacia en el proceso emprendedor que cualquier «buena voluntad» e insistencia con una idea, quizás amorfa y sin valor para todos, excepto para nosotros mismos.
El objetivo del presente artículo para Link de El Pueblo, es invitar a reflexionar sobre el contraste entre lo que queremos y lo que efectivamente es posible hacer respecto a nuestro proyecto empresarial. Buscaremos transmitir lo que ocurre, tomando el concepto de lo que denominaremos minimalismo emprendedor como virtud que evita que cualquier elemento del modelo de negocios que no tenga en la demanda un respaldo sobre el cual enraizarse, debería idealmente eliminarse.240_F_89947127_AAJTfCAyc3f63qearLIXtShgzxxqVPkW
Téngase en cuenta que «decirle no al gran sueño», no siempre tiene un eco de bienvenida en el emprendedor. No obstante, saber hacer foco y dominar los «pasos demás» podría ahorrarte algún que otro dolor de cabeza o angustia en el camino emprendedor; en pocas palabras, casi nunca es buen negocio armar un gran mastodonte sin valor, y encima ingestionable.

Sobre le minimalismo emprendedor
Si «menos es más», el minimalismo tiene muchos aprendizajes que podrían traspolarse al mundillo emprendedor. El minimalismo inicia a finales de los años 60´ en Nueva York, Estados Unidos, pero sus orígenes se remontan a las primeras ideas del arquitecto alemán Ludwig Van Der Rohe. Podríamos decir que la premisa «el objeto es el objeto» arroja varias pistas sobre su valor como movimiento; la estructura se reduce a sus elementos necesarios.
De igual manera que «menos es más» cuando un actor hace una película que arrasa con la taquilla no se tienta a hacer una «segunda parte», «menos es más» cuando a un poema que nos gusta no le falta ni sobra una línea, «menos es más» cuando Whatsapp de manera no pierde de vista que lo importante es facilitar una comunicación sencilla y no agregar una funcionalidad que no aporta a la experiencia de los usuarios.
Sin dudar, podríamos tratar las líneas anteriores que hacen referencia al minimalismo como un disparador, una metáfora que se convierte en una analogía de una gran esencia del proceso emprendedor: menos es más. Y todo lo que sobre, en su sentido más amplio lleva a que la probabilidad de que fracase, aumente de manera considerable.
El emprendedor es el sujeto, el emprendimiento el objeto y cualquier modelo de negocios que no se estructure a partir de lo que el mercado demande, será entendido como un desperdicio. De igual modo, la contracara a lo mencionado deja a entrever que al emprendimiento, objeto, al que le falte algo que sea «necesario», de igual modo tampoco tendría valor para el segmento de clientes.
Muchas veces, la adrenalina natural de los que tienen «chapa» emprendedora, los lleva a que cometan el pecado, frecuente por cierto, de tener alguna que otra ambición, y más específicamente en «hacer más». Lo anterior, termina siendo un error evitable, que no siempre deja a la vista que «hacer menos» o «saber decir no», es más productivo que abarcar varios frentes.
El sobre-optimismo es peligroso y podría llevarnos a dedicar demasiados recursos, que de hecho no necesariamente nos sobran. No «dejar ir» a la idea inicial, la idea 1.0, conlleva a que podamos cometer el error de querer ir de un lugar a otro, omitiendo la existencia de un gran muro. Por más que querramos «darnos la cabeza» contra la pared, difícilmente con buenas intenciones sea suficiente lograr ir de una idea a un modelo de negocios validado técnica y comercialmente.

La idea «grandiosa» convertida a «poca cosa»
A nadie le gusta que nos pongan en tela de juicio o tiren abajo las cosas de las que «estamos convencidos y creemos», en ese sentido emerge la noción de que es fundamental no subestimar cuando le ocurre a un emprendedor. Pocas veces «un gran golpe» es divertido o tan amigable, muchas veces el aterrizar en el piso los proyectos empresariales, acarrea y trae como un efecto «rebote» otras dificultades como deudas, desmotivaciones y hasta alguna que otra discusión con un socio.
Si los emprendedores tuvieran mucha claridad sobre el dolor del golpe, el mito emprendedor que «si me lo propongo, irremediablemente puedo», las cosas no serían tan pálidas como a veces termina aconteciendo. Lo importante es no hacerse como emprendedores, trampas al solitario.
A partir de las ideas mencionadas, entra en la escena del emprendedurismo que las buenas voluntades no son suficientes para pasar «del dicho al hecho», y con ello, el valor de hacer foco en las cuestiones que dependan del equipo emprendedor y no de otros; con ello, evitaremos confundir emprender con apostar a la ruleta rusa.

Pistas para no hipotecar a la buena voluntad
Pocas metas, pocas personas en el equipo, pocos productos, pocos proyectos, pocas reuniones; poco es mucho cuando hablamos de emprendedurismo. En las reuniones en las que se programan las «hojas de ruta del emprendedor», seguir un criterio que permita «hacer foco en lo importante» ayuda a que la eficacia aumente, de lo contrario las excusas de por qué no se pudo avanzar aumentarán, cuando en realidad lo que ocurrió fue que se abarcó demasiado.
Establecer pocos objetivos, permitirá que el foco esté puesto en lo importante y no en las cuestiones urgentes o hasta «metas» que no en realidad no suman ni te agregan valor como emprendedor. Parece muy evidente que pocas líneas de trabajo son mejores que decenas de «pendientes» que luego van a terminar haciendo que se confundan los medios con los fines; si lo que importa es comprobar que el segmento de clientes tiene interés en la propuesta de valor, comprar un dominio o ir puerta a puerta a buscar financiamiento, creanos, es una gran perdida de tiempo que lo terminará desmotivando.
Siguiendo la retórica de el valor de hacer «minimalismo emprendedor», apostar las fichas a un equipo emprendedor reducido pero complementario, será mejor que «invitar» a su grupo de amigos a salir de safari por un camino emprendedor que no necesariamente es amigable en todas sus esquinas. Tener un «equipo corto», permitirá que tanto la comunicación interna como la toma de decisiones, tenga una alta ejecutividad y no se termine cometiendo el error, también evitable, de tener un «ejército» de socios que en los hechos, no contribuirán demasiado a traccionar el negocio.
Si hablamos de metas y de personas que conforma el equipo, tampoco podemos no mencionar a la mismísima propuesta de valor en la cual, al igual que en lo anterior, saber decir no a «muchos adornos cosméticos» permitirá que la probabilidad de que fracase sea mínima. Es mejor vender pocos productos y muy buenos, más de cinco líneas de productos es demasiado, toda la experiencia del segmento de clientes debería girar en torno a pocos productos y servicios que se ofrecen por parte del emprendedor.
Si las ideas o proyectos «en cartera» no funcionan con el paso del tiempo y el consumo de los recursos que se tienen, es momento de flexibilizar y hasta por qué no «matar» esas ideas que están en el limbo del emprendedor. Cuando se manejan demasiados proyectos o «semi-ideas», la probabilidad de que nos saturemos será muy alta, y con ello la perdida de eficiencia y eficacia con la que nos movemos. Partir de la base que las ideas emprendedores son justamente eso, ideas, y las mismas sobran, quizás eso nos ayude a saber «soltar a tiempo».
No caer en «reunioninits» es algo saludable tanto para los emprendedores como para los «grupos de interés» con los que los mismos se reúnen. Allí, la eficacia con la que se llevan adelante las reuniones como los verdaderos avances, y para esa condición el valor de que sean significativos respecto a lo que se acuerda en la reunión termina siendo un imperativo para evitar fallar.

Comentarios finales
Sin lugar a dudas, no escapa de la realidad del emprendedor cualquier estadística sobre la mortalidad empresarial. Dependiendo de la fuente, los estudios e investigaciones argumentan una y otra vez que entre el 60 y 80% de los emprendimientos, desaparecen en los primeros años de vida del mismo. A partir de aquí, tendrá valor y será un norte de cualquier brújula de un emprendedor, saber convivir con la posibilidad de que las cosas fracasen.
Si el fracaso es un hecho, tomar una distancia saludable entre el hecho «catastrófico» y saber encontrar el equilibrio entre perseverancia y flexiblidad, nos llevará a tener que encontrar el timing suficiente a la hora de poner en marcha un emprendimiento.
El «minimalismo emprendedor» como tal, tiene muchas pistas que nos sirven de guía, y es justamente porque «si me lo propongo, lo lograré» es un mito, que debemos saber actuar con agilidad y no sobre-cargarnos dentro del camino emprendedor para al menos aumentar la probabilidad de que nos demos un gran golpe.
Tomar una postura activa de seguimiento o al menos, de «auto-seguimiento», que nos interpele y haga notar cuando estamos avanzando en la dirección correcta o en realidad estamos «dando demasiadas vueltas» que no nos llevan a nada, sería una buena idea si lo que buscamos es lo que al final importa: la efectividad emprendedora. El emprendedurismo, no es un camino recto sino que se parece más a una gran montaña rusa, estar en movimiento y optimizar de la mejor manera las energías que nos permitan llegar a buen puerto, será una cuestión crucial que se parecerá mucho al minimalismo, sino nos suma, mejor no hacerlo y si suma, habrá que saber focalizar y dar la profundidad necesaria hasta que las ideas emprendedoras se hagan realidad, seguramente con alguna que otra modificación, respecto a cuando nacieron.
Lic. Nicolás Remedi Rumi