¿Cultura de innovación?

Es esperable que el empresario al estar diariamente inmerso dentro de su trabajo, tenga conocimiento y le resulte relativamente sencillo detectar oportunidades de mejora a nivel de producto, proceso, organización y/o comercialización: “el empresario sabe cuál es su problema”. Sin embargo, el inconveniente ocurre cuando por alguna u otra razón, no es factible solucionarlo y con ello, se termina conviviendo con deficiencias que en el largo plazo traen algunos dolores de cabeza empresariales: aquí es donde toma sentido la innovación como solución.
Para introducirnos en tema, parafraseando la definición de innovación que utiliza la Fundación Cotec, diremos que la misma es todo cambio (no sólo tecnológico) basado en conocimiento (no sólo científico) que genera valor (no sólo económico). Surge a la vista aquí, que dicho proceso es ante todo, un mecanismo que permite anticiparse y adaptarse frente a los cambios y lejos quedan con dicha conceptualización, mitos como la obligatoria incorporación de tecnología: cuando hablamos de innovación, no es correcto remitirnos únicamente a ejemplos como Apple o Amazon.
Innovar en todo caso, muchas veces es más probable y eficaz que ocurra, si se genera de manera gradual; implementar cambios milimétricos quizás sea el camino más aconsejado cuando lo que se busca es la continuidad de los mismos.

Una visión holística
Cuando se invierte en innovación en alguno o todos los factores de producción (tierra, capital, trabajo), de acuerdo a información empírica, ello genera un aumento de la productividad y por lo tanto, se termina derivando en un exponencial incremento del crecimiento económico de los países: la innovación por lo tanto, es el camino en el que termina siendo más razonable una eventual convergencia de las curvas de crecimiento económico de los países sub-desarrollados y los desarrollados.
Para que lo anterior se cumpla, la receta parece que no tiene demasiadas vueltas de tuerca: es fundamental aumentar el presupuesto de inversión en innovación. En dicho sentido, quedará a la vista la causa que revela la razón por la cual unos países se ubican en los primeros lugares de los rankings sobre productividad, competitividad e innovación y otros están a mitad o final de tabla. De igual modo, si miramos “las tablas de posiciones” de las empresas que más valor tienen, no nos debería llamar la atención la correlación entre la apuesta explícita que hacen a la innovación y sus resultados.
Sea desde una perspectiva nacional o empresarial, la innovación es una pista a la respuesta del crecimiento y desarrollo en el contexto actual de globalización.

La no innovación
No aplicar innovación para resolver un problema empresarial, puede darse por tres razones; en primer lugar, no están dadas las condiciones para superar la paradoja de la innovación, en segunda instancia, por la presencia de una miopía empresarial, y por último, por no contar con una cultura de innovación que contribuya a idear, desarrollar y aplicar soluciones, tópicos a los cuáles haremos mención en el presente artículo para Link de Diario El Pueblo.
En relación a la primera razón, el pasado 30 de enero de 2019, publicamos un artículo denominado La paradoja de la innovación en el que reflexionamos sobre la importancia del soporte institucional para favorecer el aumento de la inversión en I+D+i del sector privado: sin instrumentos de política pública que incentiven “dar el paso”, difícilmente podremos pretender que un amplio espectro del sector MIPYME se encuentre en condiciones de innovar.
Aunque parezca evidente la adecuación tecnológica de modelos de negocios, y que con ello, a modo de ejemplo, crear experiencias basadas en un e-commerce, un mero análisis sobre la inversión necesaria conlleva a dudar sobre “el verdadero negocio” de apostar a tecnificarse y por lo tanto, la adversidad al riesgo el camino más probable que el empresario siga si no cuenta dentro de su país con una política de innovación apropiada al territorio.
Ya de por sí, al hablar de innovación terminaremos convergiendo en un abanico de posibles estrategias en las que la presencia de riesgo e incertidumbre para el proyecto innovador son un hecho, y por lo tanto la buena gestión del mismo por parte del empresario es un aspecto clave que por nada debería descuidarse.
Respecto a la segunda razón, una miopía impide reconocer al problema como tal y con ello, la inconciencia sobre la importancia de abordarlo; aquí el gran error es que cuando se pretenda dar respuesta a la ineficiencia, sea demasiado tarde. A modo de ejemplo, creer que mi negocio es uno, cuando en realidad es otro; confundiendo así el producto con los beneficios esperados del segmento de clientes.
Kodak, era líder de las cámaras cuando en su momento todavía utilizaban rollos fotográficos, tenía ventas espectaculares pero falló por no estar pendiente de las necesidades de sus consumidores por lo que llegaron marcas como Sony y Samsung con sus modernas cámaras digitales y comenzaron a revolucionar el mercado dejando a Kodak con ventas inferiores.
En última instancia, no contar con una atmósfera determinada que fomente la creatividad del equipo humano, o en otras palabras; una “cultura de innovación” que le permita idear, desarrollar y aplicar soluciones al mismo. Al hablar de cultura de innovación desde una perspectiva empresarial, una pregunta que nos interpela es, ¿cuáles son las decisiones que fomentan o impiden que no se impulse la innovación dentro de las organizaciones?
Si bien mucho se habla sobre la importancia de agregar valor, por medio de la innovación hasta como un imperativo, podríamos argumentar la existencia de un conjunto de barreras que frenan cualquier buena intención en ese sentido y dejen sin efecto esa “urgencia” de adaptarse a los cambios, y todo ello paradójicamente, en un cambio de época.

Más allá de lo mencionado en los párrafos anteriores, parece evidente que una suerte de “cuestión cultural” es en apariencia, una de las principales diferencias que explica la brecha entre el sector empresarial y el crecimiento de países como Uruguay, respecto al de otros como Corea del Sur, Singapur e Israel.

El tema es cultural
No podemos referirnos a la innovación, sin mencionar de manera implícita la existencia de riesgos, la percepción que le tenemos al fracaso, el valor de la heterogeneidad dentro de los equipos humanos, el efecto de empoderar, el foco en los resultados que agregan valor y todo ello, con una disciplinada ejecución que contribuya en el pasar de ideas a innovaciones.
Sería imposible separar la creación de algo nuevo con valor, un objeto, sin relacionar ello con uno o los sujetos que lo hacen posible, las personas. A partir de allí, no es suficiente hablar de educación o formación, allí el valor de las habilidades o skills, toma una relevancia indiscutida y justamente dentro de ese esquema, el factor “cultura” un papel preponderante.
Si nos basáramos en cuestiones meramente de formación, podríamos argumentar que actualmente San Pablo, Brasil tiene más ingenieros que lo que tiene todo Uruguay. En casos como ese, “las medias tintas” o la razonable “buena educación” no son suficientes. Para encontrar una ventaja competitiva, ya la tendencia para encontrar un camino es apostar a la excelencia y para ello, las mismas recetas de antes, no pueden repetirse si lo que se pretende, es hacer algo diferente.
Ahora bien, en la medida que entendemos que el foco “cultura” termina siendo una barrera simbólica o no a la hora de innovar, es que surgen una serie de aspectos que no deberían perderse de vista si es que se busca trabajar en la construcción de una cultura de innovación dentro de las organizaciones.
En ese sentido, es fundamental la existencia de un liderazgo que actúe como un impulsor de todos los potenciales creativos de las personas que conforman el equipo. Si la dirección no motiva a sus empleados a innovar, sabiendo que ello supone re jerarquizar una serie valores que fomenten hacer cosas nuevas, difícilmente se pueda esperar que los nuevos aportes fluyan dentro de la organización.

¿Cuándo se habla de innovación dentro del equipo humano? ¿Cómo se motiva a las personas a que generen nuevos aportes dentro de su organización? ¿Las personas tienen clara la importancia de innovar?
Seguido a lo anterior, la organización del caudal de ideas debe sentarse sobre una planificación que permitan delimitar en qué áreas, objetivos y desafíos se hará foco y en qué no. No cualquier “nueva cosa” es innovación, ni tampoco debe dársele el mismo tratamiento; innovar es solucionar algo y con ello, generar un beneficio para alguien o algunos.
¿En qué cuestiones importa innovar? ¿Cómo se da seguimiento a las nuevas ideas que surgen del equipo? ¿Cómo se gestionan las ideas que “se trancan” y se evita que se “encajonen”?
A partir de la noción de mejora continua, las personas que forman parte de la organización deben ser capacitadas, incentivadas y formadas de manera tal, que puedan desarrollar sus capacidades en torno a creatividad e innovación. Sumado a ello, herramientas que favorezcan encontrar oportunidades, acceder a conocimiento e información y posteriormente, proponer y valorizar las ideas que se proponen, para de esa manera; pasarlas a un plan de acción.
¿Las personas tienen conocimiento sobre metodologías ágiles para innovar dentro de las organizaciones? ¿De qué forma se interactúa con el segmento de clientes y se accede a información sobre las expectativas que el mismo tiene? ¿Se investiga a la competencia directa e indirecta? ¿Se analizan las buenas prácticas dentro de otros rubros empresariales?
Construir una cultura de innovación continuidad y alinear el discurso de la dirección con los hechos. La cultura se construye día a día, el rompimiento de las barreras, muchas veces simbólicas, se trabaja desde el lenguaje mismo; las palabras construyen y en la medida que la palabra innovación y todo lo que ello conlleva sea bien valorado, los resultados serán un hecho.

Lic. Nicolás Remedi Rumi