Dejen de jugar a los matones

Por estas horas los uruguayos estamos asistiendo a un momento de enfrentamiento sin par entre el gobierno nacional y algunas autoridades de las Fuerzas Armadas, que desde hace días vienen exteriorizando ante la opinión pública un clima de tensión innecesaria, en tiempos donde la democracia en nuestro país se ha fortalecido como en pocos países del continente. democracia
Si bien la transparencia y fortaleza de nuestro sistema democrático es algo de lo que podemos presumir con valentía con el fin de que otras naciones de nuestra América Latina tomen el ejemplo, últimamente hay señales que se están dando en forma equívoca, y que están siendo alentadas por tiendas políticas de manera incorrecta.
Por ejemplo, el arresto a rigor del comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, algo que ha sido decidido a medias por las autoridades porque solamente tomaron en cuenta lo que establece el artículo 77 de la Constitución para definir la sanción, pero no para adoptar los criterios que ese precepto normativo impone, ya que el gobierno le dio un mes de arresto y la Constitución dice que la sanción debe ser de 2 a 10 años o en su defecto, su destitución, algo a lo que el presidente Vázquez parece que no se animó a tanto, lo que fue el detonante para que muchos hablaran de un golpe de timón en el relacionamiento entre la izquierda y las Fuerzas Armadas, relación que retomaron en paz desde el año 2005 y que ha costado, pero que se selló con Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa.
Esa sanción enturbió las aguas y cuestionó al presidente de la República por todos los frentes, aunque hubo algunos que si bien aplaudieron la decisión del mandatario, lo cuestionaron por no aplicar la destitución que menciona la Carta Magna. Creo que Tabaré Vázquez quiso dar una señal de autoridad frente a los militares, para que incluso los dichos de Manini Ríos referidos a la Caja Militar, no sean tomados políticamente por la oposición en la pre campaña electoral que estamos viviendo, pero eso generó un efecto boomerang que lo vivió el propio gobierno ante las cámaras de televisión en el tradicional acto de clausura de la Expo Prado el sábado de tarde.
En esa instancia, la banda militar apareció en el escenario entonando la Marcha de Tres Árboles, que es el Himno del Partido Nacional, partido de oposición que por primera vez en 15 años pone en jaque al Frente Amplio, que ya sabe que dirimirá un competitivo balotaje con esa fuerza política, porque al menos es lo que hacen prever todos los sondeos hasta ahora.
La situación fue desubicada, descabellada y fuera de tono de parte de las Fuerzas Armadas, que lo que hicieron fue darle una respuesta institucional al gobierno, por la sanción de su comandante en jefe. El hecho fue politizado y las instituciones castrenses, que en nuestro país ni son oficialistas ni tampoco pueden ser de la oposición, porque no son fuerzas armadas del gobierno sino del país, y por tanto responden a todos los uruguayos, generaron un hecho político lamentable, vaya a saber por la decisión de quien sabe quién.
El error fue de todos y lo que ocurrió, lejos de subir la apuesta en el conflicto interno que a ojos vista tiene el presidente con las autoridades militares, por más que lo quieran maquillar como ellos deseen ante la opinión pública, debe ser una señal para bajar la pelota al piso y para tener una reunión de camaradería donde todos, el Poder Ejecutivo y las principales autoridades castrenses de nuestro país, limen asperezas y delimiten sus acciones en el contexto político nacional.
El gobierno debe pedirle a los responsables de las tres fuerzas que se limiten a actuar políticamente con opiniones, marchas militares, o actos de cualquier tipo y las autoridades a comprometerse a seguir apoyando la democracia, el apego a las instituciones y a la Constitución de la República, como ocurre desde 1985 hasta ahora y como debe seguir siendo en todo momento.
Tanto unos como otros, deben saber que el pueblo uruguayo en su conjunto, que puede llegar a tener sus diferencias con uno u otro gobierno, no deja de reconocer que los mismos son electos por la población y que una vez que llegan al gobierno, nos representan a todos, por lo cual debe haber un compromiso institucional que remarque que el sistema democrático de nuestro país, no se puede dejar amedrentar por afrentas políticas e ideológicas que existan por deudas del pasado o por problemas del presente.
Los uruguayos todos no estamos dispuestos a ser rehenes de los dislates y enfrentamientos de grupos de poder, que pretenden generar discrepancias que pueden lesionar la convivencia pacífica de nuestro país.
Pero tampoco aceptamos que aprovechando la volada, políticos de la oposición quieran generar rédito con este incidente que ocurrió el pasado sábado, cuando algunos se vanagloriaron de la infantil actitud de la banda militar, que entonó el himno partidario para cachetear al gobierno con guante blanco, por la sanción a su máximo general.
En ese sentido, estamos convencidos que el Frente Amplio y el Ejército deben sentarse a conversar para que estas nimiedades que determinaron una puesta en escena de poder entre gobierno y militares, no ocurran otra vez, porque la sociedad en su conjunto no va a aceptar ni tolerar que ninguna de las partes juegue a poner en riesgo la democracia, jugando a ser los matones de turno contra las instituciones que son respetadas y protegidas por todos los uruguayos.

HUGO LEMOS