Derechos por un lado y censura por el otro

Hay veces que nos ponemos a pensar si vivimos en un país libre o si en vez de eso, estamos supeditados al interés de ciertos grupos que por tener acceso a la esfera de gobierno pueden tomar decisiones en nombre de las instituciones públicas, que se suponen que deben representar a todos, o al menos al interés general, y lo único que defienden son los intereses de un grupo. afiche
Esto que estoy describiendo no es un grupo hegemónico ni oligarca, que ostentando poder, determinan cuales son los intereses de la mayoría desde su ámbito.
Porque uno al decirlo así, piensan que puede estar refiriéndose a las corporaciones de empresarios rurales, o a la corporación médica, que es más fuerte aún que la de los abogados, o los empresarios de cualquier otra rama.
En este caso, estamos hablando de los grupos de personas que, allegadas al partido de gobierno, ostentan cargos públicos y ejercen el interés de las instituciones en nombre de sus intereses particulares, atentando contra las libertades que en algún momento dijeron ver censuradas hacia ellos mismos.
Todo esto, para decir que me parece una osadía de tamaño semejante, el querer golpear a la libertad de expresión y al arte en su conjunto censurando un afiche que busca rememorar lo que fue la historia gaucha del Siglo XIX algo que cada vez se redescubre cuando cada año en Tacuarembó, es celebrada la Patria Gaucha.
Que el Estado, a través de sus instituciones, censure un afiche de un artista plástico que, ajeno a los intereses de los colectivos sociales de afrodescendientes y claramente lejos de querer golpear su sensibilidad, lo que hizo fue una obra en la que se recuerda un aspecto de lo que fue la historia de este país, se une a la larga cadena de censuras a la que estamos siendo sometidos paulatinamente con el fin de generar una “transformación cultural”, que está orientada hacia determinados intereses y que no respetan el sentir del pueblo en su conjunto.
Pero el problema más grave de todo esto, es que el Estado sea el que no respete la voluntad de las personas y que utilice sus herramientas, en este caso, un instituto creado bajo la órbita de un Ministerio también creado para satisfacer las políticas de gobierno de un determinado partido, para censurar algo y no para buscar que en vez de rechazar y discriminar al autor, donde el mismo pueda entender los efectos de su obra en determinada franja de la población de la mejor manera posible.
Esta historia de censuras ya la vimos antes. Cuando hace dos años un artista capitalino pintó la imagen de José Mujica y Lucía Topolansky desnudos, como si estuvieran en el Jardín del Edén como Adán y Eva, pero ese cuadro debió ser retirado de la vidriera de una galería con apremio policial hacia el lugar.
Esa situación solamente se ha visto en épocas dictatoriales cuando los gobernantes eran interpretados por los artistas desde su punto de vista, pero ese punto de vista debía pasar por la aprobación de los gobernantes, cosa que limitaba enormemente el ejercicio de la libertad y en nuestro país en este caso, limitar libertades es atentar contra la democracia.
Por eso, se contradice una vez más el gobierno cuando al querer promover agendas de derechos, libertades a través de leyes con el fin de promover transformaciones culturales e impulsar la vigencia de determinados colectivos sociales, ahora impone una censura a una afiche, o a un cuadro que ilustra la imagen de un gobernante, por el mero hecho de que quienes ejercen la voluntad de esas instituciones no están de acuerdo.
Algo que merece un análisis exhaustivo para saber hasta donde no existe una restricción de derechos a las personas, en vez de dejarlas actuar libremente.
No estoy de acuerdo con que se censure una imagen, sí puede ser motivo de discusión, pero no de censura.
En realidad, cuando quise ahondar sobre este tema, me dijeron que el problema entre los organizadores de la Patria Gaucha y el gobierno viene de larga data, porque este último quiso que no le permitieran al Movimiento Un Solo Uruguay (grupo de productores organizados contrarios a las políticas del gobierno para ese sector) poner un stand en la fiesta, algo que los promotores de la principal celebración gauchesca del país, se negaron rotundamente.
El gobierno se equivoca si pretende callar a los opositores de esa forma, no es una práctica democrática y este país ha ganado en derechos y libertades sobre todo con estos actuales gobiernos, lo suficiente como para que alguien quiera imponer lo contrario.
Juan Manuel Blanes, aún considerado pintor de la Patria ha trazado a un Ansina, chiquito, petiso, bien negro de piel y cebando mate a un José Artigas alto, rubio y esbelto.
En esos casos nadie desmerece a Ansina, ni vanagloria a Artigas por esa pintura, porque nadie es más que nadie, y menos por su color de piel, pero no veo el mismo ímpetu del gobierno contra esas pinturas como cuando le dan palo a dos artistas de los que nadie sabe su nombre por más que sus obras estén en boca de todos.
Practiquemos más libertad y tolerancia en vez de estar gritando derechos por un lado y censurar expresiones artísticas por otro.
Porque sino todo lo que han ganado en derechos hasta ahora, podrá caer por su propio peso.

HUGO LEMOS