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Día de Reyes…Una buena oportunidad

Hace más de setenta años, el siempre genial Felisberto Hernández imaginó y narró en un breve cuento que las personas que en pleno verano subían a un tranvía recibían una inyección en el brazo que introducía en sus mentes la transmisión de una radio cuya programación incluía música, el recitado de algún poema y mucha, pero mucha publicidad de “Muebles El Canario” (también título del cuento). CONTRATAPA REYES [1] En su momento fue tomado como la representación exagerada de cómo la publicidad invadía, sin permiso alguno, la privacidad del ser humano hasta llegar a lo más íntimo como son sus pensamientos. Visto en la perspectiva del tiempo, increíblemente, ya no resulta tan exagerado. Esto se extiende cada vez más a todo el año prácticamente, pero por supuesto que todavía sigue dándose más en el entorno de las fechas puntuales como estas de finales y comienzos de año. Nos referimos a la arremetida, embate o empujón que nos dan de todos lados a que compremos, compremos y compremos a toda costa, a que gastemos en esto y en aquello hasta los pesos que no tenemos; al consumismo, en definitiva. Porque cada vez más temprano ya se empieza a promocionar la Navidad o Reyes. Con fines comerciales, claro, porque el significado religioso o familiar aparece, si es que lo hace, muy tímidamente. Pero casi no pasó Navidad y ya se promociona Reyes para ofrecernos cosas que comprar, y antes alguna que otra cosita “para regalar o regalarse a fin de año”, y después serán cosas para carnaval…Y entretanto nos ofrecerán, además de los artículos escolares, cosas nuevas para la casa, porque de repente empezar un año nuevo amerita hacerlo por ejemplo con muebles nuevos, ¿vio? (de otras marcas, claro, porque los de “El Canario” sólo están en las páginas de Felisberto). Ese tipo de mensajes nos da el comercio y de modo apabullante. Ni que hablar que como enseguida se viene turismo (a un lado se hace cada vez más lo “santo”) también nos ofrecerán artículos para pesca, camping, y otra vez para la caza (pero esta vez con “z”) y entonces uno piensa: ¡como si no supiera cada uno qué necesita comprar y qué no en cada momento! Pero quizás se puede decir: está bien que nos ofrezcan, porque nos ayudan, nos orientan a elegir, nos sugieren dónde y cómo comprar y entonces se pueden comparar precios, calidad…Pero el problema es cuando ya se pasa de la sugerencia o el ofrecimiento y es cada vez más fuerte la acción de presionarnos a comprar, de empujarnos hacia las mil maravillas que hay para comprar hasta sin dinero; sí, porque se habla de comprar aún sin tener plata. De lo que nadie habla es de que algún día a todo eso por supuesto hay que pagarlo, aunque no haya para comer y sea necesario ir a pedir fiado al bolichito de la esquina. ¡Hay que pagar eso y mucho más!, porque el precio final del que compre sin dinero será otro.
Y bueno…estamos en Reyes, una fecha muy esperada por los niños. Y por muchos adultos, ¿por qué no? La famosa y tradicional carta a los Reyes se sigue haciendo (los que ayer y anteayer recorrieron calle Uruguay recogieron más de veinte). Y escribir la carta puede ser una muy buena oportunidad. ¿Para qué? Para empezar nomás, escribirla es una buena oportunidad que los padres tienen para compartir junto a los hijos un momento de alegría y bienestar familiar, si la escriben juntos, como estaría bueno hacerlo. No es común en estos vertiginosos tiempos que padres e hijos compartan un tiempo para pensar y hablar sobre un tema juntos. ¿Y si se empieza a aprovechar esta ocasión? También para ilustrar a los niños sobre el significado de los Reyes Magos, su historia, su tradición. No viene mal un poco de cultura general. Y si los adultos no lo saben, una buena ocasión para aprenderlo. Porque en cualquier momento los niños preguntarán quiénes son los Reyes Magos y a veces los mayores no saben qué responder. No está bueno responder con evasivas o mentiras, no es necesario aun sin quitar la ilusión. Cuando los niños preguntan es porque ya han visto, escuchado o hasta comprobado algo. No son tontos. También escribir la carta en familia puede ayudar a los padres y a los niños a diferenciar y elegir el regalo “posible” (en el real significado de la palabra: aquel para el que den las posibilidades), el más adecuado frente al bombardeo comercial y consumista. Pero además, y sobre todo, puede ser una linda posibilidad para educar y transmitir valores a los niños. Educarlos por ejemplo en cuanto a que no sólo se puede pedir juguetes, ¡también existen libros! (si existen Papá Noel y los Reyes, ¡¿cómo no los libros?!) y que también la carta puede incluir cosas que no sean materiales. ¿Por qué no enseñar a pedir tiempo de dedicación, afecto, cariño, más atención de los adultos? Todas esas cuestiones que algunos llaman “valores morales”. Eso que se debe practicar, y que ningún sentido tienen que en la escuela se cuelguen carteles que digan “solidaridad”, “compañerismo”, “respeto”, si no se practica. Cambiemos sustantivos por verbos, palabrerío por acciones. No sirve escribir “solidaridad”, hay que ser solidario. De nada vale escribir “compañerismo”, hay que ser buen compañero. Inútil es escribir “respeto” o “sinceridad”, hay que ser respetuoso y sincero. ¿Y si educamos a los niños para que sus pedidos en la cartita incluyan que la gente sea más solidaria, compañera, respetuosa, sincera? ¿Y si en vez de tanta educación para la sexualidad piden más educación para el amor? Por otra parte, la carta a los Reyes ¿no será una buena oportunidad para agradecer? ¿Y si en las primeras líneas, antes de pedir, agradecemos? Y de paso enseñamos además el valor de ser agradecidos en la vida, algo que tampoco abunda. Agradecimiento…por todas las cosas positivas que ha dado el año. ¿Por qué no aprovechar para que el niño exprese cómo ha sido su comportamiento durante todo el año, rescatando y valorando los buenos hábitos y su compromiso a mejorar las conductas que han sido negativas, en la casa, en el barrio, en el jardín o la escuela? Puede ser también una buena oportunidad para razonar sobre el cuidado que hay que tener con los regalos excesivos y los tan necesarios límites. Cuando los niños reciben regalos de manera excesiva, se vuelve perjudicial. No logran valorarlos ni pueden, a veces, siquiera disfrutar de cada uno, lo que genera a menudo un estado de excitación que les impide conectarse emocionalmente con el valor afectivo, no económico, ¡afectivo!, de esos regalos. Frente al pedido ilimitado de regalos, de juguetes sobre todo, muchos padres experimentan un fuerte sentimiento de culpa, que les impide poder decir “no”. Es que asocian el “no” con lo afectivo, y es un error. Decir “no” es solamente eso: no se puede. Y punto. El resto, corre por cuenta de la carga emocional que cada uno le agregue. El “no” es un límite, simple regla de juego acerca de lo que se puede y lo que no, y que ayudará en la “organización interna del aparato psíquico del niño”, dirían los especialistas. En definitiva, sería bueno pensar en una fecha tan comercial y “marquetinera” como buena ocasión para rescatar cosas buenas y ganar oportunidades. Para que al fin de cuentas, las cuentas cierren, y los Reyes Magos sigan siendo Melchor, Gaspar y el Negro (¿o afrodescendiente?) Baltasar, y no pasen a llamarse, como ha dicho alguien alguna vez: Comprar, Gastar y Malgastar.

POR: JORGE PIGNATARO