Daniel Trujillo: Pastor hondureño que hoy predica el evangelio en Salto y que fue estrella de rock en su país

El Pastor y Misionero Daniel Alberto Trujillo es oriundo de Honduras y hace dos meses que está en Salto, en la Iglesia Metodista de la Cruz. Trabajaba como psicólogo cuando descubrió el llamado de la fe. Enseguida que nos recibió en su iglesia, una mañana lluviosa y silenciosa, se notó su acento centroamericano. Nos tomó por sorpresa que nos dijera que el calor de Salto lo había recibido mal, viniendo de una zona tropical.

– ¿Por qué se hizo Pastor?
– Es una historia bien compleja. Nunca pensé ser Pastor a pesar que de niño mis padres me criaron en la fe cristiana, en la fe protestante, empecé en la Iglesia Pentecostal de Honduras desde muy chico. Toda mi familia está ligada a la iglesia, tengo un tío Pastor, tengo primos que son Pastores o músicos o que están ligados al servicio de la iglesia. Pero desde niño siempre tuve ese arraigo de estar yendo a la iglesia con mis padres y mis hermanos. Creo que me hice Pastor al final por mi trabajo, soy psicólogo, trabajé mucho tiempo con chicos que vivían en la calle en Honduras, abandonados, huérfanos muchos de ellos, trabajadoras sexuales, trabajé con jóvenes ligados a pandillas. Vi demasiada desgracia, demasiado dolor y sufrimiento, mi trabajo consistía en atender a estos jóvenes a través de diferentes programas sociales.

Hubo un momento que a pesar de conocer de Dios, era un contraste para mí al ver tanta desgracia, tanto dolor y preguntarme dónde estaba Dios, ¿por qué Dios no se manifiesta? ¿Por qué dios es tan injusto? Fue en ese momento que empecé a trabajar con Médicos Sin Fronteras. Estaba a cargo del Departamento de Reintegración Familiar y Seguimiento de Jóvenes en las Calles. Atendía a los jóvenes en un centro terapéutico junto a otros profesionales, médicos, tr20190109_101544abajadores sociales. Los chicos llegaban, se bañaban, les dábamos comida. Hacíamos círculos terapéuticos, trabajábamos el tema de la adicción y el de VIH (Sida) que es muy fuerte en esta población.

Un día estoy debajo de un puente trabajando con ellos, haciendo como un pequeño círculo terapéutico, y en los minutos finales me dio por contar algo sobre Jesús. Y les conté a estos jóvenes, que viven en un mundo sin esperanza, sin fe, marginados a nivel social, se me ocurrió hablarles de los ladrones que murieron crucificados con Jesús. Trataba de decirles que muchas veces no necesitamos una vida tan devota y religiosa, estar metidos en la iglesia todo el tiempo, porque la salvación al final es un misterio, es una relación personal que Dios puede tener contigo hasta en el último aliento de tu vida. Entonces, les contaba de este ladrón en la cruz que creyó en Jesús, “si realmente crees en mí, hoy estarás conmigo en el paraíso”. Y contando esa historia, al final un chico se acerca y me dice, “profesor, ¿usted cree que yo pueda ser salvo como ese ladrón en la cruz que nunca hizo nada en la iglesia y que no fue buena persona? Le contesto que claro que sí, “pero yo he sido un tipo malo, soy un drogadicto, he estado en pandillas, he asesinado personas, he estado preso, soy una persona que ahorita mismo me andan buscando para matarme”. “Este ladrón en la cruz –le contesté- había cometido diferentes delitos, por eso estaba condenado a muerte, pero creyó en Jesús”; “¿y qué tengo qué hacer?”; “confiesa tus pecados a Jesús y serás salvo”; “no sé orar”; “¿puedes escribir?”; “sí”; “entonces escríbele una carta y manifiéstale a él todo lo que sientes”.

Yo hablaba con este joven de lo que había aprendido, no era ningún Pastor. Al tiempo a este joven lo matan en la calle, fue triste la muerte de él como la de otro chico, un crimen extrajudicial, una limpieza social. Un día la que fue su novia llega a mi oficina y me dijo que cuando él murió ella se quedó con sus pertenencias, y en su cartera había una nota en la que él había escrito unas palabras que realmente a mí… (se emociona con el recuerdo). Yo había aceptado a Jesús como el único salvador desde niño, era quizás un cristiano convencido pero no un cristiano convertido. Cuando leo esa nota de este muchacho, me quebré, algunos párrafos que él escribió lo tengo presente, “cansado hoy me rindo a ti, pues he vagado perdido sin esperanza y sin fe. Buscando amor, me rindo a ti Señor. Hazme tuyo otra vez, pues mi alma necesita descansar en tu amor”.

Es una poesía, algo genuino, real, de un joven que había estado toda su vida en situaciones de postergación, de marginación y tuvo un momento de ser tan genuino de decirle al Señor que lo necesitaba. Y yo que había tenido una vida diferente, de confort, nunca pude tener palabras tan genuinas para hablar con Dios. Creo que ahí empecé mi deseo de ir más allá de lo que ya hacía, fue en ese momento de quiebre que me decidí a servir, ayudar, porque sentía que lo que había hecho hasta ese momento había ayudado a ese joven a buscar a Dios.

– ¿Por qué hay personas que encuentran su fe recién en situaciones extremas?
– Muchas veces estamos muy cómodos con todo, estamos en un estado de confort, tenemos metas en la vida, el estudio, después casarnos, tener familia, la crianza de nuestros hijos, desarrollar una profesión. Eso te crea como una rutina y no hay tiempo para Dios ni para buscarte a ti mismo ni para leer la Biblia, no hay tiempo para tener una relación íntima con Dios, no hay tiempo de parar un momento con toda esta vida acelerada, esta cultura de la inmediatez, de esta vida tan consumista e individualista. Y muchas veces necesitamos llegar a situaciones tan extremas, donde nuestra vida sea confrontada y decir “hasta aquí”. Hay gente que necesita caer muy al fondo para darse cuenta que no es nuestra intelectualidad ni nuestra capacidad como personas lo que nos pueda salvar. Hay veces que necesitamos parar y decir auxilio. Y sabes que esa ayuda no puede ser de una persona como tú o como yo, que se necesita a un ser extraordinario, divino, poderoso, algo que esté por encima de ti.
Muchas veces algunas personas aceptan al evangelio y la palabra de Dios de manera muy fácil, son muy dóciles, abiertos de corazón, muy sensibles. Otros muchas veces necesitamos tener experiencias extraordinarias, fuertes para entender que somos personas que necesitamos ayuda de algo superior a nuestras vidas.

Yo estaba en una iglesia con 400 miembros, lo que es una iglesia soñada para cualquier Pastor. Fundamos un colegio, tenía un buen salario para estar ahí cómodo el resto de mi vida, pero llegó un momento que sentí que todo eso para mí era una rutina. Le pedí al Señor que me diera un nuevo desafío y me ha traído a Salto, donde cuando llegué a la primera reunión encontré 20 hermanos, no hay niños ni jóvenes.

– ¿Vivimos en una crisis de valores?
– Se habla de crisis de valores. La gente se queja que tenemos la comunidad llena de jóvenes adictos que están consumiendo, que amanecen borrachos, que no quieren nada, las familias se desintegran, pero no es crisis de valores, a todo le llaman crisis de valores, que se genera por la ausencia de Dios, la ausencia de Jesús en las familias. Cuando tú tienes a Jesús y a Dios en tu hogar, no va a haber crisis de valores.

– Pero hay gente que no cree en nada, y sin embargo actúa de acuerdo a valores morales y éticos que se pautan y que a veces están por encima de la media de toda sociedad. En esos casos, según usted, ante la ausencia de Dios en sus vidas, debería tener problemas de ausencia de valores, y por el contrario, los tienen muy firmes.
– Claro que sí, eso no te lo voy a discutir. Pero me refiero al impacto que estamos viviendo en la comunidad hoy. Hay personas que como tú bien dices, pueden ser ateas o no creer en Dios, ser agnósticos o tener otro tipo de fe y pueden tener valores. Pero yo hablo en sí del impacto a nivel colectivo.

– La historia muestra que el pueblo latinoamericano ha sido eternamente castigado, desde su descubrimiento y conquista. Algo que no es exclusivo de América, está pasando hoy en todo el mundo donde las guerras matan indiscriminadamente a civiles, entre ellos niños, como en Siria. Hambrunas y pestes tremendas en África. Usted se preguntaba, hablando de su país, ¿dónde está Dios? ¿Por qué permite estas cosas?
– Dios está siempre ahí, y no es que permita esas cosas, es que el mundo se ha llenado de maldad, pero no es de ahorita, desde el principio de las civilizaciones hay mucho mal. Las tendencias económicas del pasado y las de hoy, hace que las sociedades se vuelvan más herméticas, más consumistas, le tienen más amor al dinero, eso hace que el ser humano se vuelva malo, insensible…

– ¿Estamos repitiendo el tiempo de los fariseos?
– Siempre hemos estado en el tiempo de los fariseos, y la iglesia como tal cuando se vuelve dogmática y lo que sigue es una liturgia o una doctrina muy estructurada, se olvida de ser una iglesia de adentro hacia afuera, una iglesia que tiene que estar en donde están las personas que sufren. Esa es una iglesia mala, alejada de Dios porque no está haciendo su voluntad. Si lees las escrituras en los evangelios verás que Jesús no anduvo creando iglesias, anduvo hablando de un nuevo evangelio, lleno de justicia. El trabajo de Jesús fue dar esperanza a los pobres, fue sanar a los enfermos. Jesús se sentaba con aquellas personas que eran señaladas por los mismos religiosos, por los fariseos, como personas pecadoras, y Jesús se sentaba a comer con esas personas. Toda la praxis pastoral de Jesús fue hablar con personas marginadas. Es lo que Jesús le está diciendo a la iglesia, que no debe estar entre cuatro paredes porque la iglesia somos todos nosotros. Los que entramos ahí entramos a un templo, pero muchas veces ese templo se convierte en una especie de club social, donde queremos estar ahí, relajados, escuchando el sermón de los domingos, nos damos palmaditas, nos abrazamos y cantamos un poco y ya. Pero afuera, hay una realidad sufriente, hay gente que necesita, aquí mismo en Salto, donde encuentras barrios postergados, comunidades pobres de gente que no tiene casa o si la tienen se les está cayendo encima. ¿Dónde está el trabajo de la iglesia ahí?
Entonces, la iglesia también tiene que evaluarse, porque está articulando con esas instituciones que se han vuelto individualistas, que no quieren servir al prójimo. Y al preguntarnos por qué Dios no está aquí, por qué este niño tiene Sida, por qué este niño fue tirado a la calle y come de la basura, ¿dónde estás? ¿Dónde está tu misericordia? Tener una respuesta rápida a eso nunca la vamos a tener, porque es muy complejo, porque el Señor también nos da libre albedrío de poder elegir, de tomar nuestras propias decisiones y que va más allá de analizarlo como causa–efecto, porque es tan complejo que viene desde el mismo Estado. Por ejemplo, cuando el gobierno en vez de construir escuelas construye un estadio de basquetbol. Y si los chicos no se educan en una escuela, terminarán educándose en las calles. La iglesia tiene entonces que incidir a nivel político, si el Estado está ausente, la iglesia tiene que salir a protestar y decir que aquí se necesita una escuela, programas de saneamiento, programas para la juventud, programas de salud sexual y reproductiva, viviendas. La iglesia tiene que salir en defensa de la gente que sufre.

PERFIL DE DANIEL ALBERTO TRUJILLO

Casado, tiene 4 hijos. Es del signo de Capricornio. De chiquito quería ser piloto de avión. Es hincha de Nacional.

¿Una comida? Es una comida hondureña, le llamamos baleada, es una tortilla de harina que lleva frijoles, queso, huevo, mantequilla.

¿Un libro? “Crimen y castigo” de Fiodor Dostoyevski.

¿Una película? Magnolias de Acero y Mi Pie Izquierdo.

¿Un hobby? Pintar, la lectura y la música.

¿Qué música escucha? En mi tiempo estuve en dos bandas de rock, fui una estrella de rock en mi país, es el tipo de música que me gusta.

¿Qué le gusta de la gente? La amistad sincera.

¿Qué no le gusta de la gente? Que discriminen sin conocer.

El pastor Trujillo nos pidió que recordásemos que el culto dominical de la Iglesia Metodista es a las 10 de la mañana en la Iglesia de calle Osimani. Allí los espera.

Leonardo silva