Don Carlos Liebermann, último integrante de una familia de periodistas de estirpe, el frente de El Heraldo de Concordia

Su padre, periodista radical fue perseguido y se exilió en el Uruguay

entrevistaAcaba de jubilarse como periodista, pero luego de 50 años de estar al frente de la dirección de El Heraldo, un periódico con 95 años de trayectoria en defensa de los valores republicanos que vienen de las raíces mismas del radicalismo de Hipólito Irigoyen, Carlos Liebermann no se imagina su vida sin el olor a tinta de la imprenta del diario. EL PUEBLO se dirigió hasta su domicilio en Concordia, tuvo la amabilidad de recibirnos en su estudio, en donde desde sus mismas paredes se respira la historia, lo que trastoca en cierta forma por la presencia en un rincón de un split que aclimata el ambiente, un viejo escritorio donde hay muchos papeles, libros y dos computadoras, donde el pasado se choca constantemente con el presente. En la sala de estar, la televisión sigue encendida con el canal de noticias que en inglés estaba viendo nuestro anfitrión mientras nos esperaba para compartir con nuestros lectores un poco de su historia.

- El Heraldo ha tenido una vida intensa en todos estos años.

– Sí, El Heraldo tuvo una trayectoria bastante accidentada. Anduvo muy bien desde el año 1915 hasta el 30, que es cuando derrocaron al gobierno de Hipólito Irigoyen, a partir de ahí fue la persecución para los diarios radicales de Irigoyen.

- ¿Su padre era amigo de Irigoyen?

– Amigo, si. En aquel entonces el radicalismo fundó diarios en todo el país, porque no había radio ni televisión, así que los diarios preconizaban la doctrina de Irigoyen. Fue el primer gobernante realmente democrático.

- De todas formas su familia ya estaba relacionada con la prensa desde antes de 1915.

– Así es, por el lado de mi madre, el padre de ella, el Dr. Leoncio de Luque, tenía periódicos en Concordia en el siglo XIX, El Progreso y El Uruguay. Mire, cuando tenía esos periódicos no había electricidad en Concordia y la impresora la movían a mano, era todo tipográfico, mi madre ya estaba ahí. Después, el hermano de mi madre tenía el diario El Litoral

- Que se transformó en un semanario que hoy ustedes publican.

– Sí, bueno, fue el gran adversario de El Heraldo en aquel momento porque El Litoral era el diario conservador y El Heraldo radical. Después, cuando murió De Luque fue cambiando de mano en mano y en 1976 nosotros lo compramos y se incorporó a El Heraldo.

- Su padre fue perseguido cuando derrocaron a Irigoyen.

– Si, naturalmente, y se exilió en Uruguay.

- ¿A qué parte de Uruguay se dirigió?

– Bueno, primero fue a Salto, estuvo en el Hotel Biasetti. Después se tuvo que ir a Montevideo porque resulta que la policía argentina, en combinación con algunos de allá se traía a los prófugos, entonces se fue a Montevideo y se instaló en Malvín, ahí había un reducto de otros perseguidos.

- Por esos tiempos El Heraldo sufrió una dura represión, al extremo que le incendiaron la imprenta.

– Le incendiaron sí, usted sabe que desde la terraza los empleados se defendían con los morteros hasta que se agotó la provisión de artillería y con el agua más que nada se perdió gran parte de la colección, del año 15 hasta el 20 y pico. Y mi padre allá con los exiliados, había dos coroneles famosos, Gregorio Pomar –que había sido edecán de Irigoyen- y Roberto Bosh, ellos encabezaban el movimiento contrarrevolucionario, quisieron tomar el regimiento acá, tomaron en Corrientes capital, en Paso de los Libres hubo un enfrentamiento grande. La cuestión es que con el exilio en Uruguay mi padre siempre me transmitió el cariño y admiración por el Uruguay.

- En el momento que su padre debe recorrer el camino del exilio es su madre la que se hace cargo de la dirección de El Heraldo.

– Mi madre queda sola al frente del diario.

- ¿Era de carácter fuerte?

– Sí (se ríe), era de carácter fuerte…

- Le pregunto porque eran tiempos bravos para los hombres, me imagino para las mujeres…

– Eran tiempos muy bravos, y encima estaba embarazada de mí.

- Claro, por la información que tenemos usted nace en esos tiempos.

– En ese momento, si. A mi padre se lo habían llevado primero a la Penitenciaría Nacional en Buenos Aires, cuando sale, estando en casa, en esta misma casa, le avisan que va a haber una nueva detención pero en peores condiciones porque se lo llevaban a Ushuaia, entonces es ahí que se exilia en Uruguay.

- Y usted nace justo en esos tiempos, ¿cuáles son sus primeros recuerdos que tiene de esa particular situación familiar que estaban viviendo?

– Mire, recuerdo cuando mi madre me llevaba a Salto en la lancha, lo recuerdo muy bien, mire este detalle, como sería el río que yo tenía necesidad de tomar agua por cuestiones de salud y el lanchero con un jarrito sacó nomás agua del río y me la dio, el agua era cristalina entonces, ese recuerdo me quedó clarito.

- ¿Cambió mucho con la represa?

– Bueno sí, pero ya antes. Esos son los recuerdos que tengo, que íbamos a Salto al Hotel Biasetti para ver a mi padre…

- ¿Cómo eran esos encuentros?

– Muy afectuosos, imagínese.

- ¿Cuándo pudo volver a Concordia su padre?

– Volvió en el año 35, la situación estaba más tranquila, de todas formas él después siguió yendo a Montevideo para visitar a los otros exiliados, que seguían allá. Ellos no podían volver, eran esos coroneles famosos.

- ¿Cómo fue su juventud con su padre al frente de El Heraldo?

– Yo de chiquito ya estaba en el diario, antes de saber leer o escribir, luego corregía pruebas, estaba con las linotipos, la tipografía. Ya me gustaba ese mundo, el olor de la tinta… ¡todavía lo siento! (se ríe) luego terminé el secundario, fui a Buenos Aires a estudiar abogacía, y allá era corresponsal de El Heraldo, y siendo corresponsal me tocó cubrir un acontecimiento tremendo, el bombardeo de Plaza de Mayo, espantoso. Mire, ahora que en Libia están ametrallando a las multitudes, lo mismo pasó ahí, como trescientos muertos. Bueno, terminé abogacía, llego a Concordia y ya me metí en el diario, no pude ejercer la abogacía… y ahí quedé (risas).

- ¿En 1960 cuando asume la dirección del diario?

– Así es, cumplí los 50 años al frente de la dirección, toda mi vida metido ahí en el diario, ¿qué cosa, no? Increíble que pasa todo tan rápido. Ahí vivimos la evolución del plomo, después al off set, después el edificio que hicimos, y siempre con gran amistad con el Uruguay.

- El Heraldo nace como un diario de promoción del radicalismo de Hipólito Irigoyen, ¿cómo lo define hoy?

- Es un diario combativo, luchador por la república y la democracia, contra la dictadura de aquella época, primero contra la gran oligarquía, terrateniente, porque con el radicalismo llegan al gobierno todos los hijos de inmigrantes. Mire nomás un ejemplo acá en Concordia, siempre el intendente pertenecía a la clase alta, pero con el radicalismo llega al gobierno un hijo de inmigrantes. Le cuento la anécdota. En 1910 cuando se festeja el centenario de la república, se inaugura el monumento a San Martín en la plaza y luego vino el desfile. Desde las chacras llega un chico analfabeto, descalzo, hijo de gringos y ve eso, quedó maravillado, nunca había visto luz eléctrica. Bueno, viene acá a una escuela primaria y en tres años hace la escuela; luego la secundaria en otros tres años, después lo mandan a La Plata, se recibe de veterinario, vuelve a Concordia y 25 años después de aquel día de haber venido a la ciudad analfabeto y descalzo, es electo intendente municipal de Concordia, y fue el que hizo el edificio de la municipalidad, hizo el mercado de abasto, el camino hacia San Carlos y otra cantidad de obras, y dejó la municipalidad con dinero.

- ¿Cómo ha sido en todos estos años el relacionamiento de El Heraldo con el poder político, sobre todo con el peronismo?

– Si claro, mire, fue difícil con el peronismo inicial, el original. Fue difícil porque el gobierno de entonces tenía toda la llave del papel, era el único importador de papel, y repartía el papel de acuerdo a la conveniencia política, la verdad que la pasamos muy mal. En un momento tuvimos que imprimir con papel que comprábamos en la confitería, el papel de envolver.

- Incluso Perón llegó a cerrar la frontera con Uruguay.

– Cerró durante tres años, así es, fue difícil. Después cuando volvió, ya anciano, que dijo que venía como un león herbívoro, dijo “no sé qué pasó con Uruguay” (risas), “andábamos bien y de repente las relaciones se enfriaron”, pero hizo el acuerdo de límites del río Uruguay, que favoreció a Uruguay.

- ¿Y cómo ha sido la relación con los Kirchner, ahora con Cristina Fernández?

– No, no… nada (risas), neutro digamos.

- El año pasado vino a Concordia el periodista Víctor Hugo Morales a dar una charla y se planteó la tensión en el relacionamiento de los medios con los Kirchner. Por lo que pudimos escuchar de los colegas, si usted no está de acuerdo con el oficialismo, es enemigo.

– Así es, han hecho una dicotomía que recuerda al primer peronismo, amigo o enemigo, una de dos. Y bueno, han comprado varios medios de difusión, ejercen el poder a través de la difusión.

- ¿Y cómo ha logrado sobrevivir El Heraldo a estos embates?

– Es difícil, mire, es la lucha de todo diario, entre los que quieren que se publique algo y los que no quieren que se publique, eso es constante.

- En ese caso, ¿cómo se defiende la libertad de expresión y la de prensa?

– Luchamos mucho por la libertad de prensa a través de la Asociación de Diarios, que se llama ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas), que es una asociación de todo el país, fui uno de los fundadores y presidente en 1984, es esa entidad la que lucha por la libertad de expresión constantemente.

- Tendrán batallas ganadas y perdidas.

– Ganadas y perdidas, sí. Recuerdo que en la dictadura militar hicimos gestiones para que aparecieran algunos periodistas desaparecidos, hicimos las gestiones varias veces, por lo general nos decían, “¿a ustedes los molestaron? Entonces no se preocupen”, pero conseguimos que salieran algunos.

- ¿Cómo fue su relación con Raúl Alfonsín?

– Con Alfonsín muy bien, fue un hombre muy cordial, muy sencillo, llano. A Alfonsín le dieron un golpe económico, fueron los poderes económicos, no fue el peronismo, tenía buena relación con ellos y con Menem, con quien acordó la reforma de la Constitución en el recordado Pacto de Olivos. El peronismo de hoy nada tiene que ver con aquel.

- Este año Argentina cumple 28 años de vida democrática y republicana, un récord histórico luego de toda una vida signada por los golpes de Estado, ¿alcanzó Argentina su madurez política?

– Mire, todavía no, en este momento por ejemplo, no hay oposición, está todo totalmente desorganizado, el peronismo aunque está dividido en dos, en justicialismo y peronismo federal tiene todas las de ganar. Y eso porque no hay un líder opositor, no ha surgido ninguno.

En Entre Ríos, nuestra provincia, hay algo bien claro, Jorge Busti, tres veces gobernador, encabeza el anti kirchnerismo y formó el peronismo federal, ahora se presenta para la cuarta gobernación. Es un dirigente muy fuerte, es un hombre que tiene un gran arraigo, es notable cuando va pueblo por pueblo, barrio por barrio y la gente sale a seguirlo, es notable, es un caudillo.

- ¿Cómo ha sido el relacionamiento de El Heraldo con Busti?

– Ah, excelente, diez puntos. Desde hace más de veinte años todos los sábados me llama por teléfono para darme noticias, cuando era gobernador para adelantarme las cosas que iban a salir y para consultarme la opinión de la gente. Siempre me dijo que la ambición de él era ser periodista, tiene el don de síntesis. Es notable el arraigo que tiene en todos los sectores de la población.

- ¿Sabía que con el tema de Botnia El Heraldo se hizo muy conocido en nuestro país?

– A ver cómo es eso.

- Se difundió una nota realizada a fines de los 80 por El Heraldo a Busti anunciando con alegría la instalación en Concordia de una planta de celulosa, y cuando aparece lo de Botnia en Fray Bentos cambió su postura…

– La nota me la dio a mí. En ese entonces no se conocía las cuestiones del medio ambiente, no estaba tan difundido, y bueno, Busti se entusiasmó con esa fábrica acá, pero luego al ver la acción de Greenpeace y el daño ecológico que podía producir en el lugar de su ubicación frente a una playa turística… bueno, pero Busti no cambió. Ahora, nosotros siempre nos opusimos a lo del corte de puente, eso fue malísimo.

- ¿Cómo han sido estos 50 años de estar al frente de un diario con 95 años de historia?

– De vaivenes, años buenos, años malos. Años buenos cuando pudimos hacer el edificio, cuando pudimos incorporar la rotativa, y años malos con la crisis del 2001, 2002, fue muy difícil, pudimos salir adelante con la ayuda del personal y el público que respondió bien.

- ¿Cómo define el papel de El Heraldo en estos tiempos?

– Siempre en defensa de los intereses del pueblo.

Entrevista de Leonardo Silva

 

Perfil de Carlos Liebermann 

Es soltero, no tiene hijos, vive en la casa donde nació, es del signo de Tauro. “Seguir viajando por el mundo”, entiende que es su asignatura pendiente. El asado es su comida preferida. Lo que más le gusta de la gente es la cordialidad, mientras que lo que menos le gusta de las personas es la falsedad.

- ¿Gardel es uruguayo o argentino?

– (Risas) Mire, no sé, pero Gardel es tanto uruguayo como argentino… pero parece que nació en Tacuarembó (risas). Soy un gran admirador de Gardel.







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