Entrevista al economista Gustavo Arce: El pasaje del capitalismo y la economía industrial a la economía de la información

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Uno debería tener siempre al alcance de la mano a algún economista para que nos explique un poco por dónde anda el mundo… y ni que hablar de la pregunta de rigor, ¿qué va a pasar con el dólar? Resulta que en la Regional Norte de la Universidad de la República lo tenemos, se trata del profesor y economista Gustavo Arce que hace años viene a dar clases a Salto y accedió gustoso a dialogar con EL PUEBLO.

- Usted ha estudiado sobre un tema que debería comenzar a preocuparnos a todos, máxime cuando nos encontramos en un mundo donde las fronteras desaparecen si tiene una computadora a mano, me refiero al nuevo orden tecnológico mundial y el desorden monetario en las relaciones internacionales del siglo XXI.

– Mi reflexión busca juntar dos cosas, por un lado hay un fenómeno que es evidentemente la emergencia y la consolidación de una nueva visión tecnológica del trabajo mundial, fruto de la transformación productiva del pasaje de lo que podemos llamar la fase del capitalismo y economía industrial al de la economía de la información, que eso ha implicado entre otras cosas en los últimos veinte o treinta años, una transformación desigualmente distribuida en el mundo de las nuevas formas de producción de los bienes, de las mercancías, nuevas relaciones sociales de producción, lo que más o menos se llama la sustitución progresiva y desigual en todas las actividades humanas de lo que se llaman las relaciones salariales bilaterales por relaciones trilaterales o lo que también se conoce como el desarrollo de las relaciones de servicio, donde las  nuevas tecnologías tienen una mayor posibilidad de aumentar la productividad y de relacionar de manera diferente las relaciones humanas. Eso por un lado, es lo que se podría llamar el nuevo orden tecnológico.

- Específicamente, ¿cuáles serían esos avances tecnológicos que se visualizan en esta nueva visión del orden mundial?

– Todo lo que implica el pasaje a la sociedad de la información implicó la posibilidad de la informatización y la robotización, es decir, la digitalización de la vida, la economía y la sociedad. Eso que nosotros ya obtenemos desde el celular a cualquier proceso productivo está invadido, regulado o incorporado a una actividad informática o de informatización. Ese es el indicador más elocuente del ingreso a lo que podríamos llamar la economía de la información y la sociedad del conocimiento. Es decir, desde la producción más simple a la producción más compleja, o de la producción más sencilla o bienes más clásicos, más antiguos por decirlo así, a los nuevos bienes, o sea, la multimedia, la imagen, el sonido, la producción cultural, toda la actividad económica está organizada en una relación de servicio.

- ¿Es cuando se refiere, por ejemplo, a que las grandes transferencias de dinero entre los países se realiza todo por vía electrónica? Ya no es necesario llevar más el dinero en avión en una maletita…

– La transferencia y flujo de recursos siempre existió, la diferencia como dice usted bien es que ahora es simultánea, on line, porque justamente la digitalización, la robotización, la informatización de los medios de transporte, de comunicación, de la información como el teléfono, el telégrafo, ahora se hace en forma digital.

- ¿Se puede afirmar que ese es uno de los aspectos positivos de la globalización?

– Es un avance en la historia de la humanidad, tiene ganadores y tiene perdedores.

- Usted habla también de un desorden monetario a nivel internacional.

– Claro, el otro elemento que está allí jugando y que yo quiero unir es todo el problema monetario – financiero que como se sabe, la economía del mundo y las relaciones monetarias – financieras después de Bretton Woods (Nota: Los acuerdos de Bretton Woods son las resoluciones de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods en New Hampshire, Estados Unidos, entre el 1º y el 22 de julio de 1944, donde se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo), después del año 71 (Nota: En 1971 Estados Unidos tuvo déficit comercial por primera vez en el siglo XX, mientras los países europeos comenzaron a cambiar los dólares sobrevalorados por marcos alemanes y por oro), están viviendo en un sistema de facto (de hecho), donde las reglas de la convertibilidad de la moneda es de facto, y eso, entre otros factores, explica la liberalización de los mercados de cambio y la liberalización financiera, han permitido un desarrollo colosal de los movimientos de los capitales, de la ganancia del dinero por el dinero mismo, los créditos. Para que usted tenga una idea, esa nueva variable entre otros factores está explicando un fenómeno colateral muy importante que es el endeudamiento de las personas, el endeudamiento de las familias, el endeudamiento de los Estados. Es decir, en los últimos treinta años el desarrollo del crecimiento de la economía convive con un alto grado de endeudamiento, todos tenemos deuda, es un capitalismo de la deuda…

- Se habla de la deuda eterna más que externa…

– La deuda eterna, si. Incluso por consecuencia del desarrollo de los mercados financieros y de la especulación financiera, ha habido un aumento muy importante del endeudamiento de los Estados, lo que se llama la deuda soberana. Hoy actualmente, para que tenga una idea, la deuda sobre el Estado japonés representa el 204% de su producto (PBI, Producto Bruto Interno), o sea, debe dos veces más el valor de lo que produce. En la deuda del Estado americano representa un poco más de la mitad de su producto, y equivale 650 veces lo que puede recaudar por impuestos, y así sucesivamente. Hace algunos meses estamos viviendo el problema de la deuda en la Unión Europea, en Grecia, España, Portugal…

- Dicho así, nos hace pensar que estamos viviendo cerca del paraíso.

– Sí, porque se pueden encontrar, por ejemplo, otros países en desarrollo o emergentes que están con una relación de deuda un poco menor.

- ¿Por qué se tiene la sensación que la crisis internacional los países de América Latina la sufrimos menos, sobre todo Uruguay?

– Porque fundamentalmente en los últimos cuatro o cinco años tuvimos un crecimiento basado en las exportaciones de productos naturales, que se pagó bien además, y tuvo la posibilidad de postergar el endeudamiento, aún siendo muy importante ese endeudamiento no perjudicó la venta de los productos.

- Pero justamente, uno de los indicadores que el mundo estaba en crisis fue el cierre de algunos mercados que Uruguay debió resentir.

– Sí, pero nuestro país logró abrir otros mercados secundarios, alternativos, se abrieron los mercados en Medio Oriente de Irak, Irán, o sea que en definitiva, esa recomposición que genera que se pierdan mercados importantes está creando algunos mercados alternativos que explica que en plena crisis financiera y de endeudamiento, los circuitos comerciales y la base de crecimiento que es el comercio de exportación no se hubiese resentido.

- Se viene hablando mucho de la caída sistemática del dólar luego que se rompiera la tablita en junio de 2002 y se dejara libre su banda de flotación, lo que nos deja una doble sensación, por un lado de alivio para quienes están endeudados en dólares, pero de preocupación para el sector exportador que reclama una constante caída en su competitividad.

– Sí, siempre hay un problema de la tasa de cambio, el dólar aún en dificultades a nivel internacional por ahora todavía y con mucha reticencia sigue siendo una moneda líder. Nuestras monedas se han apreciado y entonces el punto de equilibrio famoso entre el buen precio para vender y para comprar, para exportar y para importar, es una situación como siempre traumática. Es verdad que hay momentos de un pequeño rezago, pero como los precios de las materias primas son muy altos, aún teniendo una tasa de cambio un poco baja, siempre se remuneran las exportaciones.

Tenemos problemas estructurales, como algunos elementos que compramos en el extranjero que no podemos pasarnos de ellos, la energía por ejemplo y algunos insumos intermedios, siempre que aumentamos en algún punto las exportaciones aumentamos más que proporcionalmente las importaciones. Ese desequilibrio comercial se agrava cuando hay crecimiento, pero es un fenómeno estructural que siempre sucede aún cuando no tengamos problemas con la tasa de cambio porque eso forma parte de una estructura de producción y de comercio ancestral y que el nuevo orden tecnológico no ha cambiado, todavía no hemos visto los frutos de una nueva especialización productiva y comercial.

- Sabemos que los economistas no son ningunos gurúes, de todas formas permítame el atrevimiento de preguntar, ¿qué va a pasar con el dólar?

– Sin ser profeta ni nada por el estilo, estimo que de mantenerse las actuales circunstancias, vamos a continuar en una situación como en la que estamos hoy, es decir, no habrán grandes cambios. El gobierno ha tenido que intervenir, estamos en una tasa de flotación sucia, desde hace dos o tres meses se puso el Ministerio de Economía y Finanzas directamente a intervenir en el mercado de cambio para evitar la caída, la levantó un poquito y hasta el momento está en el precio que tenemos, por lo que no creo que haya variaciones bruscas en los próximos seis meses.

- Este constante crecimiento que tiene la economía uruguaya que para este año se preveía entre un 4 o 5% del PBI…

– Sí, el primer semestre ya anduvo casi en un 9% (del PBI), excepcionalmente verdad, lo que a nuestra economía le da un piso muy importante porque eso distribuido en el año le da un piso mínimo del 5 o 6%, lo que es histórico.

- ¿Ese crecimiento cómo incide en nuestro país?

– A Uruguay le mejora su situación porque con crecimiento del PBI, controlando el gasto público, que lo tiene relativamente controlado, y aumentando las reservas, teniendo una deuda que va a poder pagar, medido desde ese punto de vista con esos indicadores va a volver a tener lo que se llama el “grado inversor” (o investment grade), está exportando bien, tiene 6 o 7% de desempleo, está políticamente sano, vivimos en una democracia sana con un juego políticamente previsible. Como se dice, esos grandes indicadores dan confianza, es decir que el gobierno va a poder pagar su deuda y el circuito económico no se va a bloquear, los acreedores van a cobrar.

- ¿Tenemos ahora una deuda más soberana respecto a la que se tenía antes con el Fondo Monetario Internacional, según estableció Astori en el gobierno pasado?

– Hoy le hablé del gran endeudamiento del Japón, nadie habla mucho de la grave deuda que tienen los grandes capitalismos, nosotros también tenemos una gran deuda, lo que pasa es que no nos pesa, no la sentimos o sufrimos tanto como la teníamos hace un par de años atrás, pero el estado de endeudamiento uruguayo es grave. El gobierno quiere que si nuestra economía sigue mejorando, hay que bajar esa razón de deuda sobre PBI, pero tenemos una deuda muy importante, lo que pasa es que como estamos creciendo y los acreedores saben que podemos pagar, tienen confianza. Por algo el gobierno la quiere bajar en este período a la mitad, hoy estamos entre el 60 o 70% del PBI. De todas formas, esa deuda pesa, pero es pagable.

- Para terminar, nuestro país no está acostumbrado aparentemente a tener un crecimiento constante y prolongado, por lo que surge el debate sobre qué hacer con el excedente, ¿lo ahorramos para cuando llegue la época de las vacas flacas o lo usamos en políticas sociales?

– Un gran debate histórico, es decir, tenemos algunos excedentes y tenemos el viejo dilema de los clásicos economistas, no inventamos nada nuevo, tenemos un poco más, ¿qué hacemos con él? Bueno, sirve para mejorar las reservas, sirve para darnos tranquilidad, obtener el grado inversor. Tenemos que seguir creciendo y hay que mejorar mucho, como quiere hacer este gobierno, invirtiendo en la producción, quiere hacer infraestructura, tiene que aumentar la capacidad para aumentar la oferta, es una idea muy clásica.

Lo otro en donde tenemos problemas es que tenemos una traba demográfica, la proyección tiene una variable que le muestra el escaso dinamismo poblacional y tenemos además otro problema grave de desigualdad. Es verdad que bajó la indigencia, bajó relativamente la pobreza pero las desigualdades han aumentado. Leí el estudio del INE (Instituto Nacional de Estadísticas), bajó la pobreza y bajó la indigencia, pero tal como tenemos medida la línea de pobreza con $ 1600, si usted gana más que eso por mes en el interior urbano o rural, está por encima de la línea de pobreza. Y si usted gana más de $ 5600 ya no es un pobre en Montevideo. Ahora, eso está hecho sobre hogar, es decir, si a eso usted lo divide sobre el número de personas que constituyen el hogar, $ 1600 dividido dos o dividido cinco, sin entrar a discutir los problemas estadísticos, es verdad, bajó. Las políticas públicas, el plan de equidad, el esfuerzo que hizo el gobierno anterior que sigue éste, redujo la enorme crisis generada en el 2002… ahora, creció el país y se hicieron grandes esfuerzos, se redujo tal como se mide la pobreza y la indigencia, pero la desigualdad en términos estrictamente del ingreso no se modificó.

PERFIL DE GUSTAVO ARCE

Está casado, tiene tres hijas. Es del signo de Escorpio, de chiquito quería ser aviador, “para soñar y volar siempre”. Hincha de Racing. Confiesa tener muchas asignaturas pendientes.

“Una buena ternera al horno” sería su última cena. El hacer caminatas es un hobby para él. Lo que más le gusta de la gente es la espontaneidad y lo que menos le gusta de las personas es la futilidad y la envidia.