El Senador Sergio Abreu se manifiesta preocupado porque ve al Uruguay “institucionalmente frágil”

El senador Sergio Abreu se presenta en su interna postulándose nuevamente para ser el candidato único de su Partido Nacional. En esta nota concedida a EL PUEBLO se presenta como el “enterrador” del MERCOSUR, expone su preocupación por la fragilidad institucional en la que ve al país y explica su visión de lo que es ser Blanco.
- Quiere ser presidente de la República, ¿tiene necesidad de complicarse la vida de esa forma?
- Bueno, eso me preguntan mis hijos también (risas). He logrado encontrar una respuesta con el correr de los años que es la única que les satisface. Les digo que el secreto de la vida no es hacer lo que uno quiere, es querer lo que uno hace, y no necesariamente a todo el mundo le gusta lo mismo o quiere las mismas cosas. Hay vocaciones, hay inclinaciones, a mí me gusta mucho la opinión pública, el trabajo en políticas públicas. Hago mucho hincapié en mi calidad de hijo de inmigrantes, que me enseñaron a planchar mis primeros pantalones largos debajo del colchón, de alguien que vino y encontró en Uruguay una oportunidad para estudiar simplemente por esa movilidad social y esa generosidad que Uruguay tuvo durante muchos años y que aún tiene pero con mayor dificultad.
Siempre me gustó esa cercanía con las cosas humanas, con la necesidad de encontrar una mejor solución para la gente, de trabajar y estudiar, no para acumular el conocimiento sino para madurar el pensamiento, para ver las cosas precisamente desde la realidad pero también desde la profesionalidad. Eso se lo he explicado a mis hijos, y bueno, no solo lo han entendido porque conocieron a su abuelo que estuvo en la guerra, que tuvo que ir a matar y morir teniendo 19 años, y que me explicaba lo terrible que es imponer un arma y lo terrible que es matar mirando a los ojos a un joven de su misma edad. Esas cosas, yo diría, me transfieren un deber de familia de agradecimiento, de visión humana, no ideológica de sentir aquello que tengo que ser portador de una verdad incontestable en los hombros del hombre nuevo, sino simplemente tener la sensibilidad humana para saber que las tres cosas que uno tiene que hacer en la vida política -que es quizás una de las actividades donde la miseria humana tiene una de sus más difíciles expresiones- en la seriedad, la profesionalidad, que no quiere decir intelectualidad ni elitismo sino simplemente profesionalismo, y la ética, la conducta, porque manejar y tomar decisiones sobre los intereses públicos, económicos y decisiones a veces de la vida de la gente, es un tema que es mucho más serio que el simple hecho de decir, quiero hacer una carrera política o quiero ocupar un cargo.
- ¿Blanco se
nace o se hace?
- El blanco es un sentimiento que se va abonando a una idea de coherencia, de visión de país. El ser blanco tiene una reserva emocional muy fuerte, para muchos es una evocación histórica, hasta cierta efervescencia natural invocando a líderes como Saravia, Oribe, Herrera, Beltrán, Wilson, pero es importante también vincularlos a una línea de pensamiento, a un proyecto de país, a una visión de región que es mucho lo que el nacionalismo ha desarrollado durante mucho tiempo. Es decir, esa visión de los ríos, de la integración, a esa incorporación del Paraguay en mucho de los aspectos de la historia de la América del Sur, al Uruguay casi artiguista y su visión confederada, a su herencia colonial y jesuita, y a su proyección de país desde determinados valores como son la libertad, el voto secreto, la democracia y sobre todo el respeto por los demás.
- ¿Cómo ve el país?
- Al Uruguay lo veo institucionalmente frágil, es decir, no todos tienen la misma convicción sobre la fuerza y la importancia del Estado de Derecho. Uno mira a un intendente de un partido tradicional y puede tener alguna discrepancia, uno mira a un intendente frentista y lo puede ver de otra manera incluso con mayor fragilidad, pero cuando ingresa la ideología internacionalizada comienza a tener una debilidad el Estado de Derecho. Para muchos las normas jurídicas son una estructura burguesa con la que hay que vivir a diario, para muchos hoy la democracia, incluso el Frente Amplio se identifica solo con la legitimidad de un presidente electo, no con el resto de las instituciones funcionando en un equilibrio armónico y hasta contrapuesto de separación de Poderes, de controles, de independencia de la Justicia, de la libertad de prensa.
Eso es lo que noto, más allá de las preferencias emocionales partidarias, ese apego al Estado de Derecho lo tenemos como fragilizado, y no por la intencionalidad de una mala visión sino por una concepción distinta, y eso es para mí lo que tenemos que recuperar, la solidez jurídica. Para un país como el nuestro eso vale más, porque empezamos a internacionalizar la ideología y después nos pasa lo que nos pasa con la señora presidenta de Argentina, con la señora presidenta del Brasil, con el señor presidente Chávez o los Estados Unidos. En su momento las grandes potencias cuando tienen la capacidad de la fuerza y de imponer sus criterios, el derecho es un tema secundario. Para nosotros es el gran escudo, no solo por convicción sino también por conveniencia. Y cuando uno ve lo que nos pasa en este momento de la región, que no andan los productos en Argentina, que nos miran de mal manera, que no cumplen las obligaciones, que nos llevan a La Haya, que nos bloquean los puentes, uno dice, “¿pero no era que son amigos?” ¿Quién nos defiende de esto? ¿El discurso progresista, populista o es el Derecho que es el último instrumento capaz de liberar a las personas?
- Durante la presidencia de Luis Lacalle usted fue algo así como el ingeniero que ayudó al armado de lo que terminó siendo el MERCOSUR. A la vista de cómo ha evolucionado, ¿tiene futuro el MERCOSUR?
- Lo de la palabra “ingeniero” está bien aplicada, no por la profesión de uno porque no soy ingeniero sino por el entramado artesanal, negociador, difícil. Pero ahora diría, si pudiera definirme, que soy un enterrador…
- ¿Lo quiere sepultar?
- Es que ya está, no lo puedo dejar insepulto (risas). Lo que pasa es que lo que se ha creado es justamente eso, una característica de bilateralidad Argentina – Brasil muy fuerte…
- ¿Cómo estaba
antes del MERCOSUR?
- Como estaba antes pero con menos respeto por las normas, con una desigualdad en la expresión de fuerza, Brasil hoy ejerce con mucha solidez su liderazgo. Argentina está mucho más frágil de lo que piensa, tiene en general lo de los gobiernos porteños, sufren de inflación de autoestima (risas)…
Al gobierno de Mujica la prensa en particular y la sociedad en general, ha tenido un nivel de tolerancia pocas veces visto, le venía perdonando todo. Pero con el caso PLUNA pareciera haber habido un quiebre, donde los medios están siendo más incisivos y la gente comienza a castigar al gobierno a través de lo que señalan las encuestas, ¿no le da esa misma impresión?
Ese quiebre es porque muchos pensaron, o se pensó, que el Frente Amplio estaba afuera de la naturaleza humana y que la izquierda como receta general estaba ausente de los defectos humanos que se tienen en todas las expresiones. Cuando sabemos que la aplicación de una ideología que de forma tan drástica y tan fuerte siempre ha terminado en despotismo y en pobreza, si mira a la historia eso es lo que ve. Pero claro, ya la gente se da cuenta que ellos cometen errores, improvisan, tienen gobiernos que no es solo del presidente Mujica, porque este tema de PLUNA viene del gobierno anterior cuando el  ministro (Víctor) Rossi nos decía que el Tribunal de Cuentas -que lo observaba por ilegalidad- estaba exorbitado en sus competencias. Ahí está lo que yo digo que el derecho es un tema relativo. Lo mismo pasa con el tema de los plebiscitos, más allá de una interpretación jurídica forzada, el plebiscito es cuando el pueblo se pronuncia. Y acá no se modificaron la ley de puertos ni la ley de zonas francas, porque todo eso contra lo que se votó y militó después queda fijo, lo que si se modificó es precisamente lo que el pueblo se pronunció en forma libérrima sobre la pacificación del país.
Entonces, ahora les toca lo de los empresarios amigos, lo de la chacra del Pepe, los amigos del poder que por lo general hacen cola para ver cómo se ven beneficiados en un país que cada vez tiene más rasgos de mercantilismo que de capitalismo, es decir, el empresario que busca que el gobierno le haga favores.
De todas formas, yo tengo la misma lectura de que la gente, a pesar de cierto beneficio económico que se está notando debido a un crecimiento que tiene causas de toda naturaleza pero particularmente externa, está notando que ya no es un manejo transparente, que ya les dicen a los medios de prensa que hay que proteger al menor en determinado horario cuando en realidad lo que se quiere es proteger al gobierno, que las noticias no se quieren dar, que ahora el Ministerio del Interior saca una restricción sobre la información muy estricta, que hay una lucha terrible de dos grupos dentro del propio gobierno en su visión de las cosas y que además, a pesar de lo que se ve en materia económica, está el tema de los casinos que para mí ha sido el más fuerte. Esto es ya un tema muy serio como otros temas más, porque se dio el tema del Hospital Maciel, lo que vimos en las empresas adjudicatarias, un manejo de concentración de poder.
Sin embargo, los analistas más serios del país sostienen que si Tabaré Vázquez es el candidato del Frente Amplio, tendrá muchas chances de mantener el gobierno para la izquierda en Uruguay.
- Hay una razón muy explicable que es la economía. Cuando a Clinton le preguntaron a qué se debe esto, él responde, “es la economía, estúpido”.
Obviamente que la economía tiene su impacto. Yo fui ministro de Industria en una crisis con 12 mil millones de Producto Bruto, hoy es de 50 mil millones, y todavía un gobierno que tiene mayoría regimentada está en peligro de perder el gobierno, y de lo que no tengo la menor duda es que pierde la mayoría. Pero además, pienso que también va a perder el gobierno a pesar de que el doctor Vázquez se acerca como si fuera algo distinto cuando en realidad es lo mismo pero en una visión más oncológica. Tenemos que darnos cuenta que las democracias tienen sus sanciones, si es que se las respeta.

El senador Sergio Abreu se presenta en su interna postulándose nuevamente para ser el candidato único de su Partido Nacional. En esta nota concedida a EL PUEBLO se presenta como el “enterrador” del MERCOSUR, expone su preocupación por la fragilidad institucional en la que ve al país y explica su visión de lo que es ser Blanco.

– Quiere ser presidente de la República, ¿tiene necesidad de complicarse la vida de esa forma?

– Bueno, eso me preguntan mis hijos también (risas). He logrado encontrar una respuesta con el correr de los años que es la única10 10 12 109 que les satisface. Les digo que el secreto de la vida no es hacer lo que uno quiere, es querer lo que uno hace, y no necesariamente a todo el mundo le gusta lo mismo o quiere las mismas cosas. Hay vocaciones, hay inclinaciones, a mí me gusta mucho la opinión pública, el trabajo en políticas públicas. Hago mucho hincapié en mi calidad de hijo de inmigrantes, que me enseñaron a planchar mis primeros pantalones largos debajo del colchón, de alguien que vino y encontró en Uruguay una oportunidad para estudiar simplemente por esa movilidad social y esa generosidad que Uruguay tuvo durante muchos años y que aún tiene pero con mayor dificultad.

Siempre me gustó esa cercanía con las cosas humanas, con la necesidad de encontrar una mejor solución para la gente, de trabajar y estudiar, no para acumular el conocimiento sino para madurar el pensamiento, para ver las cosas precisamente desde la realidad pero también desde la profesionalidad. Eso se lo he explicado a mis hijos, y bueno, no solo lo han entendido porque conocieron a su abuelo que estuvo en la guerra, que tuvo que ir a matar y morir teniendo 19 años, y que me explicaba lo terrible que es imponer un arma y lo terrible que es matar mirando a los ojos a un joven de su misma edad. Esas cosas, yo diría, me transfieren un deber de familia de agradecimiento, de visión humana, no ideológica de sentir aquello que tengo que ser portador de una verdad incontestable en los hombros del hombre nuevo, sino simplemente tener la sensibilidad humana para saber que las tres cosas que uno tiene que hacer en la vida política -que es quizás una de las actividades donde la miseria humana tiene una de sus más difíciles expresiones- en la seriedad, la profesionalidad, que no quiere decir intelectualidad ni elitismo sino simplemente profesionalismo, y la ética, la conducta, porque manejar y tomar decisiones sobre los intereses públicos, económicos y decisiones a veces de la vida de la gente, es un tema que es mucho más serio que el simple hecho de decir, quiero hacer una carrera política o quiero ocupar un cargo.

– ¿Blanco se  nace o se hace?

– El blanco es un sentimiento que se va abonando a una idea de coherencia, de visión de país. El ser blanco tiene una reserva emocional muy fuerte, para muchos es una evocación histórica, hasta cierta efervescencia natural invocando a líderes como Saravia, Oribe, Herrera, Beltrán, Wilson, pero es importante también vincularlos a una línea de pensamiento, a un proyecto de país, a una visión de región que es mucho lo que el nacionalismo ha desarrollado durante mucho tiempo. Es decir, esa visión de los ríos, de la integración, a esa incorporación del Paraguay en mucho de los aspectos de la historia de la América del Sur, al Uruguay casi artiguista y su visión confederada, a su herencia colonial y jesuita, y a su proyección de país desde determinados valores como son la libertad, el voto secreto, la democracia y sobre todo el respeto por los demás.

– ¿Cómo ve el país?

– Al Uruguay lo veo institucionalmente frágil, es decir, no todos tienen la misma convicción sobre la fuerza y la importancia del Estado de Derecho. Uno mira a un intendente de un partido tradicional y puede tener alguna discrepancia, uno mira a un intendente frentista y lo puede ver de otra manera incluso con mayor fragilidad, pero cuando ingresa la ideología internacionalizada comienza a tener una debilidad el Estado de Derecho. Para muchos las normas jurídicas son una estructura burguesa con la que hay que vivir a diario, para muchos hoy la democracia, incluso el Frente Amplio se identifica solo con la legitimidad de un presidente electo, no con el resto de las instituciones funcionando en un equilibrio armónico y hasta contrapuesto de separación de Poderes, de controles, de independencia de la Justicia, de la libertad de prensa.

Eso es lo que noto, más allá de las preferencias emocionales partidarias, ese apego al Estado de Derecho lo tenemos como fragilizado, y no por la intencionalidad de una mala visión sino por una concepción distinta, y eso es para mí lo que tenemos que recuperar, la solidez jurídica. Para un país como el nuestro eso vale más, porque empezamos a internacionalizar la ideología y después nos pasa lo que nos pasa con la señora presidenta de Argentina, con la señora presidenta del Brasil, con el señor presidente Chávez o los Estados Unidos. En su momento las grandes potencias cuando tienen la capacidad de la fuerza y de imponer sus criterios, el derecho es un tema secundario. Para nosotros es el gran escudo, no solo por convicción sino también por conveniencia. Y cuando uno ve lo que nos pasa en este momento de la región, que no andan los productos en Argentina, que nos miran de mal manera, que no cumplen las obligaciones, que nos llevan a La Haya, que nos bloquean los puentes, uno dice, “¿pero no era que son amigos?” ¿Quién nos defiende de esto? ¿El discurso progresista, populista o es el Derecho que es el último instrumento capaz de liberar a las personas?

– Durante la presidencia de Luis Lacalle usted fue algo así como el ingeniero que ayudó al armado de lo que terminó siendo el MERCOSUR. A la vista de cómo ha evolucionado, ¿tiene futuro el MERCOSUR?

– Lo de la palabra “ingeniero” está bien aplicada, no por la profesión de uno porque no soy ingeniero sino por el entramado artesanal, negociador, difícil. Pero ahora diría, si pudiera definirme, que soy un enterrador…

– ¿Lo quiere sepultar?

– Es que ya está, no lo puedo dejar insepulto (risas). Lo que pasa es que lo que se ha creado es justamente eso, una característica de bilateralidad Argentina – Brasil muy fuerte…

– ¿Cómo estaba antes del MERCOSUR?

– Como estaba antes pero con menos respeto por las normas, con una desigualdad en la expresión de fuerza, Brasil hoy ejerce con mucha solidez su liderazgo. Argentina está mucho más frágil de lo que piensa, tiene en general lo de los gobiernos porteños, sufren de inflación de autoestima (risas)…

Al gobierno de Mujica la prensa en particular y la sociedad en general, ha tenido un nivel de tolerancia pocas veces visto, le venía perdonando todo. Pero con el caso PLUNA pareciera haber habido un quiebre, donde los medios están siendo más incisivos y la gente comienza a castigar al gobierno a través de lo que señalan las encuestas, ¿no le da esa misma impresión?

Ese quiebre es porque muchos pensaron, o se pensó, que el Frente Amplio estaba afuera de la naturaleza humana y que la izquierda como receta general estaba ausente de los defectos humanos que se tienen en todas las expresiones. Cuando sabemos que la aplicación de una ideología que de forma tan drástica y tan fuerte siempre ha terminado en despotismo y en pobreza, si mira a la historia eso es lo que ve. Pero claro, ya la gente se da cuenta que ellos cometen errores, improvisan, tienen gobiernos que no es solo del presidente Mujica, porque este tema de PLUNA viene del gobierno anterior cuando el  ministro (Víctor) Rossi nos decía que el Tribunal de Cuentas -que lo observaba por ilegalidad- estaba exorbitado en sus competencias. Ahí está lo que yo digo que el derecho es un tema relativo. Lo mismo pasa con el tema de los plebiscitos, más allá de una interpretación jurídica forzada, el plebiscito es cuando el pueblo se pronuncia. Y acá no se modificaron la ley de puertos ni la ley de zonas francas, porque todo eso contra lo que se votó y militó después queda fijo, lo que si se modificó es precisamente lo que el pueblo se pronunció en forma libérrima sobre la pacificación del país.

Entonces, ahora les toca lo de los empresarios amigos, lo de la chacra del Pepe, los amigos del poder que por lo general hacen cola para ver cómo se ven beneficiados en un país que cada vez tiene más rasgos de mercantilismo que de capitalismo, es decir, el empresario que busca que el gobierno le haga favores.

De todas formas, yo tengo la misma lectura de que la gente, a pesar de cierto beneficio económico que se está notando debido a un crecimiento que tiene causas de toda naturaleza pero particularmente externa, está notando que ya no es un manejo transparente, que ya les dicen a los medios de prensa que hay que proteger al menor en determinado horario cuando en realidad lo que se quiere es proteger al gobierno, que las noticias no se quieren dar, que ahora el Ministerio del Interior saca una restricción sobre la información muy estricta, que hay una lucha terrible de dos grupos dentro del propio gobierno en su visión de las cosas y que además, a pesar de lo que se ve en materia económica, está el tema de los casinos que para mí ha sido el más fuerte. Esto es ya un tema muy serio como otros temas más, porque se dio el tema del Hospital Maciel, lo que vimos en las empresas adjudicatarias, un manejo de concentración de poder.

Sin embargo, los analistas más serios del país sostienen que si Tabaré Vázquez es el candidato del Frente Amplio, tendrá muchas chances de mantener el gobierno para la izquierda en Uruguay.

– Hay una razón muy explicable que es la economía. Cuando a Clinton le preguntaron a qué se debe esto, él responde, “es la economía, estúpido”.

Obviamente que la economía tiene su impacto. Yo fui ministro de Industria en una crisis con 12 mil millones de Producto Bruto, hoy es de 50 mil millones, y todavía un gobierno que tiene mayoría regimentada está en peligro de perder el gobierno, y de lo que no tengo la menor duda es que pierde la mayoría. Pero además, pienso que también va a perder el gobierno a pesar de que el doctor Vázquez se acerca como si fuera algo distinto cuando en realidad es lo mismo pero en una visión más oncológica. Tenemos que darnos cuenta que las democracias tienen sus sanciones, si es que se las respeta.