Fue presentado el proyecto patrocinado por la ONU sobre el “Derecho a la Igualdad y no Discriminación de las Personas con Discapacidad en Uruguay”

Entrevista a Raquel González Barnech

La maestra Raquel González Barnech, integra la Alianza de Organizaciones por los Derechos de las Personas con Discapacidad, a la que recientemente le fuera aprobado por Naciones Unidas (ONU) el proyecto sobre el “Derecho a la Igualdad y no Discriminación de las Personas con Discapacidad en Uruguay”. En diálogo con EL PUEBLO nos cuenta de qué trata el mismo. Para los interesados en formar parte de dicho proyecto o en búsqueda de más información, podrán comunicarse a través del correo electrónico: alianzadeorganizacionesdpduy@ gmail.com.20180531_091930

- Nuestra sociedad ha avanzado mucho en el tema discapacidad, pero ¿aún hay discriminación?
– Es un tema de Derechos Humanos (DDHH) que nos convoca hoy día otra vez en Uruguay, porque si uno se pone a mirar a la distancia, en la década de los 80, no solo en nuestro país, se promovieron derechos y que las personas se asociaran y organizaran planteando sus necesidades. Eso hizo que en Uruguay se generara ese contagio por integrarse. Ahí se crearon muchas agrupaciones y asociaciones, las que fueron funcionando. Pero si bien la sociedad en general ha venido avanzando en distintas áreas como en los DDHH, sin embargo hay un colectivo, que es menor, de aproximadamente un 15% según el último censo, que ha quedado como subsumido en sus condiciones, sus necesidades a veces tienen respuesta, pero no siempre.

Entonces, en cuestión de DDHH tienen dificultades para el acceso a la salud, a la educación, a la actividad que quieran realizar. Como no tienen acceso a la educación luego no tienen acceso o tienen pocas posibilidades para ingresar en un trabajo…

- También arrancaba el problema en la familia, para la que era casi vergonzante tener uno de sus miembros con alguna discapacidad y lo dejaban recluido en su casa. Eso se ha ido revirtiendo y cada vez se observa mayor integración e inclusión en la sociedad, aunque aún no se plasme en lo laboral.
– Es así. De todo esto es de lo que trata esta propuesta que ahora tenemos que aprovechar las personas, en principio, aquellas que estén asociadas, porque es un proyecto que tiende a que las personas integradas en asociaciones participen del mismo…

- ¿Se refiere al proyecto de la ONU sobre el derecho a la igualdad y no discriminación de las personas con discapacidad en Uruguay?
– Exactamente. Por lo general no vienen fondos para Uruguay porque como tenemos mejorados los niveles de pobreza, la gente en general accede a la educación, etcétera, en general los fondos van a otros países que están peor que el nuestro. Pero en este caso, hubo un llamado de la ONU para presentarse en el área de la discapacidad, y nosotros, las organizaciones que trabajamos en este tema y que veníamos reuniéndonos, nos enteramos de eso y dijimos que teníamos que participar. Se hicieron los contactos con los organismos públicos, porque es un proyecto de tres agencias de la ONU con actores del Estado uruguayo.

Entonces, las organizaciones de la discapacidad que nos habíamos agrupado por otro motivo en la Alianza de Organizaciones por los Derechos de las Personas con Discapacidad, nos vinculamos a los que estaban preparando el proyecto, y les dijimos que nos interesaba participar. Este año nos respondieron, ya pensábamos que el proyecto había quedado en algún cajón o que lo habían desechado, pero resulta que lo aprobaron, y el jueves pasado nos reunimos con la coordinadora del proyecto para la ONU, vino a las reuniones de la Alianza, que nos reunimos en FESUR (Friedrich-Ebert-Stiftung Uruguay), y nos dijo que uno de las condiciones por las cuales la ONU aprobó el proyecto para Uruguay, es que vio que las organizaciones de la sociedad civil estaban integradas, organizadas, vinculadas y que querían trabajar. Así que eso fue un motor, un pilar, puntos a favor, porque por lo general queda todo a nivel gubernamental, porque las organizaciones de la sociedad civil o estamos disgregadas o apáticas. Este proyecto empezó en mayo, ahora. Es un proyecto de dos años, todavía tenemos que planear mucha cosa.

- ¿Cuáles son los objetivos centrales de este proyecto?
– En el papel dice que todas las personas con discapacidad logren gozar de sus DDHH, como puedan, como quieran, pero que logren ejercerlos, y que tomen las decisiones. Para eso deberían saber que son sujetos de derecho y tener las posibilidades de ejercerlos, y para ejercerlos hay niveles de movilización. Por ejemplo, tienen que poder salir de su casa, poder comunicarse, poder acceder a otros lugares, poder contactar con otras personas, saber con quién tienen que contactarse, tener una idea de cómo funciona la sociedad. Si es que quieren estudiar, bueno, cómo hago, dónde me puedo vincular y con quiénes. Si se tuviera la edad suficiente para poder trabajar, y no terminó la Primaria, entonces, ¿cómo puede hacer?

O sea, acercarle información, tecnología y romper más barreras que esas, porque a veces se acerca tecnología, sillas de ruedas, ómnibus accesibles, se les da información de dónde tienen que ir pero luego llega a ese lugar, y sea con la mirada o con las actitudes, son discriminados, excluidos. En fin, “aquí no podemos”, “aquí no te conviene”, “aquí siempre está el no”, y entonces tiene que volver para su casa como habitualmente ocurre. Se trata de un momento importante porque es bueno difundir para que las organizaciones de la discapacidad que están trabajando se unan todas.

- En Salto hay unas cuantas organizaciones pero no se muestran trabajando coordinadas…
– Es difícil. En 1982 empezamos a reunirnos en Montevideo, formamos el Plenario Nacional de Organizaciones de Impedidos, nombre que más tarde se lo cambiamos, pero que hoy día está integrado por apenas algunas organizaciones, aunque tuvo su época de esplendor, que aportamos la Ley de Discapacidad, nació ahí de la propuesta que hicimos, que luego lógicamente sufrió algunas modificaciones, pero de eso a otras leyes y proyectos fue logrado porque las asociaciones estábamos integradas, las de las personas sordas, ciegas, las que usan sillas. Lo que es cierto es que es difícil lograr mantener en el tiempo relaciones interpersonales entre personas tan distintas, con intereses distintos también, porque si bien los une la condición de discapacidad, todo lo demás los separa. No es lo mismo una persona sorda que una ciega o de aquel que no sabe la lengua de señas, por ejemplo. Es muy difícil.

Entonces, las dificultades económicas hacen que cada uno quede en su grupo. Pero en este momento, el proyecto tiene dinero, son 400 mil dólares para trabajar en estos dos años. Fundamentalmente lo que queremos es que este dinero realmente vaya destinado a las personas, porque a veces muchos hemos tenido la experiencia de que hay proyectos que empieza a bajar el dinero y queda en los técnicos…

- ¿En qué se utilizaría ese dinero?

– Cuando estuvo el otro día la coordinadora se lo planteamos, la inquietud de que no nos usaran a nosotros que venimos trabajando honorariamente para que el dinero quede en manos de unos cuantos y no llegue a quienes está destinado. Entonces ella decía que justamente el objetivo es para que las personas que tienen que trasladarse, se consiga el mecanismo y que se le dé el dinero para el traslado…

- ¿Por ejemplo para comprar una silla de ruedas?
– Así es. Si en el lugar no hay sillas de ruedas, bueno, se buscará la manera. También si hay que ir a Montevideo en representación de la asociaciones, por ejemplo.

- ¿Cómo podría canalizarse este proyecto en Salto?
– Eso recién se está planeando, si bien tenemos claro cuáles son las grandes directivas, donde tenemos grandes componentes marcados por la ONU. Un área de acción, por ejemplo, será para que los derechos sean incorporados, como el acceso universal a la salud. O sea, todo lo que tiene que ver con salud, como que haya más intérpretes de lengua de señas para posibles pacientes que sean sordos. Seguramente no habrá en principio en todas las localidades, obviamente, pero que estén más cerca de las personas. En el interior, por ejemplo, no existe todavía, y en Montevideo no hay uno que exista para todos. Entonces, generar ese acceso. Que los profesionales en los distintos niveles de la salud conozcan algo, y conozcan cómo y de relaciones interpersonales para tratar a la persona que viene como corresponde.

Por ejemplo, nuestra experiencia en el área del autismo, que conocemos bastante, supongamos que va a atenderse porque tenga una bronquitis, el médico atiende de tal hora a tal hora. Va la mamá con el niño y hay que esperar, y en el área del autismo no se puede estar esperando en una sala, más cuando no ha sido educado. Porque cuando los chicos con autismo son educados, quedan ahí, aprenden a estar, a sentarse y esperar el turno. Pero el que no es educado, que la mayoría no lo es, un ratito estará sentado pero después ya no, y luego empieza a molestar, después grita y está incómodo. Entonces, muchas veces hemos tenido la información de madres, de padres y de hermanos que fueron con personas con autismo a atenderse, y resulta que desde el enfermero a distintos niveles, insisten en que es la madre la que es responsable de la actitud del chiquilín, entonces es un maleducado. A ver, no puede ser. Eso es porque desconocen las características que tiene una persona con autismo…

- ¿Seguimos teniendo un problema cultural?
– Sí, exactamente. Es ahí donde están las barreras que encontramos. A veces son físicas, que son las más visibles, entonces se manda a poner una rampa y se soluciona, eso es mínimo. Pero luego tenemos las barreras actitudinales de las personas que viven en la sociedad que tienen integrados modelos, que tradicionalmente todos fuimos recibiendo porque fuimos educados de esa manera, entonces aparece el “pobrecito, no lo mires”, “dejalo, no te metas con él”. Todas esas cosas están. Entonces, dejar esos modelos y esos conceptos es difícil, porque es una cuestión educativa, que no es solo que les des como información que son personas igual que todos. Con eso no basta, porque la persona que aprendió desde chico a tratar con discriminación, con exclusión, con lástima, con sobreprotección (que muchas veces es negativo), para cambiar eso, tiene que reflexionar que lo que ha hecho no es lo correcto.

Entonces la persona se siente mal y va a pensar, al cambiar de modelo, que lo que hizo estuvo mal. Eso implica un crecimiento hacia lo mejor, pero es un problema interior que todos tenemos que tener, que vivir, porque es como un duelo. “Estuve mal”, “siento culpa porque actué así”, “no debiera haber actuado”, todo ese proceso, que es personal y también es colectivo, lo tenemos que vivir todos, porque de alguna manera todos hemos sido educados dentro de determinados modelos y ahora hay que cambiar. Esos cambios llevan tiempo, para algunos más y seguramente para otros menos, según el entorno donde estén viviendo.

PERFIL DE Raquel González Barnech

Casada, tiene un hijo. Es del signo de Cáncer. De chica quiso servir a los demás. Es hincha de Nacional.

¿Una asignatura pendiente? Voy viviendo a medida que van surgiendo las circunstancias y disfruto cada momento.
¿Una comida? Algo que no esté muy cocido, como verduras o pescado.
¿Un libro? El niño con el pijama a rayas. ¿Una película? Amigos inseparables.
¿Hobbys? Tejer, pintar.
¿Qué música escucha? Clásica.
¿Qué le gusta de la gente? La honestidad.
¿Qué no le gusta de la gente? La soberbia de pensar que las sabe todas.

Entrevista de Leonardo Silva







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