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Juan Carlos Palacios presentó su libro “Venimos de pueblos incendiados”, donde estudia la influencia del pueblo guaraní en los inicios de Salto

Entrevista a Juan Carlos Palacios

Juan Carlos Palacios presentó este viernes su primer libro, “Venimos de pueblos incendiados”, donde se narra el esplendor y trágico final de las Misiones Jesuíticas y sobre la contribución de los guaraníes no solo en la formación de nuestra nación sino en los inicios de Salto. Sobre estos temas dialogó EL PUEBLO con Palacios, quien realizó una exhaustiva investigación, llegando a visitar 21 de los 30 pueblos que hubo en las Misiones.

- ¿Venimos de pueblos incendiados? Además de ser el título del libro, ¿qué significa?
– Ese título significa dos cosas, una que gran parte de la población uruguaya desciende de los guaraníes misioneros. IMG-20180731-WA0002 [1]Esto está estudiado en los últimos años por antropólogos que han llegado a esa conclusión. No eran los que habitaban acá, pero fue tan grande la avalancha de guaraníes misioneros al Uruguay que hizo que ellos fueran mucho más que los habitantes naturales que había acá anteriormente. Vinieron a apoyar a Artigas, porque cuando cayó el sistema misionero muchos vinieron para acá a hacer su vida. Luego Rivera en 1829 se vino con nueve mil indios y fundaron Bella Unión. Eso era mucha gente en aquellos tiempos.
Entonces, este título está diciendo que en gran medida los uruguayos somos guaraníes, y que venimos de pueblos incendiados porque fueron incendiados en gran medida por los ejércitos portugueses que combatían a Artigas. En el libro se transcriben los partes del Mariscal Chagas, que tuvo a su cargo esa operación de destrucción total de los pueblos, de dejarlos en cenizas. Lamentablemente ahí se perdió toda la documentación que había de los bautismos, casamientos…

- ¿En las Misiones?
– Sí. Pero en los inicios de Salto, en los registros de los bautismos de la Iglesia del Carmen, que tuve la posibilidad de estudiar, consta que en esos primeros años del surgimiento de la ciudad de Salto, la población guaraní era muy importante, y provenían de todos esos pueblos incendiados. O sea, de Yapeyú, De la Cruz, de Santo Tomé, de Apóstoles…

- ¿Esto ocurrió cuando Rivera tras conquistar las Misiones, las utilizó para negociar la paz con Brasil y se vuelve de allí con todas estas familias guaraníes?
– Sí, esa fue la última venida grande, pero el surgimiento de Salto fue a partir de que los portugueses se instalaron en estas inmediaciones por 1817 o 1818, donde crean un campamento militar. Cuando pasa por Salto Augusto de Saint Hilaire -naturalista francés que mandaba muestras para un museo de historia natural de Francia-, llega al campamento militar portugués que estaba en Salto en enero de 1821. Artigas acaba de irse, derrotado en 1820. Pasó por Purificación, estaba en cenizas, y encuentra una cantidad de guaraníes. En ese tiempo es que comienzan los bautismos por el Capellán militar del ejército portugués, cuyas copias están en la Parroquia del Carmen, donde consta la cantidad de niños guaraníes bautizados que provenían de aquellos pueblos que dos o tres años atrás los había incendiado el mismo ejército portugués.

- ¿Se puede sostener entonces la relevancia del pueblo guaraní en la fundación de Salto?
– Sí, totalmente. Mi libro finaliza con un estudio de los archivos de la Parroquia del Carmen que confirma totalmente esto.

- ¿Dónde surge nuestra identificación con lo de “la garra charrúa?
– A mi juicio, lo del charruísmo ha sido una construcción para desviar la atención, porque en la destrucción de las Misiones hay fuerzas que operaban en el continente europeo cuya disputa con la Iglesia, llámese Revolución Francesa y de quienes estaban detrás de ella…

- ¿Se refiere a la masonería?
– Elementos de la masonería o de la Ilustración, vamos a llamarla, tuvieron mucha influencia en la destrucción de las Misiones. Primero en la expulsión de los jesuitas, y una vez que se desintegraron las Misiones, décadas después apareció Artigas acaudillando a toda esta gente y restaurando los cabildos misioneros con indios. Hay alguna frase citada por ahí que dice que Artigas dijo que los indios deben gobernarse por sí mismos para defender sus derechos como nosotros hacemos con los nuestros. Se refería a los pueblos misioneros, porque él veía todo eso como parte de un mismo territorio.
A Buenos Aires no le gustó para nada, porque allí estaba la Logia Lautaro, que era la que cortaba el bacalao, y la antipatía con Artigas radica, a mi juicio, fundamentalmente en ese hecho, que ellos no querían que resurgiera el sistema misionero…

- ¿Por el poder?
– Es una posición ideológica. La Ilustración nace como enemiga de la Iglesia, eso es una posición filosófica, “no queremos la religión”. Y estos pueblos eran religiosos…

– Pasa que en aquellos años la religión tenía mucho que ver con el poder, porque la Iglesia era la que le hablaba al oído al monarca absoluto y lo sostenía en el poder.
– Si, si, desde luego. Estaban los reyes católicos.

- Eduardo Galeano por su parte tiene una visión crítica del conquistador y colonizador de América, acusándolos de querer destruir la cultura de los indígenas de estas tierras. Entonces, ¿cuál fue la influencia de las Misiones Jesuitas en los guaraníes?
– Fue una influencia importante, les cambió totalmente la vida. A ver, hay un cuestionamiento en todo esto, si no hubieran llegado nunca los europeos acá, ¿hubiera sido mejor para las poblaciones indígenas? Bueno, tal vez que sí, hubieran mantenido su cultura. Pero bueno, llegaron. Una vez que llegaron, había gran parte de la América con indios sometidos, y la experiencia de las Misiones Jesuíticas muestra otra cosa. O sea, son indios que no son esclavizados, que no son obligados a ir a vivir a las Misiones, van porque ya hay otros que están de antes y le hacen ver que allí hay alimentos y seguridad. Los bandeirantes cazaron a cientos de miles de indios guaraníes y de otras etnias para llevarlos como esclavos. Si ellos estaban en las Misiones estaban protegidos, pero además tenían alimentos. La gente ha de pensar que la selva es un paraíso, que estiran la mano y agarra una fruta. No, hay épocas de escasez y hambruna. Pero ahí estaban en una sociedad igualitaria donde obviamente todos tenían que trabajar, pero con la fe de por medio lo hacían con beneplácito. Creo que las Misiones fueron una tabla de salvación para gran parte de la población guaraní.
A diferencia del área española que estaba afuera de las Misiones, como la gente que trabajaba como esclava hasta morirse en las minas de Potosí en Bolivia. En las Misiones desarrollaban un arte barroco latinoamericano, tenían orquestas, coros. En fin, llegaron a un momento que se puede decir de esplendor. Pero por influencia de estas fuerzas del Iluminismo en Europa sobre el rey de España, los jesuitas son expulsados y conducidos por el río Uruguay a Buenos Aires.

- Quien lo conozca sabe que usted ha sido un referente en temas medioambientales, pero que quizás desconocía esta faceta suya de historiador y escritor, y que ahora surge, ¿por qué?
– Hace muchos años estuve integrando un grupo de amigos de Guichón que estuvimos tras las huellas del camino de los indios, que iba de la costa del río Uruguay hacia Rocha. Varios años estuvimos en eso. Luego ingresé como socio y luego como presidente durante cinco años del Museo Histórico del río Uruguay. En ese tiempo Salto celebró los 250 años del inicio de su proceso fundacional, y ahí, tratando de estudiar ese período, vengo a descubrir que ese campamento militar español que se instaló en Salto Chico y que fue considerado como el inicio del proceso fundacional de Salto en aquel momento, era resultado de la guerra guaranítica, del episodio narrado en la película “La Misión”, porque José Joaquín de Viana, que fue uno de los jefes del ejército español que masacró a los guaraníes en ese episodio, se vino al Salto Chico en 1756 para esperar al Marqués de Valdelirios, que de Buenos Aires remontaba el río Uruguay y que le había pedido que lo viniera a esperar acá.

- ¿Cuándo se decidió a poner todo ese conocimiento en el papel?
– Desde el 2003 más o menos he venido dando una charla sobre los “Jesuitas y guaraníes en el río Uruguay”, y a medida que iba pasando el tiempo, iba acumulando más información. Así que llegó un momento que en una charla de una hora y cuarto era imposible condensar todo lo rico del material de esta historia. En el libro además, pongo lo que me resulta interesante y que ordena estos distintos episodios, son los testimonios de gente de esa época. Generalmente son figuras relevantes, que dan un pantallazo de lo que está pasando en ese momento. Por ejemplo, refiero a la Batalla de Caibaté, donde heroicamente las fuerzas españolas y portuguesas matan a mil quinientos guaraníes y ellos solo pierden tres.

- ¿Estamos en deuda con los guaraníes?
– Entiendo que sí. El guaraní se hablaba en Uruguay hasta comienzos del siglo XX. Personalmente conocí a una señora en Artigas, donde me crié, década del 50, que rezaba el rosario en guaraní. Mi padre era de Constitución y mi madre de Artigas, se casaron y se fueron a vivir a Arapey porque ahí estaba el cuartel, mi padre era soldado. Ellos no decían Arapey, decían Arapeí, esa es la forma más aproximada a como se dice en guaraní. Lo que nos quedó fue gran parte de la toponimia uruguaya con nombres guaraníes, como Itapebí, Boycuá que son términos guaraníes. Algunos están desdibujados, no se sabe qué significa, como por ejemplo Daymán, que no hay nada que lo relacione con nada. He estado en contacto con el presidente del Ateneo de Lengua Guaraní, y me dice que con Daymán no encuentra ningún parecido con nada.
Así que nos quedó eso, y quedaron además muchas costumbres. Por ejemplo, la de bañarnos todos los días (risas), lo aprendimos de los indios, eso es una herencia indígena, una herencia guaraní. Justamente, cuando los jesuitas a partir de 1609 comenzaron a construir las Misiones, las instrucciones que tenían era la de buscar un lugar con leña, obviamente, pero con agua, porque esa gente tenía la costumbre de bañarse todos los días.
Conocí en Montevideo a franceses que venían por dos años a la oficina y ellos no tenían la costumbre de bañarse todos los días. Cuando se fueron me dijeron que lo que aprendieron en Uruguay fue a bañarse todos los días. Y esa es una herencia nuestra.
En los pueblos es muy común que a las cinco de la tarde se sienten en la vereda a tomar mate, todos bañados, limpios, es una costumbre de los barrios del interior en Uruguay. Y esto del aseo personal viene de ahí. El legado guaraní, aparte del mate, es lo que tenemos que seguir estudiando. Este libro para mí es un desafío a que muchos se pongan a estudiar, porque se van a encontrar muchas cosas.

Perfil de Juan Carlos Palacios:

Casado. Tiene dos hijos y tres nietos. Es del signo de Tauro. De chiquito quería ser aviador. Es hincha de Peñarol.

¿Una asignatura pendiente? Ir a Machu Pichu.
¿Una comida? El strogonoff
¿Un libro? Corazón de Edmundo D’Amicis.
¿Una película? La Misión.
¿Un hobby? Sacar fotos.
¿Qué música escucha? Soy ecléctico, me gusta toda la música.
¿Qué le gusta de la gente? La lealtad.
¿Qué no le gusta de la gente? La envidia.

Entrevista de Leonardo Silva