“La adrenalina de la cirugía es saber que en media hora o en cuarenta minutos podés salvar una vida o no”

Entrevista a Juan Piegas Areta

Juan Piegas Areta (36), es un joven médico salteño radicado en Montevideo y que viene recorriendo el mundo con algunas técnicas creadas por él en su especialidad, la que lo ha traído nuevamente a su terruño, al menos una vez al mes para trabajar en una clínica privada. Es convocado por congresos técnicos en distintos países y también por programas de televisión para hablar de sus conocimientos en cirugía cardiovascular y flebología. Dialogó con EL PUEBLO para compartir su experiencia.

– ¿De dónde surge su vocación por la medicina?
– De mi vocación por las ciencias biológicas, test vocacional mediante, que podía haber derivado a veterinaria o para la medicina. A quien le debo mucho y que me impulsó por mi carrera fue a Susana Decoud, que es la madre de un amigo. Después Juan Cruz Lorenzelli hizo hasta 4º de medicina y luego hizo veterinaria. Pasa que c482376_10151431974744902_1697728731_nuando terminamos el bachillerato de Biológica estábamos en duda de qué hacer, y Susana fue la que nos llevó hasta el hospital a ver alguna cirugía y acercarnos un poco a la medicina, sobre todo a lo quirúrgico, y ahí me enamoré definitivamente de la medicina…

– ¿Qué fue lo que le atrajo particularmente?
– La incidencia que podemos tener en la vida de las personas tan rápidamente. Me apasiona más la cirugía. La medicina es fundamental porque hace cambios en la vida de la gente mientras que la cirugía tiene otra adrenalina por saber que en media hora o en cuarenta minutos salvás una vida o se te muere el paciente, como cuando abrís una aorta rota, por ejemplo, que es una de las situaciones más complejas que podemos ver en cirugía vascular. Además, tenés que ser muy humano, sobre todo el cirugía vascular porque tratás con pacientes crónicos en diálisis, que son pacientes muy complejos, muy demandantes, que necesitan mucha contención humana porque se trata de gente que la vida realmente los ha castigado. Imagínate que conectarse a una máquina tres veces por semana durante cuatro horas es una cosa espantosa. Entonces, necesitan un buen acceso para diálisis y demás, y eso es parte de la cirugía vascular.

– La ciencia tiende a explicar todo, más en la medicina. De todas formas, en el quirófano, ¿ha visto algún milagro? Me refiero a ese paciente que ya era dado por perdido y de repente sale adelante.
– Si, si, sin duda. He visto milagros, he tenido sensaciones, he tenido compenetración con el paciente y con la situación, con pacientes que han llegado baleados y que entraron muertos porque así estaba registrado en el informe preoperatorio y lo logramos salvar, y eso es un milagro.

– ¿Pero se trata de un milagro o del arte del médico?
– Claro, es el arte del médico y algo más, que nos ayuda. Es el arte sumado a la medicina basada en evidencia, a los conocimientos científicos y a la técnica quirúrgica, a lo que se le suma algo de milagro. Está el dicho, no hay cirujano sin suerte, y es un poco eso, tenés que tener un poco de suerte para resolver los pacientes. También está lo otro, me ha pasado que te compenetrás tanto con el paciente que así como ves milagros de que se van a salvar, minutos antes sentís que el paciente está perdido. Me ha pasado que se me cruza un frío, eso me ha pasado con tres o cuatro pacientes politraumatizados tras haber sido atropellados, que han fallecido en el block quirúrgico. Ves que está todo bien en los monitores y de pronto aparece un frío. Las primeras veces no lo entendía y luego hablando con cirujanos viejos me dijeron que se trata de un aura que hay, como una sensación, una energía que sentís, y a los tres minutos el pacientes se muere.

– ¿Y eso desde el punto de vista científico se puede explicar?
– No se puede… Me gusta mucho una foto de un block quirúrgico que anda en la vuelta donde se ve al cirujano operando y hay una figura tipo ángel parada atrás observando la cirugía, y es eso, uno llega hasta cierto margen pero hay algo más, algo supremo, que termina por definir ciertas situaciones inclinando la balanza, donde uno hace todo lo posible, lo que esté a su alcance, lo mejor técnicamente, todo correcto, y el paciente luego sale bien o sale mal.

– ¿Todos los médicos piensan como usted sobre esas sensaciones dentro del block quirúrgico?Juan Piegas Areta
– Creo que la mayoría de los cirujanos, que si bien somos bastantes egocentristas por tener la autoestima bastante elevada, sobre todo en las nuevas generaciones que estamos con una formación de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y con un perfil de los últimos veinte años mucho más humanista, tenemos ese pensamiento de que tenemos que estar formados cien por ciento, académicamente ser excelentes y buscar siempre la excelencia, pero sabiendo que hay un límite supremo que de alguna forma nos ayuda.

– ¿Por qué optó entre tantas especializaciones por la cirugía cardiovascular y angiología?
– En mi carrera, que fue bastante sacrificada y con altibajos, no tengo problema en reconocerlo y hasta cierto punto estoy orgulloso de ello, el sacrificio sobre todo de mi familia y de algunas personas maravillosas que pasaron por mi vida como Susana Decoud, Pablo Ithurralde, que me dieron una gran mano si no, no podría estar hoy acá. Durante mi formación empecé a trabajar, y mi primer trabajo fue como ayudante quirúrgico en el Mautone de Maldonado, ahí tuve contacto con todas las especialidades en cirugía. Ayudaba en neurocirugía, en ginecología en las cesáreas, ayudaba a los urólogos y también a los cirujanos vasculares. Ahí conocí al Grado 5 de la cátedra, Alejandro Esperón, y como siempre tuve claro que me gustaba la cirugía, aunque no tenía tan claro en qué especialidad. Fue en mi trabajo en el Mautone que me decidí.

– ¿Eso llevó a que desde el año pasado venga seguido a trabajar en su especialidad a Salto?
– Sí, porque también me dedico a lo flebológico y fleboestético, por eso vengo una vez por mes a una clínica privada a hacer flebología y fleboestética, que son las varices, las arañitas o varices más complejas. Nos está yendo bastante bien.

– ¿Cómo es eso de que después de estudiar tantos años y obtener una especialización, cuando se piensa que alcanzó la cumbre, se da cuenta que hay aún más camino por recorrer y tiene que seguir estudiando y capacitarse? Incluso me llama la atención que no solo está estudiando en el exterior sino que además está yendo al exterior a dar charlas…
– Así es. Me formé en San Pablo en estas subespecialidades dentro de la especialidad, porque hablar de cirugía cardiovascular es bastante decir. Es pequeño, entra apenas un residente por año, así que se recibe un médico por año en cirugía cardiovascular en Uruguay, y dentro de eso me incliné por las subespecialidades de la flebología. Debido a eso es que debí continuar formándome en el exterior, en San Pablo (Brasil), en Perú también, y hemos desarrollado dentro de la escuela alguna cosita con tinte propio, que ha interesado y he tenido muy buenos resultados, sobre todo en patologías muy complejas…

– ¿Es verdad que ha desarrollado una técnica propia e innovadora en su especialidad?
– Sí. Estamos trabajando con espuma de polidocanol , que consiste en inyectar una sustancia química, irritar el endotelio de la vena y hacer su cierre. Eso en algunos centros que no pueden cubrirlo por no estar dentro de la cobertura mutual, se hace con cirugía abierta, o sea, con varias incisiones y tajos. Nosotros lo que hacemos es un pinchacito con una hojita pediátrica muy pequeña y logramos desaparecer la vena y solucionar el problema. El paciente viene caminando y se va caminando, es excelente.
Hemos desarrollado también algunos piques personales porque veíamos algunas carencias en las técnicas, sobre todo en los posoperatorios en el tema del vendaje y demás, por eso hemos desarrollado algunas cositas innovadoras que están interesando a nivel mundial, están empezando a escucharnos y utilizando lo que venimos haciendo. Mi primer paso fue el año pasado en Perú, donde presenté justamente estas nuevas técnicas, interesó mucho, y para este año tengo invitaciones de Bolivia, México y para la Unión Internacional de Flebología, que es la máxima entidad mundial en la materia. Me invitaron para ir a Cracovia (Polonia) en agosto, y ahí estaremos, tratando de hacer el mayor esfuerzo para tratar de estar en la mayor cantidad de países posible. La flebología no es una entidad que tenga demasiados sponsors económicos, por eso hay mucho de sacrificio personal el poder participar en estos congresos, donde te hacen llegar la invitación para exponer pero no te pagan los pasajes. Pero uno aprovecha estos encuentros para desarrollar relaciones humanas, sobre todo en Latino América. Hago el esfuerzo porque veo que la demanda de conocimiento es importante.
– ¿Qué se siente ser también convocado por programas de televisión de alcance nacional para hablar de su especialidad?
– Justo antes de venir al diario a conversar contigo salí en “Calidad de Vida”. Realmente es un orgullo, es como la frutilla de la torta de terminar una carrera que llevó tantos años.

– Una pregunta de su época de estudiante, ¿fue miembro fundador de la Sociedad Científica de Estudiantes de Medicina de la Universidad de la República?
– De muy joven, en tercero o en cuarto año de Facultad, con un grupo de cuatro o cinco locos o soñadores, descubrimos que había a nivel latinoamericano una realidad de un compartir conocimiento, apuntando a la excelencia ya desde el estudio de la carrera, no esperar para recibirte e ir a congresos sino que ya desde estudiante comenzar a apuntar a la excelencia compartiendo conocimiento y trabajo científico. Creo que justamente eso es una de las grandes carencias que tiene la Facultad, la investigación. Por ese lado fue que nos contactamos con la sociedad latinoamericana, nos recibieron de forma espectacular y fuimos muy motivados a un par de congresos a Paraguay y a Chile, también con mucho esfuerzo personal, con apoyo institucional y del Decano de la Facultad, pero no mucho más que eso. Así que fundamos la Sociedad Científica, que fue el puntapié inicial, y ahora hay gurises que están siguiendo una línea de investigación en diferentes áreas. No son muchos, porque es difícil plantar la semillita, pero motiva igual. Y cuando se ven logros, porque hay chiquilines de tercero o cuarto que se ponen a investigar por algo que uno motivó a crear, nos satisface mucho.

Perfil de Juan Piegas Areta

Tiene una hija, Clara, que va a cumplir un año.
Es del signo de Leo. De chiquito quería ser médico.
Es hincha de Nacional.

Dice no tener asignaturas pendientes.
¿Una comida? Cuando vengo a Salto, una comida de olla que hace mi madre.

¿Un libro? El Principito.

¿Una película? Top Gun.

¿Un hobby? Salir a andar en bicicleta o a correr por la rambla.

¿Qué música escucha? Rock argentino.

¿Qué le gusta de la gente? Cuando son agradecidos.

¿Qué no le gusta de la gente? Cuando son desagradecidos.