“La florería es un cofre de oro en sentimientos, de su vivir, de valores íntegros que va recibiendo”

Margarita Gautrón, más conocida como Margot, fue hasta el 1º de marzo la cara visible de una florería que tuvo una presencia destacada en Salto, la que comienza hace más de cien años y cuya historia hoy comparte con nuestros lectores tras aceptar una conversación telefónica con EL PUEBLO desde su domicilio en Montevideo.

– El motivo de esta charla es no dejar pasar por alto los años que Florería Gautrón y particularmente su familia acompañó a los salteños con sus flores y plantas en las buenas y en las otras, cuando debíamos despedir a un ser querido. Estuvimos viendo algunas fechas, ¿puede ser que solo el vivero cumpliera más de 64 años?
– De la florería son más años, y el vivero es de 1903. La florería es anterior a mi nacimiento, yo nací en el 39, cuando las parejas de mis tíos estaban todas formadas, entonces mi tía Sara, se había recibido de maestra y la hermana ya tenía la florería, que era mayor que ella. Mi abuelo no dejó ir afuera a mi tía, porque la maestra tenía que empezar en campaña. Entonces mi tía se fue para el centro a la florería con una prima y vivió ahí hasta que se casó, y ahí vivía con su esposo, en Uruguay 723, donde estuvo la florería hasta el año 56, cuando muere mi padre. Nosotros vivíamos en Montevideo, que habíamos venido en el 48. En el 56 tenemos que volver a Salto por la quinta que tenía mi padre y había que hacerse cargo de todo. Entonces, en el 56 la compra mi madre. En el 66 muere mi hermana, que era quien estaba al frente de la florería, me voy de Montevideo, que por segunda o tercera vez venía a vivir, me vengo a Salto y me toca la florería.

– En Montevideo, ¿usted estudiaba o trabajaba?Florería 1
– Cuando me vine a estudiar mamá se enfermó de tal forma que estuvo dos meses acostada por la presión altísima.
Cuando yo me embarcaba a Montevideo de las vacaciones de julio, la empleada me dice, “¿usted va a dejar que su madre se muera por irse a estudiar?”.
Entonces vengo y consulto a mi tío acá en Montevideo, y me contesta que hiciera lo que me pareciera, le dije entonces que me iba a Salto. Yo ya tenía la carrera de profesora en francés, di clases en el liceo de Salto, después me casé, y cuando me casé, me vine para Montevideo a poner una casa de plantas de vuelta, que por tercera vez se ponía en Montevideo. Es cuando muere mi hermana, algo totalmente inesperado de un embarazo, en dos días se terminó la historia. Entonces me voy a Salto de vuelta, con mi marido y un bebé de cinco meses, y me voy a vivir a la florería porque mamá se va a la quinta con el marido de mi hermana y sus dos hijos. Mamá sigue en el vivero y yo en la florería.

– Y cuando mira todo ese camino recorrido desde entonces hasta hoy, ¿con qué se queda?
– Tengo la suerte que todos mis hijos están trabajando en algo parecido, que ahora se vendió todo, se vendió la florería, se está vendiendo el vivero, estamos sin Ciudad Jardín en Montevideo, eso me ha costado emocionalmente. De a poquito me empecé a venir porque yo estaba sola cuando me separé de mi marido, de eso hace 22 años, cuando él se cayó, se quebró, después se vino y ya no volvió a casa. La cosa fue que yo vivía sola en Salto, y pasaron diez años, y yo seguía y daba vueltas, ¿usted sabe lo que hay que trabajar en una florería? La florería no se puede dejar un minuto, porque están los velorios, porque están las fiestas, usted tiene que entregar aquello y esto otro, cuando fue a entregar una planta y no estaba la persona, tenía que ir más tarde de nuevo y seguía el mandadero dando vueltas. La cuestión es que cumplí mi trabajo lo mejor que supe. Después de eso uno de mis hijos, el varón, me fue a buscar, me dijo, “vamos a probar mamá, vení a Montevideo, estás unos días y otros volvés a Salto y ves lo que puedes hacer”, porque no querían verme sola.

Y bueno, eso se fue dando y me fui quedando hasta que en 2010 –hablábamos de 2003- decidí comprarme un apartamento y me quedé acá en Montevideo. Seguí yendo, me iba a Salto a pasar ocho días, otras veces dos días, otras veces quince días. Pero cuando empezó el asunto de los robos, que yo iba y entraba el auto sola de noche, porque tengo por costumbre hacerlo así, se dio la otra situación, no podía ir más sFlorería2ola a Salto, el tema era la inseguridad, la puerta, el barrio que no había nadie de noche, “eso es horrible, ¿por qué no alquilás esa casa, vas a un hotel y te dejás de embromar porque todo esto es una pesadilla?”, me dijeron mis hijos. Bueno, pasé un año muy largo pensándolo.

Vino entonces el ofrecimiento de una persona que conozco, me alquiló la casa y después empezamos con lo de la florería, que mi marido me decía, “¿por qué no la vendés?”, ¿por qué no la vendo? Porque me la devuelven a los seis meses, porque no saben comprar flores, cómo administrarla, porque no es una cosa redituable, porque no es como la gente cree que piensa que es una maravilla. Siempre le he puesto mucha plata a la florería. Pero bueno, se dio que en un momento que tenía que ir a venderla no fui, fue mi hija, firmó todos los papeles porque estaba a nombre de ella porque yo me quería jubilar, ahora ya hace tres años que estoy jubilada. Este 23 cumplo 80 años así que me jubilé a los 76. El amor a la florería es algo muy grande, muy grande.

– Cuando se dio la noticia de la venta de la florería pudo verse, particularmente en las redes sociales, un sentimiento de agradecimiento por todo lo que usted y la florería hicieron por la sociedad salteña…
– Y lo que hubiéramos podido hacer que no hicimos, porque el Garden se puso en el medio, porque cambió la gente en la intendencia. Yo iba a remodelar toda la Plaza de Deportes a instancias del Toto Campos, que estuvimos hablando en un viaje… pero la intendencia se llevó empleados de la quinta, el Toto lamentablemente se murió, pero el tema no pasa por ahí. A mí me mandan plantas y flores, rosales de Austria, y cuando yo nací había en el vivero 70 variedades de rosas…

– ¿Y qué pasó?
– ¿Qué pasó? Las fueron robando, y llegó un momento que la persona que hacía las rosas no quiso hacer más. No se olvide que cuando yo perdí a mi padre, en el vivero había cien empleados. Mi madre quedó con eso que fue una responsabilidad tremenda, ¿por qué nos tuvimos que ir a vivir a Salto? Por esa responsabilidad de dar trabajo a cien personas, había que pegarles todos los sábados. Toda esa gente estuvo en Caja hasta el día de hoy, y eso nadie lo valora.

– Pasa también que uno iba a la florería y solo veía la parte linda, no lo que usted ahora nos cuenta…
– Por eso le decía que vendo y atrás mío viene la devolución (risas). Porque yo le decía a mi marido, “con tu trabajo te comprás un camión, pero con mi trabajo no me compro un juego de comedor”, no son cosas redituables como la gente cree. De todas formas tengo el sentimiento muy profundo de que la florería me privilegió, porque tengo la suerte de que todo el mundo que me ha pedido se encuentre satisfecha de lo que logró de la florería, que cuando tuvieron necesidad de consultarme en algo, pude ayudar, porque para mí la florería fue un éxito magnífico.

– ¿Cuántas historias tendrá, donde las flores fueron testigos privilegiadas del nacimiento de una pareja, de una vida…?
– Hay cantidad de historias preciosas, “ay, cuando nació mi bebé recibí un ramo de Jacintos celestes que nunca más vi en mi vida”, “ay, cuando me casé, el ramo de flores me lo regalaste tú”, “ay, el ramo de novia que tuve cuando me casé, las cuatro rosas, los cuatro colores que yo quería”, y como esos cientos. Amalita Zaldúa, “cuando me llenaste la iglesia con unas azucenas que parecía que estábamos tocando el cielo”, cosas así, de todo tipo. Cuando llegaba navidad me llamaban, “no te olvides que tenés que refaccionarme el centro de mesa”. O cuando llegaba la fecha de casado de fulano o el día de la madre a buscar rosas…

– ¿Antes éramos más románticos o somos los mismos de siempre?
– Antes éramos muchísimos más, se le daba valor a eso. Usted no llegaba sin una flor cuando usted lo sentía, ahora es, ¿cómo le dicen?, mi nieta me dijo, “ay, qué cursi” (risas), entonces ya veo que no le puedo decir si le gustaría trabajar en mi florería, “nunca, cállate la boca” me han respondido, y son mis nietos.

– Las flores son sentimientos…
– Ah, sí. Cuando le poníamos un bombón, y cuando los bebés nacían que se les hacía los escarpines chiquititos para colgar los arreglos, todas esas cosas que fueron hechas con mucho cariño. Tuve la satisfacción que el día que nacieron mis hijas, mis clientas me tejieron batitas, recibí de todo. Hoy las cartas que me contestan y las cosas hermosas que me ponen. “Ay Margot, cada vez que moría alguien yo pedía a la florería a que me mandaran un ramito de rosas para fulano o mengano”, esa fue la Chiquita Solari, que me llamó el domingo, “no sabés la emoción que me producía cuando me decían que las únicas flores que se llevó fulano en el cajón fueron las tuyas”. Cosas como esas, mil.

– No se olvidan más…
– No, no se olvidan más, qué se va a olvidar.

– Ya a la distancia, a tantos kilómetros de distancia, ¿no empezó a extrañar?
– ¿Cómo no voy a extrañar? Estoy extrañando que no puedo llamar todos los días a la florería (risas). Es así la cosa, yo me levantaba y lo único que hacía era abrir los ojos para la florería. ¿Qué le parece a usted?

– Que es difícil desenchufarse después de haber estado toda la vida en esto…
– Y qué malo es desenchufarse del todo, porque lo que usted cultivó todo el tiempo es el título de lo que usted hizo en su vida, y tiene que buscarle una dispersión muy acorde con eso, pero no dejar de andar con un título bajo el brazo, de buen padre, ese es mi primer título, que fui buena madre que tengo hijos como gallina, debajo mío. Ese es el título, pero después que lo que cumplí, no lo cumplí mal. Si yo paso por un lado y veo torcidas las flores, las enderezo. El jardín de acá del apartamento lo cuido yo, y pongo y saco lo que quiero, pero porque no lo puedo ver de otras manera, a los demás les da lo mismo.
Solo hay dos personas que me dan las gracias, uno me trae chocolate. Me vinieron a buscar de otros edificios, el de enfrente, el de la otra esquina para arreglarles el jardín.
Así están las cosas, y que la florería es un cofre de oro, es un cofre de oro, pero de sentimientos, de su vivir, de valores íntegros que va recibiendo.

PERFIL DE
MARGARITA GAUTRÓN
Es del signo de Aries, el próximo sábado cumplirá 80 años. Es hincha de Peñarol.

¿Cuál es su flor preferida? La rosa.

¿Qué flores prefiere con los arbustos? Las magnolias, las azaleas.

¿Cuál es el parque que admira? Ni hablar los parques de Francia, pero valoricemos nuestro Parque Solari que está hermosísimamente bien plantado y que no tenemos que perderlo de vista.

¿Qué le gusta de la gente? El amor que ponen en las cosas.

¿Qué no le gusta de la gente? El enfrentamiento, el choque, la crítica, eso me molesta muchísimo.

Leonardo silva