La historia , a veces fue escrita con cierta intencionalidad para rescatar a algunos personajes y ensombrecer a otros

Regresó a nuestra ciudad Diego Fischer, periodista devenido en escritor, como él mismo se define, en esta ocasión para presentar su último libro, “A mí me aplauden. Las historias que China no contó”, sobre la vida de China Zorrilla, dando inicio al “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por diario EL PUEBLO y Random House Mondadori. En diálogo con EL PUEBLO, Fischer adelantó que dentro de sus proyectos figura escribir un libro cuya historia se desarrollará en Salto.
- ¿Cómo se define? ¿Escritor, periodista, investigador, historiador?
- Historiador no…
- Pero usted escribe sobre personas que han pasado por la historia de nuestro país, como Juan de Ibarbouru, hoy nos trae en su último libro la historia de China Zorrilla, también escribió lo que pasó entre José Batlle y Ordóñez y Wáshington Beltrán…
- Sí, claro… ¡Qué tupé!
- Su “qué tupé” fue parafraseado por el edil colorado Adrián Báez en nuestra Junta Departamental para responderle a un edil de la oposición.
- Es que era una expresión muy común hace un tiempo, después cayó en desuso.
- Ahora fue rescatada de ese ostracismo involuntario gracias a usted.
- En todo caso gracias a Wáshington Beltrán, que fue quien escribió esa nota en su momento. Pero me preguntabas cómo me defino, me defino como lo que soy, un periodista con 33 años ininterrumpidos de ejercicio de la profesión que devino en escritor y que para sus libros realiza investigaciones periodísticas, procurando mostrar, desde una perspectiva periodística y no histórica, aquellas historias que la historia, por una razón u otra, olvidó, de forma deliberada en muchos casos o simplemente porque las cosas se dieron simplemente de esa manera.
- Hace poco pregunté a Leonardo Haberkorn qué llevaba a un periodista a escribir libros, y me contaba que al empezar a escarbar una historia podía encontrarse con más contenido y mayor profundidad que lo que podía abarcar una simple nota en el diario, dando nacimiento así a un proyecto de libro. ¿Le ha pasado lo mismo o usted comienza a investigar ya con el libro en mente?
- En mi caso el planteo siempre ha sido “esto va a ser un libro”. Ahora, ese libro después puede adquier otra forma como adaptaciones teatrales, como sucedió con “¡Qué tupé!”, con “Al encuentro de las tres Marías” o como el que se viene, “Que nos abrace el viento”, que es la biografía de don Antonio Lussich, que esperemos ver si lo podemos traer a Salto cuando lo estrenemos, aquí ya tuvimos una maravillosa experiencia en ese teatro excepcional que ustedes tienen, que es el Larrañaga.
Coincido con lo que dice Haberkorn, él ha escrito muchos libros. Pero en mi caso lo que hago es plantearme una investigación para una publicación. Lo que me ha sucedido casi como una norma no escrita es que sé desde dónde arranco pero no sé a dónde voy a llegar. Sé a dónde quiero llegar pero después la investigación, los documentos, la información que va surgiendo me lleva por otros territorios.
- Al retorno a la democracia, años 1984 y 1985 en adelante, hubo una efervescencia en la aparición de libros de autores uruguayos, luego decayó, pero en estos últimos años se ha recuperado ese fecundo trabajo y se están publicando muchos libros, tanto de historiadores como de periodistas, ¿cómo observa este fenómeno?
- Me parece extraordinario, algo fantástico. Los uruguayos estuvimos acostumbrados a tener una única versión de la historia o de las historias, aunque suene una contradicción, lo que tuvimos casi siempre fue una historia oficial, y lo que estamos haciendo muchos periodistas en esas investigaciones, puedo hablar por mí pero también lo he visto en otros colegas, es mostrar documentadamente y de una forma respetuosa, que la historia no fue una sola, que la historia fue escrita a veces con cierta intencionalidad para rescatar a algunos personajes y ensombrecer a otros…
- ¿Sobre eso es por ejemplo lo que trata de echar luz su libro “¡Qué tupé!”, al devolverle esa humanidad que el marfil le había robado a Batlle y Ordóñez, mostrando a Don Pepe poniendo una bala preparada para matar en duelo a Beltrán?
- Bueno, la gente se ha quedado con la anécdota de la bala supuestamente marcada, algo que nunca sabremos…
- Porque la familia de Beltrán no habla de eso…
- La familia Beltrán empezó a hablar después del libro, tampoco tenía información. No nos olvidemos que cuando Wáshington Beltrán muere en 1920, su mujer tenía 30 años, estaba embarazada de 7 meses y medio, y tenía 3 hijos más, el mayor de 6, Wáshington, y el menor, Enrique Beltrán Mullins, que es uno de los directores “ad honorem” del diario El País, que luego que yo terminara la investigación y publiqué el libro, la propia familia Beltrán se enteró de muchas cosas que no sabía.
- Recuerdo que en una anterior visita a Salto, usted se reunió con quienes trabajamos en El Pueblo y hablamos de este libro, donde nos comentó que la familia Beltrán no había ayudado en su investigación, de ese tema no hablaba al ser muy doloroso aún para ellos.
- Es así, pero no hablaba porque no tenía información, tenemos que ubicarnos en el tiempo y en su contexto. 1920, las mujeres no tenían voto y a veces poca voz. Elena Mullins de Beltrán así como Matilde Pacheco fueron mujeres que si tuvieron voz, dos mujeres extraordinarias para su época. Pero la señora Elena Mullins, con su profunda fe católica, optó por un camino que fue el de no transmitir ni odio ni rencor a sus hijos por ese hecho tan desgraciado que fue la muerte de esa promesa, de ese joven. No nos olvidemos que Wáshington Beltrán cuando muere tiene 35 años y era el casi seguro triunfador en las elecciones de octubre de 1920, donde se disputaba la presidencia del Consejo Nacional de Administración, estamos hablando del Poder Ejecutivo Colegiado instaurado por la Constitución de 1919. Era un obstáculo muy serio en la carrera política de José Batlle y Ordóñez quien veía a ese ascendente joven, vehemente, de una gran preparación y de un gran arraigo en los sectores más populares de la ciudadanía, cosa que habían sido hasta entonces casi un monopolio del Partido Colorado, y dentro de un Partido Nacional que iba unido frente a un Partido Colorado que no estaba dividido en sublemas sino que estaba dividido en distintos Partidos Colorados. Así que la historia hay que verla en su conjunto y en su contexto, el Partido Colorado de entonces tenía por lo pronto 3 partidos…
- ¿El batllismo, el riverismo y…?
- Y el socismo. No eran 3 agrupaciones dentro de un mismo lema, votaban en lemas separados, obviamente el batllismo era el lema mayor. Y en esas elecciones se ponía en juego mucha cosa, como la continuidad del batllismo en el poder.
- Pero usted ha llegado a Salto para presentar otro libro…
- Si, pero si me permite, me causa una grata sorpresa desde que he llegado a Salto que todos me preguntan por “¡Qué tupé!” antes de empezar a hablar del libro de China, lo que me agrada mucho porque me contaban que aquí “¡Qué tupé!” levantó toda una polémica…
- En todo el país.
- Si, pero con alguna diferencia, en Montevideo no hubo polémica, en Montevideo fue una andanada de insultos y descalificaciones de gente que ni siquiera había leído el libro, y por lo pronto mi propuesta era que transcurridos 90 años de esos hechos, en un Uruguay supuestamente maduro y democrático, lo que se esperaba era que se encarara un debate entre personas civilizadas. Al menos parece que eso pasó en Salto, y en buena hora.
- Llama la atención del título de su último libro que China se haya guardado alguna historia, porque ella siempre contó todo… ¿Qué podemos leer en el libro que no sepamos de China Zorrilla?
- Por ejemplo su verdadera historia de amor, que no fue lo que se ha contado o que ella contó. Una historia de amor que duró un cuarto de siglo. Este libro trae la historia de una mujer que vivió su vida intensamente, que como todo ser humano tiene luces y sombras, gozos y amarguras, por eso es una historia de vida. En el caso de China, vaya qué vida intensa ha tenido. Lo que he hecho con “A mí me aplauden…” es en parame en la vereda de enfrente de todo aquello que China contó, y no porque haya cosas sórdidas, oscuras, no imaginemos historias absurdas, sino porque hay una parte de su vida que China por diferentes razones, o porque no lo quiso contar porque no le dio trascendencia o porque no se dio la ocasión y no lo contó. Eso es lo que el libro rescata. El libro es una gran historia de amor, pero también es un retrato de un Uruguay que ya no está, no es con una mirada nostálgica, insisto, porque soy la anti nostalgia, los uruguayos estuvimos enfermos de nostalgia, pero es el descubrir de una vida riquísima en historias.
- Esta noche vino al Ateneo a escucharlo presentar su último libro gente desde Concordia…
- Si, maravilloso.
- Y gente que se emocionó escuchando las anécdotas sobre la vida de China Zorrilla…
- Es que es el personaje, es la magia de China, en este caso uno es simplemente un transmisor que vincula al personaje con el público. El mérito es de China. Me llenó de alegría y de emoción ver lágrimas en la gente.
- ¿Por qué eligió el personaje de China Zorrilla para su último libro?
- Es un símbolo del Uruguay, de un Uruguay que ya no está. Es la única estrella -y esto va por cuenta mía- que ha dado el Uruguay, que además de ser una persona absolutamente extraordinaria le seguimos debiendo –creo que en parte he cumplido- el aplauso, el agradecimiento por tantos años de habernos hecho reír, habernos emocionado, habernos hecho pensar y por haber representado tan bien al Uruguay…
- ¿Una embajadora de nuestra cultura?
- Si, más que una embajadora… es China.
- Y siempre que se concluye un libro viene la pregunta, ¿qué sigue?
- Estoy trabajando en una investigación, pero déjeme decirle que tengo algunas cábalas (risas), no tengo problema de contarlas. Del libro en el que estoy trabajando no hablo hasta o bien entra en imprenta o la editorial decide hacer público cuál va a ser el tema, pero ya adelanto que, no el próximo pero si el siguiente, la historia va a transcurrir en Salto.

Regresó a nuestra ciudad Diego Fischer, periodista devenido en escritor, como él mismo se define, en esta ocasión para presentar su último libro, “A mí me aplauden. Las historias que China no contó”, sobre la vida de China Zorrilla, dando inicio al “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por diario EL PUEBLO y Random House Mondadori. En diálogo con EL PUEBLO, Fischer adelantó que dentro de sus proyectos figura escribir un libro cuya historia se desarrollará en Salto.

– ¿Cómo se define? ¿Escritor, periodista, investigador, historiador?

– Historiador no…

– Pero usted escribe sobre personas que han pasado por la historia de nuestro país, como Juan de Ibarbouru, hoy nos trae en su9  5  13 067último libro la historia de China Zorrilla, también escribió lo que pasó entre José Batlle y Ordóñez y Wáshington Beltrán…

– Sí, claro… ¡Qué tupé!

– Su “qué tupé” fue parafraseado por el edil colorado Adrián Báez en nuestra Junta Departamental para responderle a un edil de la oposición.

– Es que era una expresión muy común hace un tiempo, después cayó en desuso.

– Ahora fue rescatada de ese ostracismo involuntario gracias a usted.

– En todo caso gracias a Wáshington Beltrán, que fue quien escribió esa nota en su momento. Pero me preguntabas cómo me defino, me defino como lo que soy, un periodista con 33 años ininterrumpidos de ejercicio de la profesión que devino en escritor y que para sus libros realiza investigaciones periodísticas, procurando mostrar, desde una perspectiva periodística y no histórica, aquellas historias que la historia, por una razón u otra, olvidó, de forma deliberada en muchos casos o simplemente porque las cosas se dieron simplemente de esa manera.

– Hace poco pregunté a Leonardo Haberkorn qué llevaba a un periodista a escribir libros, y me contaba que al empezar a escarbar una historia podía encontrarse con más contenido y mayor profundidad que lo que podía abarcar una simple nota en el diario, dando nacimiento así a un proyecto de libro. ¿Le ha pasado lo mismo o usted comienza a investigar ya con el libro en mente?

– En mi caso el planteo siempre ha sido “esto va a ser un libro”. Ahora, ese libro después puede adquier otra forma como adaptaciones teatrales, como sucedió con “¡Qué tupé!”, con “Al encuentro de las tres Marías” o como el que se viene, “Que nos abrace el viento”, que es la biografía de don Antonio Lussich, que esperemos ver si lo podemos traer a Salto cuando lo estrenemos, aquí ya tuvimos una maravillosa experiencia en ese teatro excepcional que ustedes tienen, que es el Larrañaga.

Coincido con lo que dice Haberkorn, él ha escrito muchos libros. Pero en mi caso lo que hago es plantearme una investigación para una publicación. Lo que me ha sucedido casi como una norma no escrita es que sé desde dónde arranco pero no sé a dónde voy a llegar. Sé a dónde quiero llegar pero después la investigación, los documentos, la información que va surgiendo me lleva por otros territorios.

– Al retorno a la democracia, años 1984 y 1985 en adelante, hubo una efervescencia en la aparición de libros de autores uruguayos, luego decayó, pero en estos últimos años se ha recuperado ese fecundo trabajo y se están publicando muchos libros, tanto de historiadores como de periodistas, ¿cómo observa este fenómeno?

– Me parece extraordinario, algo fantástico. Los uruguayos estuvimos acostumbrados a tener una única versión de la historia o de las historias, aunque suene una contradicción, lo que tuvimos casi siempre fue una historia oficial, y lo que estamos haciendo muchos periodistas en esas investigaciones, puedo hablar por mí pero también lo he visto en otros colegas, es mostrar documentadamente y de una forma respetuosa, que la historia no fue una sola, que la historia fue escrita a veces con cierta intencionalidad para rescatar a algunos personajes y ensombrecer a otros…

– ¿Sobre eso es por ejemplo lo que trata de echar luz su libro “¡Qué tupé!”, al devolverle esa humanidad que el marfil le había robado a Batlle y Ordóñez, mostrando a Don Pepe poniendo una bala preparada para matar en duelo a Beltrán?

– Bueno, la gente se ha quedado con la anécdota de la bala supuestamente marcada, algo que nunca sabremos…

– Porque la familia de Beltrán no habla de eso…

– La familia Beltrán empezó a hablar después del libro, tampoco tenía información. No nos olvidemos que cuando Wáshington Beltrán muere en 1920, su mujer tenía 30 años, estaba embarazada de 7 meses y medio, y tenía 3 hijos más, el mayor de 6, Wáshington, y el menor, Enrique Beltrán Mullins, que es uno de los directores “ad honorem” del diario El País, que luego que yo terminara la investigación y publiqué el libro, la propia familia Beltrán se enteró de muchas cosas que no sabía.

– Recuerdo que en una anterior visita a Salto, usted se reunió con quienes trabajamos en El Pueblo y hablamos de este libro, donde nos comentó que la familia Beltrán no había ayudado en su investigación, de ese tema no hablaba al ser muy doloroso aún para ellos.

– Es así, pero no hablaba porque no tenía información, tenemos que ubicarnos en el tiempo y en su contexto. 1920, las mujeres no tenían voto y a veces poca voz. Elena Mullins de Beltrán así como Matilde Pacheco fueron mujeres que si tuvieron voz, dos mujeres extraordinarias para su época. Pero la señora Elena Mullins, con su profunda fe católica, optó por un camino que fue el de no transmitir ni odio ni rencor a sus hijos por ese hecho tan desgraciado que fue la muerte de esa promesa, de ese joven. No nos olvidemos que Wáshington Beltrán cuando muere tiene 35 años y era el casi seguro triunfador en las elecciones de octubre de 1920, donde se disputaba la presidencia del Consejo Nacional de Administración, estamos hablando del Poder Ejecutivo Colegiado instaurado por la Constitución de 1919. Era un obstáculo muy serio en la carrera política de José Batlle y Ordóñez quien veía a ese ascendente joven, vehemente, de una gran preparación y de un gran arraigo en los sectores más populares de la ciudadanía, cosa que habían sido hasta entonces casi un monopolio del Partido Colorado, y dentro de un Partido Nacional que iba unido frente a un Partido Colorado que no estaba dividido en sublemas sino que estaba dividido en distintos Partidos Colorados. Así que la historia hay que verla en su conjunto y en su contexto, el Partido Colorado de entonces tenía por lo pronto 3 partidos…

– ¿El batllismo, el riverismo y…?

– Y el socismo. No eran 3 agrupaciones dentro de un mismo lema, votaban en lemas separados, obviamente el batllismo era el lema mayor. Y en esas elecciones se ponía en juego mucha cosa, como la continuidad del batllismo en el poder.

– Pero usted ha llegado a Salto para presentar otro libro…

– Si, pero si me permite, me causa una grata sorpresa desde que he llegado a Salto que todos me preguntan por “¡Qué tupé!” antes de empezar a hablar del libro de China, lo que me agrada mucho porque me contaban que aquí “¡Qué tupé!” levantó toda una polémica…

– En todo el país.

– Si, pero con alguna diferencia, en Montevideo no hubo polémica, en Montevideo fue una andanada de insultos y descalificaciones de gente que ni siquiera había leído el libro, y por lo pronto mi propuesta era que transcurridos 90 años de esos hechos, en un Uruguay supuestamente maduro y democrático, lo que se esperaba era que se encarara un debate entre personas civilizadas. Al menos parece que eso pasó en Salto, y en buena hora.

– Llama la atención del título de su último libro que China se haya guardado alguna historia, porque ella siempre contó todo… ¿Qué podemos leer en el libro que no sepamos de China Zorrilla?

– Por ejemplo su verdadera historia de amor, que no fue lo que se ha contado o que ella contó. Una historia de amor que duró un cuarto de siglo. Este libro trae la historia de una mujer que vivió su vida intensamente, que como todo ser humano tiene luces y sombras, gozos y amarguras, por eso es una historia de vida. En el caso de China, vaya qué vida intensa ha tenido. Lo que he hecho con “A mí me aplauden…” es en parame en la vereda de enfrente de todo aquello que China contó, y no porque haya cosas sórdidas, oscuras, no imaginemos historias absurdas, sino porque hay una parte de su vida que China por diferentes razones, o porque no lo quiso contar porque no le dio trascendencia o porque no se dio la ocasión y no lo contó. Eso es lo que el libro rescata. El libro es una gran historia de amor, pero también es un retrato de un Uruguay que ya no está, no es con una mirada nostálgica, insisto, porque soy la anti nostalgia, los uruguayos estuvimos enfermos de nostalgia, pero es el descubrir de una vida riquísima en historias.

– Esta noche vino al Ateneo a escucharlo presentar su último libro gente desde Concordia…

– Si, maravilloso.

– Y gente que se emocionó escuchando las anécdotas sobre la vida de China Zorrilla…

– Es que es el personaje, es la magia de China, en este caso uno es simplemente un transmisor que vincula al personaje con el público. El mérito es de China. Me llenó de alegría y de emoción ver lágrimas en la gente.

– ¿Por qué eligió el personaje de China Zorrilla para su último libro?

– Es un símbolo del Uruguay, de un Uruguay que ya no está. Es la única estrella -y esto va por cuenta mía- que ha dado el Uruguay, que además de ser una persona absolutamente extraordinaria le seguimos debiendo –creo que en parte he cumplido- el aplauso, el agradecimiento por tantos años de habernos hecho reír, habernos emocionado, habernos hecho pensar y por haber representado tan bien al Uruguay…

– ¿Una embajadora de nuestra cultura?

– Si, más que una embajadora… es China.

– Y siempre que se concluye un libro viene la pregunta, ¿qué sigue?

– Estoy trabajando en una investigación, pero déjeme decirle que tengo algunas cábalas (risas), no tengo problema de contarlas. Del libro en el que estoy trabajando no hablo hasta o bien entra en imprenta o la editorial decide hacer público cuál va a ser el tema, pero ya adelanto que, no el próximo pero si el siguiente, la historia va a transcurrir en Salto.