Lauro de la Cruz, un hombre espiritual que nos invita a cuidar y respetar a la naturaleza

Sanador, sacerdote maya y tibetano

ESi bien parecería ser a primera vista un “nombre” religioso, en verdad se trata de su propio nombre, Lauro de la Cruz descubrió desde temprana edad su vocación sacerdotal desde las culturas tibetanas y mayas. Nacido en Chiapas (México), ya a los seis años de edad fue llevado por un monje tibetano al Tibet donde “descubrió que tenía ciertos dones”, por lo que se le encomendó “velar por la naturaleza, plantas, piedras y todo ser vivo”. Encontramos a Don Lauro de la Cruz en la “Posada del Tata”, a unos cuatrocientos metros de las Termas de San Nicanor, en contacto con la naturaleza silvestre del lugar. Luego de desayunar, recibió a EL PUEBLO en medio del campo en un día soleado y agradable.

Extrañamente se trata de un hombre parco al hablar, elude la mirada, si bien se nota que es una persona agradable y que saluda a sus amigos con un abrazo y a los desconocidos con un doble apretón de manos agachando la cabeza en señal de humildad, se nota su incomodidad al estar como obligado a hablar frente a un grabador con un periodista. Elude algunas respuestas restándole importancia. Físicamente se trata de una persona robusta y de poca estatura, de piel algo oscura y con rasgos indígenas, con un notorio acento mexicano y de sonrisa fácil. A cada instante de la entrevista señala lo cómodo que se siente al estar rodeado de tanta naturaleza.

- ¿Por qué fue llevado al Tibet siendo tan chiquito?

– Coincidencias de la vida (se ríe).

- ¿Pero por qué va al Tibet, su familia tuvo que viajar allí por alguna razón?

– No, no, nada que ver, mis padres son campesinos. Nosotros vivimos en una ciudad que para entonces era muy pequeña, que se llama San Cristóbal de las Casas, ahí llegó un monje, ahí nos conocimos y ahí comenzó toda esa redada para continuar hacia el Tibet.

- ¿Es a esa edad, a los seis años, que descubrieron que usted tenía ciertos dones?

– Pues más que saber que yo tenía ciertos dones tenía ciertas rebeldías (risas), era muy travieso.

- ¿Por dónde pasa ese descubrimiento?

– Voy al Tibet precisamente para prepararme, y ya cuando regreso lo hago a mi comunidad, y es ahí cuando me convierto en sacerdote maya.

 - ¿Y también sacerdote tibetano?

– También tibetano, sí.

e2- ¿Fue al Tibet sabiendo que había algo especial en usted?

– No, no, no.

- Sigo sin entender por qué va entonces al Tibet a sus seis años de edad.

– Por suerte, por curiosidad.

- ¿Suya o de sus padres?

– No, del monje. Él vio algo, algo sintió para ser tan gran cosa de la vida.

- ¿Y qué descubrió en el Tibet?

– Pues descubrí la filosofía, la astrología, la medicina.

- ¿Ahí también se le manifestó su compromiso con la naturaleza?

– Ahí es cuando empiezas a encontrarte con las montañas y con uno mismo.

- ¿En qué consisten esos dones que descubrieron en usted?

– Más que nada ahora es como enfrentar, entender y comprometerse con la naturaleza. De eso se trata.

- ¿Y cómo se conecta con la naturaleza?

– Así como ahorita, con todo este brillo, con toda esta esencia, con todo este aroma tan maravilloso (acaricia y huele las flores a nuestro alrededor), así es como realmente vamos entrando a la esencia de la naturaleza.

- ¿Por qué es necesario entender a la naturaleza?

– Bueno, yo creo que realmente quien entiende a la naturaleza entiende su amor, entiende su alegría, entiende realmente a dónde vamos, quiénes somos, qué queremos de la naturaleza en realidad.

- ¿Cómo logra conjugar lo maya con lo tibetano? ¿Hay puntos de encuentro?

– A través de la humildad, a través de la sonrisa y de la alegría, a través de estar en el lugar preciso como este lugar, así es.

- ¿Hay algún tipo de relación espiritual o religiosa entre lo maya y lo tibetano?

– Sí, claro. Lo tibetano como lo maya son religiones de la naturaleza, así es.

Los mayas y el fin del mundo: se acaba un ciclo y comienza otro

- Dicen que usted puede curar, ¿qué cura?

– Realmente quien cura es la naturaleza, quien es sanado lo es por la naturaleza, esa es la realidad.

- ¿Usted vendría a ser un vehículo entre la naturaleza y el enfermo?

– Un vehículo con la naturaleza, si, es como si tuvieras un atore y te desatoras a través de la risa, a través de sentir un aroma, que algo te haga clic otra vez con la vida.

- Pero si entonces cura la naturaleza, ¿cuál es su participación en este proceso de sanación?

– Como si fuera un tratamiento de terapia, dar a entender, que comprenda la persona que la enfermedad existe pero que es más la enfermedad de la mente.

- Hay quien sostiene que la sanación de cualquier enfermedad no se alcanza si no se tiene un pensamiento positivo de que lo puede lograr.

– Mira, algo curioso, ahora se llama programa neurolingüístico, cuando dices “nunca”, y es que hay la probabilidad de transformar al ser humano, desde ahí está la sanación.

- ¿Qué tipo de cáncer ha curado?

– Muchos, terminales… garantizado.

- ¿Y estos trabajos que usted realiza lo hace exclusivamente a través de la naturaleza o de algún dios?

– No, es la naturaleza, es el hombre, es el querer cambiar y transformarse, si se puede.

- ¿Usted cómo se define? ¿Es un sanador, un curandero?

– Soy un hombre de sonrisa (risas), de sonrisa a la vida.

- ¿Usted siente que tiene poderes?

– No, lo que tengo es una transformación personal que me deja en este estado de felicidad, en esta alegría, en este momento, en este instante, en el aquí y en el ahora.

- ¿No hay nada que le preocupe?

– Mmm… tengo un problema, sí, ser feliz y morir en paz.

- Usted recorre los países tratando de hacernos tomar conciencia sobre la necesidad de cuidar a la naturaleza.

– Claro que si, primero lo he tomado yo, tomándolo desde mi país y desde mi estado de conciencia. He tomado ya esa conciencia y ahora puedo compartir sonriendo esta parte de mi conciencia.

- ¿Estamos matando a la naturaleza?

– Si nos damos cuenta, a cada instante, a cada momento, tanto estamos matando a la naturaleza como a nuestra naturaleza.

- ¿Existe alguna razón para tener confianza que aquello que estamos destruyendo lo podemos revertir?

– Claro, claro, esa es la conciencia. Cuando haces conciencia de que somos parte de la naturaleza, de un árbol, de un pájaro, de las rocas, esa es la conciencia en realidad.

- ¿Cómo se logra convencer a la gente, que según dicen, tenemos una naturaleza autodestructiva?

– Mira, yo creo que no es convencerla, es convencerse uno de que podemos cambiar, esa es realmente la respuesta.

- ¿Hay que comenzar por uno mismo para luego poder convencer a los demás?

– Así es, así es mi hermano.

- ¿Cómo se convence que nos estamos haciendo daño a nosotros mismos?

– Mira, algo importante es cuando tú estás bien, cuando tú estás bien te empiezas a dar cuenta que empiezas a irradiar todo positivo, todo bonito. Mira, hoy estamos en un día tan bello y es bueno que todos compartamos este día bello, y eso es muy importante.

- Usted se define como un hombre de luz, pero para llegar a eso tiene que haber conocido la oscuridad, ¿fue tentado por la oscuridad?

– Mira, siempre te va a tentar en todo el día, la diferencia está en cómo quieres resolver el problema, enojado o feliz, ahí está el secreto de todo.

- ¿Cómo logró vencer la tentación?

– Sabes que lo fácil es difícil y lo difícil es muy fácil, entonces es un juego mental, y al convertirse en un juego mental realmente como mayas que somos lo convertimos desde el corazón.

- No puedo terminar esta entrevista sin formularle una pregunta un tanto banal, según los mayas el mundo se terminaría el año que viene ¿es cierto?

– Mira, como todas las palabras, se tergiversan. No creo que ellos hayan hablado de un fin del mundo, se acaba un ciclo y comienza otro, no estaba escrito para la sociedad civil pero si está escrito para nosotros y nosotros no sabemos nada de que se acaba el mundo. Que van a pasar acontecimientos que ya están pasando, que son muy normales, como el movimiento de la Tierra y galáctico, porque estamos hablando de un momento galáctico. O sea, la galaxia por fin se dio vuelta y vuelve a llegar del punto del que partió al punto donde debe estar otra vez. Entonces, es una fiesta galáctica realmente, la cual nos dice que la Tierra está más de frente al sol, que son los cambios que estamos viendo de la naturaleza.

- Ese cambio, ¿mejorará o perjudicará el tipo de vida que hoy tenemos?

– Mira, nosotros hablamos de algo muy hermoso, la vida la definimos en dos puntos, en caos o en felicidad. La naturaleza es como la vivimos nosotros, hoy nos levantamos contentos, a veces enojados, al rato volvemos a estar contentos, traemos puro movimiento, y ese movimiento es lo que nos hace transformarnos.

- Aprovechando su presencia, ¿qué mensaje le dejaría a la gente?

– Que dejemos de ser seres pensantes porque antes de ser seres pensantes éramos seres “sintientes”. Antes sentía el dolor de un árbol, el dolor de los animales, y hoy nos hemos olvidado de eso. Cuando volvamos a recordar eso nos vamos a dar cuenta que volvemos a recordar que somos parte de la naturaleza y que somos parte de una gran riqueza que nos dejaron nuestros abuelos, nuestros ancestros, así decimos nosotros.

Entrevista de Leonardo Silva







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