Los servicios del técnico cuando es necesario tomar decisiones relevantes en materia política

Emilio Arredondo, el frustrado abogado que dejó paso al politólogo

entrevistaLo considero un amigo de años, hemos mantenido una infinidad de charlas junto a otros amigos de la vida, le hemos hecho unas cuantas entrevistas en radio y en televisión y quizás sea esta la primera que le hacemos para un diario. Nunca se pierde el interés de hablar con Emilio Arredondo porque siempre hay algo nuevo por aprender, pero fundamentalmente siempre que lo hemos consultado nos ha ayudado a entender esos tiempos políticos que nos ha tocado en suerte vivir.

- ¿Cuándo descubrió su vocación por la ciencia política?

– Cuando entré a Facultad de Derecho, había empezado a hacer mis estudios terciarios en el 86 convencido que iba a terminar siendo abogado. Apenas entré, cuando tomé contacto con las materias sociales y con algunos profesores que venían a dar clases a Salto descubrí que eso era lo que quería hacer porque me daba la impresión que lo jurídico era algo interesante pero no apasionante, mientras que la política, lo social, el poder, las relaciones humanas, eso era apasionante. Avancé en la carrera de Derecho hasta 3er. año, pero me di cuenta que lo que realmente quería hacer era el estudio científico y sistemático de las cuestiones sociales y bueno, en el 89 empecé a hacer desde Salto la licenciatura de ciencia política.

Mi decisión no fue fácil, sabía desde el principio que mal o bien desde el punto de vista profesional la abogacía iba a ser más rentable que estudiar ciencia política, pero opté por obedecer a lo que más me gustaba apostando a que en algún momento también iba a llegar a ser rentable.

- ¿Fue una carrera estudiada a distancia?

– Bastante, porque como la licenciatura de ciencia política no estaba en Salto, propusimos un régimen mixto de asistir a algunas clases semanal o mensualmente y estudiar desde acá enviando trabajos.

- ¿Cómo le resultó esa forma de estudio?

– Me resultó pesado pero satisfactorio. Pesado en el sentido de los sacrificios que significó, muchas veces viajando semanalmente, quedándome en Montevideo al menos una vez por semana, a veces hasta viajando en camión porque no siempre se conseguían pasajes, desde ese punto de vista fue pesado, sacrificado. Satisfactorio en el sentido que la misma dinámica me llevaba a estudiar más a efectos de poder de alguna forma compensar mi ausencia de las clases, y eso me llevaba a que conjuntamente con otro compañero con quien estudiaba en ese momento que era el Prof. Ramón Gérez, optáramos por leer más. Finalmente por suerte se vio reflejado el esfuerzo en los resultados de los exámenes.

- ¿Fue el primer estudiante del interior que se recibió en esa carrera?

– Sí, exactamente. Mi generación, la 89,  fue la primera, y del interior sí, efectivamente, fui el primero. El segundo del país y el primero del interior.

- ¿Algún docente que haya tenido que se pueda destacar?

– Sí, recuerdo con mucho respeto y hasta con cariño a gente que no solamente te enseña mucho porque sabe mucho sino además que tuvo la delicadeza de contemplar los esfuerzos que nosotros hacíamos en el interior facilitándonos materiales, muchas veces llamando por teléfono cuando había algún cambio de fecha o dándonos su teléfono que no todo el mundo hacía para que cualquier consulta la pudiéramos hacer, recuerdo por eso a un puñado de profesores, lamentablemente no a todos pero si a gente como Rafael Bayce, Luis Eduardo González, el famoso “sordo”, el profesor César Aguiar que es director de Equipos Mori, Oscar Bottinelli, en una asignatura fue profesor mío Hugo Fernández Faingold, ex ministro de Trabajo y ex vicepresidente de la República. Uno que está dando clases en Londres, un académico muy prestigioso que es Francisco Panizza, fue de los primeros.

- ¿Cuál sería la función que cumple un politólogo? Por lo general se presume que está para hacer encuestas o para asesorar campañas.

– Tenemos tres grandes áreas en las que podemos desempeñarnos. En nuestro mercado, que es pequeño, el área que mayormente admite el ingreso del ejercicio profesional es la docencia. En ese sentido, casi todos estamos dando clase en algún lado, en la Universidad, en formación docente o en algún  instituto privado. Digamos que eso, desde el punto de vista profesional no es lo único, pero es el piso del ejercicio profesional.

El segundo punto es el tema de la investigación, es la generación de nuevo conocimiento, y en ese sentido, los institutos privados de investigación así como los institutos públicos vinculados a las universidades, son el ámbito especialmente propicio para la generación de nuevo conocimiento. Muchas veces los gobernantes, los dirigentes tanto oficialistas como de oposición de partidos políticos como de otros actores colectivos como los gremialistas de todo tipo, muchas veces toman decisiones en base a información, ¿quién aporta esa información? Esa información que está probada, certificada, rigurosamente testeada, que tiene un método preciso para validar las conclusiones, esa es una de las líneas de trabajo que el politólogo tiene, producir conocimiento que después va a ser usados como insumo para tomar decisiones, fundamentalmente en políticas sociales, o sea, una cantidad de información que cuanto más cierta, rigurosa, validada, mejor, a efectos que la toma de decisiones sea más segura.

Y el tercer ámbito de trabajo es el asesoramiento, tanto a nivel de organismos internacionales como nacionales, locales o departamentales, fundamentalmente público, aunque hay países donde el politólogo también se desempeña asesorando a actores privados, aquellos sectores que tienen mucha interlocución con lo público. Por supuesto no es el caso de Uruguay.

- ¿Cómo ha sido su inserción laboral como profesional?

– Esto merece un breve comentario previo. A partir de los 80 y más que nada en los 90, comienza a ingresar a la vida política del país una generación que tuvo relativamente menor experiencia de práctica política en la vida del país. La dictadura con esa década de silencio, de alguna forma afectó la formación de una importante camada de dirigentes que se iban a estar insertando en la vida política del país a partir de los 90, y que no habían tenido la escuela de los partidos tal como habían tenido históricamente otro tipo de capas de dirigencia.

En ese sentido, uno de los elementos que tuve que tener en cuenta llegada la hora de tomar la decisión de estudiar la licenciatura fue algo que efectivamente sucedió, mientras estuvieran viejos dirigentes de la época de la predictadura de la década de los 60 y de los 70 haciendo política en lo departamental y en lo nacional, el nivel de consulta a nosotros sería bastante menor. En gran medida por el hecho que aquellos dirigentes que habían hecho política toda la vida sin necesidad de politólogos, qué sentido tenía salir a pagar ahora a un consultor que hasta por un tema biográfico y de edad, “tiene menos experiencia de vida que yo que he hecho política toda mi vida, yo hice más años de política que vos tenés de vida”. Por eso sabía que nuestra inserción profesional iba a demorar un tiempo, por lo menos unos 15 o 20 años, cuando en la política comenzaran a tomar decisiones relevantes aquellos dirigentes que tendían nuestra edad, nacidos en la década de los 60.

- ¿Y cómo está la situación ahora? ¿Se cumplió el vaticinio pasados 16 años de haberse recibido?

– Digamos que se está notando un incremento muy notorio en la demanda de los servicios del politólogo desde la política, desde los partidos, desde la dirigencia. Todavía es insuficiente pero que es un cambio bastante drástico y que se nota una muy marcada asunción por parte de los actuales dirigentes que andan alrededor de los 40 o 50 años y de ahí para abajo, una marcada asunción sin complejos de que necesitan el aporte técnico, y ahí no solamente se abre la demanda a la ciencia política, también se abre la demanda a otros técnicos pero fundamentalmente a los politólogos. Pero repito, tuvo que haber pasado ese recambio generacional.

- En ese sentido, ¿es complicado ser profeta en su tierra?

– Sí, es sí, a mí por lo menos me ha resultado así. Sé que hay gente en otras profesiones y en otras tierras en las que le va bien, ahora, confieso que a mí me ha resultado difícil ser profeta en mi tierra. Creo que tiene mucho que ver con las dificultades que todo profeta tiene en su tierra, el hecho que todos nos conozcamos de alguna forma le quita misterio y probablemente valor al aporte que uno pueda hacer. Confieso por tanto que he tenido más receptividad y mejor escucha fuera que dentro del departamento. No obstante, no quiero decir que en el departamento me hayan cerrado las puertas, digo simplemente que en relación a todo lo que yo he mostrado de mi producción académica sobre la realidad salteña y sobre la realidad que he mostrado de otros departamentos, la proporción de respuesta favorable afuera es bastante mayor.

- ¿Cómo vivió ese natural choque de culturas cuando fue a estudiar a la Sorbona en París?

– Con mucho apetito, lo viví con ansias de absorber todo lo que fuera nuevo y rico. Yo fui a estudiar a París sociología de la cultura, fui a hacer un posgrado. La ciencia política uruguaya tiene un énfasis muy fuerte en lo institucional, los gobiernos, el Estado, los partidos, las elecciones…

- Y no en la gente…

– Efectivamente, pero desde que me formé, fundamentalmente por influencia de Rafael Bayce, siempre sentí que había un área del conocimiento que había que priorizar y conocer más que era el tema de la subjetividad social, la cultura política del imaginario de la gente. En ese sentido, me voy a hacer el posgrado a París sobre “cultura y comportamientos sociales” claramente con la voluntad de aplicar lo que aprendés en términos de subjetividad social para luego realizar el asesoramiento político. Por lo tanto imagínese, me fui a París yendo a aprender sociología de la cultura, valores, temores, expectativa, ideas, pasiones de las personas, todas esas cosas, y me encuentro no solamente que yo aprendía eso en la propia Sorbona, que ya de por si es una universidad con siglos de tradición, con un plantel docente de increíble calidad, sino que además también lo encontré tanto viviendo en París, en sus calles y tomando contacto con el parisino, juntándome con gente de allá, hablando con gente proveniente de todas partes del mundo porque no solamente mis compañeros de clase provenían de todas partes del mundo sino que también yo estaba viviendo en una residencia para refugiados políticos a partir de la cual tuve contacto con gente proveniente de 45 países diferentes, mayoritariamente de África y de Asia. Había un puñado de América Latina, fundamentalmente colombianos, dos cubanos exiliados de Fidel, uno que pertenecía al M19, y yo que estaba en el cupo de los estudiantes, pero ya le digo, no solamente aprendí en las propias aulas sino también en el lugar en el que vivía con la gente que me encontraba en París. Entonces, lo viví con mucho apetito de absorber todo lo que pudiera.

- No puedo terminar esta nota sin preguntarle por los primeros cien días del gobierno departamental, ¿cómo ha visto al joven intendente Germán Coutinho?

– Por ahora le está yendo bien, tiene un camino relativamente allanado porque encuentra que todavía la oposición no se recupera del shock de lo que fue el 9 de mayo y cuando digo oposición estoy hablando del Frente Amplio porque no incluyo al Partido Nacional en la oposición, entonces, la oposición en lo departamental es 100% Frente Amplio. En ese sentido, el FA todavía no ha podido recuperarse de la derrota electoral, los dilemas internos siguen atravesando a la organización política y todavía Coutinho no ha encontrado una oposición fuerte.

También es cierto que todavía Coutinho no tiene un presupuesto propio para ejecutar, por ende, todos quienes evaluamos la gestión de un gobierno, tenemos la dificultad en los primeros seis o siete meses de tener que esperar que comience a aplicar su propio presupuesto. En lo que cabe esperar de un intendente o de un gobernante en los primeros meses cuando todavía no ejecuta su presupuesto y cuando además encuentra una situación financiera bastante complicada, es un buen manejo de los aspectos no tanto materiales de dinero, finanzas sino fundamentalmente un buen manejo de lo simbólico, de la comunicación, de cómo se relaciona con la gente, de cómo administra su imagen de simpatía o no simpatía.

En ese sentido, estos primeros meses no han pasado en vano, si bien es cierto que no son buenos, no son suficientes para evaluar una gestión material y el manejo de bienes materiales, de dinero o de maquinaria, de todas maneras son bastante útiles estos primeros meses porque son meses en donde se definen estilo de gestión y ahí a Coutinho le está yendo bien, está haciendo las cosas que mejor sabe hacer. Tiene un estilo de una comunicación simpática, la opinión pública lo acompaña, ha tenido dos o tres gestualidades que son simbólicamente eficaces, como por ejemplo la donación del auto, el boleto, pero repito, hay que esperar a que comience a ejecutar su propio presupuesto, todavía es demasiado pronto.

Entrevista de Leonardo Silva

PERFIL DE EMILIO ARREDONDO

Es del signo de Aries, de chiquito quería ser futbolista, “como casi todos los uruguayos… futbolista y presidente de la República” ¿Presidente? “Creo que desde chico tuve la percepción de que solamente podés ayudar a la gente teniendo poder… después cambié” (risas)

Es hincha de Nacional. La música, tocar el piano y el violín es su asignatura pendiente. El strogonoff de pollo es su comida preferida. La sinceridad es lo que más le gusta de la gente, mientras que lo que menos le gusta de las personas es la mentira, la falsedad.







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