“Me preocupa que el sistema político tenga valores en una mano y en la otra una calculadora con la que actúa en función de si le va a sumar o restar votos”

Carlos Iafigliola es actualmente diputado suplente y uno de los precandidatos presidenciales del Partido Nacional (PN), que en reciente visita a Salto, visitó la redacción de EL PUEBLO, donde se registró el siguiente diálogo.

- Una vez más recorriendo el país, pero esta vez en su condición de precandidato presidencial, ¿cómo
observa este nuevo tiempo político desde esa
candidatura?
– Cuando tomé la decisión, la más fuerte de mi vida desde el punto de vista político, en noviembre del año pasado, de lanzar mi precandidatura a la presidencia por el PN, sabía de antemano que arrancaba en inferioridad de condiciones desde el conocimiento de la opinión pública respecto a los otros precandidatos, y sabía también que tenía que salir a caminar. Siempre me gustó el contacto con la gente, pero lo tenía que hacer de una manera mucho más intensa, no solamente en los barrios de Montevideo sino en el interior del país. Y es lo que vengo haciendo, recorriendo el país, que lo recorrí muchas veces defendiendo la vida, en contra del aborto, por distintos temas, presentando hasta nuestra propia lista acá en Salto, pero ahora ya como precandidato, que es una responsabilidad distinta.

La verdad que obviamente es una patriada, fue una decisión muy fuerte, es una actividad muy dura, pero estoy convencido que mi discurso y mi perfil se necesitaba en el PN, si no, no estaría haciendo esto. Es decir, cuando tomé la decisión sentí que los referentes del partido, los que ya habían anunciado su precandidatura y alguno que la estaba preanunciando, no me representaban al cien por ciento, sentí que mi discurso no era interpretado fielmente por los compañeros, un discurso que apela a los valores fundamentales que son los fundacionales de nuestra patria, la defensa de la vida, a ponerle perspectiva de familia a la hora de hacer políticas públicas. Este discurso no necesariamente lo ensalzan todos, pero para nosotros es un tema central. O sea, hacemos actividad pública desde estos valores, desde nuestro pensamiento socialcristiano y nacionalista.

- Las sociedades avanzan, evolucionan y por ende, cambian. Eso incluye el tema de los valores y algunas definiciones centrales de nuestra sociedad, como el concepto de lo que es familia, donde ya no se habla del matrimonio
heterosexual sino que se incluye a parejas del mismo sexo, tema sobre el que se ha legislado en nuestro país. ¿Cuál es su opinión sobre estos temas?
– Creo que en alguno de estos temas, más que avance entiendo que son retrocesos en la sociedad, que están dentro de este paquete que se le suele llamar la agenda de los nuevos derechos. Considerar un avance que se haya aprobado una ley como la ley de aborto, me paro en la vereda de enfrente fuertemente. Para mí es un retroceso. Que se pueda hoy por ley violentar la vida humana en el vientre materno, es un signo de deterioro en la sociedad. El valor de la vida en Uruguay ya no es el mismo desde octubre de 2012 hasta ahora…

- Pero siempre pasó, antes los abortos eran clandestinos…
– Si, si, hubo abortos, por lo menos en nuestro caso siempre estuvimos en contra del aborto como tema general, y obviamente también en aquellos años cuando el aborto se practicaba clandestinamente y decíamos que la ley tendría que ser bien firme contra las clínicas, contra los profesionales que lo llevaban adelante. Siempre dijimos que el aborto clandestino es malo, pero legalizado es peor. Consideramos que el aborto es un atentado contra la vida humana, desde ese lugar nos paramos siempre, sea en forma clandestina o en forma legal.

Y lo que decíamos se está confirmando, que cuando se legaliza este tema se termina convirtiendo en una cuestión normal, me refiero a la práctica del aborto, y lo que hace es crecer, y es lo que ha pasado. Empezamos el primer año con seis mil y pico de abortos y hoy estamos superando los diez mil. En todos lados pasa lo mismo, porque se bajan esas barreras de percepción de que era algo negativo, que era delito, y ahora se lo toma como algo normal, y termina como en algunas partes del mundo, utilizado casi algo a demanda.

- Pero en las farmacias se vende desde siempre unas pastillas para adelgazar que producen abortos naturales. O sea que ya sin la ley y sin clínicas clandestinas, se le proporcionaba esas herramientas a la mujer que decidía poner fin a su embarazo.
– Bueno, antes algunas de esas pastillas que se daban justamente para provocar un aborto, como el misoprostol, se la controlaba. De hecho, es la pastilla que más se ha utilizado ahora, esto lo sabemos porque lo pedimos como informe al Ministerio de Salud Pública como diputado, y el 99% de los abortos se hace ambulatoriamente en la casa a través de una pastilla que es el misoprostol. Si están habiendo algunos medicamentos que provocan abortos, obviamente ahí está faltando control del Estado…

- ¿No siente que la sociedad tiene una mirada hipócrita en este tema?
– El tema de la hipocresía se ve en varios planos, en particular, sobre este tema si alguien te dice que no está de acuerdo y después lo hace, no tengo testimonios delante de mí que me muestren que lo hayan hecho…

- No se lo van a decir tampoco.
– Claro, pero digo, ¿que hay hipocresía en la sociedad? Por supuesto. Hay hipocresía en el sistema político con este tema, porque muchos saben de qué se trata un aborto y tampoco están tan preocupados como estoy yo por este tema. Sigo preocupado aún después que se aprobó la ley, la sigo controlando. Por ejemplo, la semana pasada Pablo Álvarez, asesor de la OPP en temas de salud sexual y reproductiva, dijo algo que me preocupa mucho, cuando sostuvo que van a salir a controlar a los médicos objetores de conciencia porque le parece que eso es un freno para la aplicación de la ley y está pensando en ponerle tareas comunitarias como pena por ser objetores de conciencia. Están llegando a pensar en esas cosas.

- ¿Eso no es persecución a quien piensa o siente distinto?
– Si, totalmente, pero ya la hizo en el gobierno de Mujica el ex subsecretario Briosso, que salía al interior, de hecho estuvo acá en Salto aplicando una presión indebida sobre las instituciones y profesionales médicos que habían presentado objeción de conciencia.
Esas cosas me preocupan, y me preocupa que el sistema político tenga determinados valores en una mano y después tenga en la otra una calculadora gigante con la que actúa en función de si esto le va a sumar o restar votos.
- El precandidato Lacalle Pou manifestó a la prensa que si él llega a ser presidente, no tendrá inconveniente en que usted presente un proyecto de derogación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, pero que él no lo piensa promover, ¿no es eso parte de un doble discurso?
– Bueno, si él está dispuesto a respaldar un proyecto como el que nosotros impulsaríamos si fuéramos gobierno, y si yo tuviera el respaldo de la gente en la derogación de la ley del aborto, ya lo considero importante. Un compromiso político tan explícito también lo considero importante. Lo que sucede con muchos compañeros, y en el sistema político en general, es esto que le decía, que muchas veces se tienen los mismos valores y banderas que uno levanta, pero a veces por un tema de estar mirando lo que es políticamente correcto, se hacen guiñadas para un lado y para el otro. En la votación que hubo recientemente sobre la Ley Trans, hubo claros ejemplos de esto, uno de los más obvios fue el del senador (Pablo) Mieres que tuvo en una mano los valores de siempre, un hombre también de pensamiento socialcristiano, recordemos de dónde viene Mieres, y resulta que termina haciendo una guiñada enorme a todo un colectivo que va más allá de los trans.
Creo que Mieres jugó en esta movida en el Parlamento para los llamados colectivos que están más cercanos a la izquierda. Me parece que no es sano hacer política desde ese lugar. O sea, si tengo una convicción, tengo un valor y siento que hay algo que se quiere promover desde una política pública que no está bien, que no se comparte, lo tengo que decir, no tengo que medir si me da o no me da votos, porque así es ingrato trabajar en política. Ya bastante uno deja de lado cuando está en esta actividad, y lo digo a nivel personal, familiar, trabajo, descuida todo, arriesga su vida, y si todavía voy a dejar también de lado mis convicciones, mis valores, por hacer política, entonces no. Me preocupa que existan estas cosas en la política, sobre todo las que pueda haber en mi partido porque esto terminando abonando al descrédito que tiene el sistema político.

- Su objetivo con su precandidatura, ¿es solo tener una tribuna para poder expresar su pensamiento o realmente espera llegar hasta el final y obtener la postulación de su partido?
– Largué para llegar hasta el final, el primer final es la interna. No es menor esta definición porque ha habido en la historia del PN, y en otros, ejemplos de algunos que largaron, después vieron que las encuestas les daba mal y bajaban su candidatura, ahí vemos a Juan Andrés Ramírez ahora pero antes a Sergio Abreu también, por ejemplo. Entonces, yo largué para llegar hasta el final, porque siento que mi discurso, mis convicciones y mi perfil no la tienen los otros candidatos del PN, y pretendo que en la oferta del partido esté este proyecto político arriba de la mesa. Largué con intenciones de ganar, no largué para mostrarme y competir para decir acá estoy yo y sacar algún votito, no. Largué para ganar, pero claro que es difícil, que compito con pesos pesados y estructuras pesadas, contra dinero que no tengo, si claro, y sé que es difícil.
Si no gano, por supuesto que voy a seguir adelante con las mismas convicciones, con los mismos valores, y como le digo a la barra, descansamos dos días y largamos de nuevo.
Terminada la interna, presentamos lista propia al Senado, la 252, presentamos listas a diputados en todos los departamentos y ponemos arriba de todo al candidato a la presidencia que haya ganado, porque siento que hay mucha gente que cree en nuestro discurso, pensamiento y valores que levantamos. Por eso también esto de bajar la candidatura no es serio por ser consecuente con lo que uno piensa, pero tampoco es serio pensando en la gente que te piensa acompañar. Y esto de bajarse porque las encuestas no lo dan y termina arreglando con el candidato A, B o C porque me da el segundo lugar, no corresponde.

Perfil de CARLOS IAFIGLIOLA

Casado, tiene dos hijas. Es del signo de Acuario. De chiquito quería ser jugador de fútbol. Es hincha de Peñarol.
Dice no tener ninguna asignatura pendiente, se siente feliz con la vida que ha tenido.
¿Una comida? Ensaladas.
¿Un libro? De los últimos que he leído es el de la muerte de Villanueva Saravia.
¿Una película? La noche de los lápices.
¿Qué música escucha? Toda.
¿Qué le gusta de la gente? Poder compartir cosas, la comunicación.
¿Qué no le gusta de la gente? El egoísmo.







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