“Nos tenemos que involucrar en la educación de nuestros hijos y tenemos que estar físicamente presentes y emocionalmente disponibles”

Ariel Gold es médico psiquiatra de niños y adolescentes. Actualmente es director del departamento de niños y adolescentes del Centro Clínico del Sur, en Montevideo. Sus cursos han sido asistidos por más de 10 mil participantes en Uruguay y en el exterior (Colombia, Argentina, Chile, Ecuador). Es conferencista en múltiples sociedades científicas y en encuentros con padres y docentes en la mayor parte de los centros educativos de nuestro país, y estuvo esta semana en nuestra ciudad invitado por el Colegio Los Robles.

– ¿Qué vinculación tiene con el Colegio Los Robles?
– Me invitaron para hacer una actividad que vengo realizando hace 20 años en todo el país. Pertenezco a una institución privada que se llama Centro Clínico del Sur, una institución de atención en salud mental donde desarrollamos lo que se llama psicoeducación. Psicoeducar es traducir conceptos que puedan ser complejos para personas que no tienen formación vinculada al psiquismo o a ciertos aspectos del funcionamiento del cerebro que están relacionados con cómo somos y cómo nos llevamos con los demás. O sea que, cuando una persona recibe conceptos psicoeducativos puede mejorar la relación con el otro porque se conoce un poco más y entiende más la cabeza del otro. Entonces, es una actividad que tiende a mejorar la convivencia. En base a eso, desarrollamos hace 20 años un curso que está dirigido a aquellas personas que llamamos agente de salud mental.ArielGold

– ¿Qué es eso?
– Es una persona que impacta en el desarrollo emocional de otro. Es decir, la idea es que todos nosotros somos el producto de lo que nos pasó con el espermatozoide y el óvulo más lo que nos pasó con otras personas.

– ¿La herencia genética y su contexto?
– Exactamente, pero apostamos al contexto como cosa fundamental porque se ha demostrado que por más que uno tenga el 99% de la genética de otro, como por ejemplo el caso de los gemelos idénticos, lo otro significativo será las personas que impacten sobre él, las que van a hacer realmente como es uno. O sea que uno es el producto de lo que le pasa con otros. A partir de ahí, es que tratamos de dar elementos a las personas que nos parecen que son fundamentales en el desarrollo del otro, y son las personas que están en contacto natural y diario con niños y adolescentes, los padres y los docentes. Entonces, ¿qué hicimos? Hoy Los Robles, porque nos invitaron ellos, como ya hemos hecho acá en otras oportunidades con el Liceo 2, con los salesianos, etcétera, lo que hacemos es trabajar de mañana con los profesores y de nochecita con los padres. Esto que estamos haciendo está en un libro que salió este martes, el 19 de marzo, que se llama “Con-vivir”.

Hay un tema que es muy importante, la gran diferencia que tenemos los seres humanos con otros animales que conviven, cuando uno ve a un elefante, por ejemplo, y ve a una elefanta embarazada, es seguro que si está bien el cerebro de ese elefante que lleva adentro la elefanta, va a ser un elefante que va a formar parte de la manada. Pero si uno ve a una mujer embarazada, puede apostar que tiene a un ser humano por supuesto adentro de su vientre, pero no puede asegurar que se va a poder convivir con ese ser humano…

– ¿Por qué?
– Porque el ser humano no nace con el cerebro pronto para convivir, nace pronto para hacer cosas para sobrevivir, pero para convivir hay que enseñarle, y ahí es donde tenemos el lío, que alguien tiene que esperar a este ser humano para hacerlo convivible. Entonces, ¿qué hicimos nosotros? Generamos una forma de llamar a los seres humanos convivibles de una manera, y les llamamos personas, y a los otros que no son convivibles les llamamos individuos. Los seres humanos tenemos un compromiso fundamental que es tratar de transformar a nuestros hijos en seres convivibles, pero nos está yendo más o menos con eso.

– ¿Dónde le estamos errando?
– Le estamos errando en el hecho que nos tenemos que involucrar en la educación de nuestros hijos y tenemos que estar físicamente presentes y emocionalmente disponibles, y estamos con poco tiempo y con una emocionalidad complicada porque tenemos otros asuntos en la cabeza y porque mientras estoy dando una orden para educar, estoy viendo el celular a ver qué me enviaron por WhatsApp, sumado al hecho que hemos perdido el control de quienes educan a nuestros hijos. Cuando tú te educaste y yo también, mi madre me decía, no quiero que juegues con el vecinito de al lado porque no me gustan los valores que tienen sus padres. Uno lo puede hacer ahora, podés decir “no quiero que vayas a esta escuela, quiero que vayas a esta otra porque me gusta mucho más como te educan”. Pero, ¿qué pasa cuando los educadores están adentro de tu casa, están en las pantallas y te están diciendo que en lugar de ser solidario tenés que ser egoísta? Que en lugar de formar comunidad tenés que formar parte de una masa, que en lugar de gratificarte y hacer el esfuerzo para poder lograr que sea lindo estar contigo, lo importante es que tengas placer a cualquier costo, que el otro no importa nada. Y cuando te convencen que felicidad y éxito es lo mismo y que lo importante es ser exitoso y no feliz. Entonces, suponte que estás de acuerdo con que querés desarrollar valores de tipo solidaridad, comunidad, gratificación, felicidad pero tenés a un maestro adentro de tu casa que vos no controlás que te dice lo contrario. Bueno, eso es lo que está pasando con los chiquilines educados por los youtubers o por los videojuegos. Y ahora justo está en boga lo flagrante de todo esto que son niños chiquitos que les dicen, “ahora tenés que ir y pegarle a tu mamá”, que es este famoso Momo. Esto es un signo brutal de lo que está pasando, porque el tema no es que exista Momo, el tema es que los padres no saben que el niño cuando se asustó con el tema de Momo, hace tres meses que está con este bichito ahí. “¿Y por qué no me di cuenta?” Porque no estoy atento a la jugada…

– Y al no estar no puede poner los límites…
– Totalmente. El tema de los límites es fundamental. Hay cuatro estrategias básicas para enseñarles a nuestros hijos a convivir. Una es la estrategia fundamental sin la cual no podemos convivir, que es la autorregulación. Es esto que está pasando acá, tú estás esperando a que yo termine para poder hacerme una pregunta o intervenir, pero si en realidad intervenís cuando quieras y yo también, ya a los dos minutos no podemos estar. Si haces lo que se te canta en el momento que se te canta, es muy difícil convivir. La autorregulación hay que enseñarla, y se enseña con límites y rutinas. Pero no es solo autorregularse, es también que sea lindo estar con uno, y eso se hace cuando el otro te tiene en cuenta, eso se llama empatía. Segunda estrategia entonces, desarrollo de empatía. Tercero, la capacidad que tenemos de resolver nuestros problemas con la palabra, eso es el desarrollo de una comunicación adecuada. Y lo otro, es a través de los límites adecuados que nuestros hijos aprendan a usar bien su libertad, porque la gran educación consiste en usar bien la libertad.

– Los padres pueden poner límites a sus hijos, por ejemplo, en el uso del celular y de la computadora en determinados horarios y lugares, pero si luego otros padres permiten que sus hijos los usen todo el tiempo, ¿no se genera un conflicto que puede llevar a que el hijo que respeta los límites dados por sus padres sea discriminado por los demás?
– Ese es uno de los problemas que tenemos, por eso, una de las posibilidades es hacer reuniones con padres entre padres de amigos de mis hijos y tratar de resolver juntos determinadas estrategias. Por ejemplo, vamos a hacer que hasta las diez de la noche puedan usar el celular, pero no más de eso. Pero los chiquilines se van a dormir con el celular, con la tablet y se quedan hasta las dos de la mañana. Yo muchas veces como psiquiatra clínico, soy quien informa a los padres que el chiquilín está hasta las dos de la mañana que es cuando se duerme, los padres se enteran por mí, eso no tiene sentido. Entonces, es fundamental que los padres se puedan conectar entre sí, pero no por WhatsApp, que hagan una reunión piel a piel, digamos. La idea no es tirar los celulares y apagar las tablets o decirle a su hijo que le prohíbe hasta los 15 años usarlos. Nada que ver, el tema es que se trata de un instrumento que hay que saber usarlo de la manera adecuada, racionalizar las herramientas de nuestros hijos, pero para eso, hay que tener control. Por eso, nos parece fundamental que los padres se involucren más, que se comprometan. Antes en nuestra época, con que el padre más o menos estuviera estaba bien porque era controlable. Ahora los medios tecnológicos hacen que necesitemos tener un poquito más de atención sobre lo que nos está pasando.

– Hablamos de tiempos distintos, cuando nosotros no teníamos acceso a estos avances tecnológicos que hoy usan nuestros hijos y teníamos otra forma de vivir, reuniéndonos con nuestros amigos para jugar al fútbol en el campito del barrio o para charlar mirándonos a la cara. Nuestros hijos viven la era digital, ¿tenemos que adaptarnos a estos cambios o tratar de mostrar a nuestros hijos que hay otra forma de vivir?
– No es imponer, es persuadir y darles un complemento. El mundo viene de determinada manera y uno no tiene por qué subirse de manera ciega a esos cambios. Los acompaña, y ayudamos a que nuestro hijo no se pierda algunas cosas. Por ejemplo, ¿qué pasa si una vez a la semana tenemos una cena sin nada tecnológico? A ver qué pasa. Que el lector pruebe eso a ver cómo le va. Hoy vamos a cualquier pizzería donde está una familia que sale a comer juntos, qué lindo, pero están con el celular, no están conectados entre ellos, no tienen ni idea lo que está pasando con el otro, no se dan cuenta si el otro está triste porque eso se ve en la cara. Hay estudios que muestran que muy pocos niños se acuerdan cuando le regalaron el primer celular, pero todos se acuerdan de las vivencias que tuvieron con sus padres. Todos se acuerdan cuando fueron a la feria o a algún lugar especial o por ejemplo, que los domingos salía con mi padre a hacer las compras.
O sea, eso es de lo que van a recordar de grandes y se lo van a contar a sus hijos. Es eso de lo que se van a acordar, pero si no racionalizamos lo que nos está pasando, es que nos estamos separando. Estamos desconectados en realidad, hay una gran desconexión que nos está complicando.
– ¿Hay esperanza que se pueda corregir?
– Hay esperanza en la medida que se concientice que esto no es lo mejor para nuestros hijos.

PERFIL DE ARIEL GOLD

Casado, tiene una hija. Es del signo de Virgo. De chiquito quería ser algo que ayudara a otros. Simpatizante de Nacional.

¿Alguna asignatura pendiente? Seguir tratando de ayudar a los que pueda.

¿Una comida? El asado.

¿Un libro? Acabo de terminar un libro sobre la vida privada de los impresionistas.

¿Una película? Acabo de ver “El niño que domó el viento”.

¿Un hobby? Tengo una colección de El País Cultural que leo.

¿Qué música escucha? Escucho bastante música uruguaya, como Zitarrosa, pero me calmo con Mozart.

¿Qué le gusta de la gente? El encuentro y las historias que tienen.

¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.

Leonardo silva