¿Dónde quedó Brian?

Brian sí existe, a sus casi 17 años de edad cuidaba autos de noche en la Plaza Artigas hasta entrada la madrugada, cuando caía el rocío del invierno y las risas de las personas que salían del Casino hacían eco en el principal espacio público de los salteños, algo de lo que solamente eran testigos las estrellas y él, que estaba allí extendiendo la mano y esperando que alguien le diera una moneda.
Después de eso se iba a dormir a las puertas de la Iglesia Metodista por la calle Osimani y Llerena. Conseguía unos cartones grandes y secos, los que oficiaban de colchón y se envolvía con lo que hubiera para pasar la noche arriesgando una pulmonía. Al otro día salía a conseguir un plato de comida y muchas veces, cuando la cosa andaba mal, llegaba hasta mi trabajo para obtener unas monedas.
No quería saber de nada con su familia y decía que nadie lo quería. Y cómo será que ni las instituciones oficiales lo registraban. Hace pocos días, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) dio a conocer un informe oficial del año, del que varios legisladores oficialistas se hicieron eco y por eso pude leer algunos horrores.
En algunos tramos del informe, el mismo hablaba sobre marginalidad y decía que en el interior del país no se registraban menores de edad que estuvieran en situación de calle o en estado de indigencia. Lo que en ese sentido, entiende que no deben orientarse políticas públicas destinadas a combatir esta situación, porque oficialmente, este tipo de cosas no existen.
Pobre Brian, pensé, no habrá nadie que lo atienda ni trate de ayudarlo, no lo registró el Mides, tampoco el INAU se encargó de velar por su Interés Superior, ese que está consagrado por el Código de la Niñez y la Adolescencia y por lo tanto tendría que estar protegido por el Estado, pero en realidad el único Interés Superior que tenía este adolescente de la zona sur de la ciudad, era poder comer todos los días y sobrevivir a las bajas temperaturas, y luego poder lograr que nadie lo atacara de noche cuando dormía a la intemperie y al día siguiente conseguir una palabra de aliento más que una limosna.
Pero nadie se acuerda de él, en realidad nadie lo registra, nadie se interesó y oficialmente no es un uruguayo. Porque según el diputado Alfredo Asti de Asamblea Uruguay, que fue uno de los que se congratuló con el informe, el mismo dice que “no hay ningún uruguayo o uruguaya menor de edad que viva en situación de calle o en estado de indigencia en el interior del país”. No sé lo quise decir a Brian, no me animé a echarle por tierra esa ilusión de que algún día alguien vendría por él.
Yo le sugerí que lamentablemente el sistema te excluye, aunque no quiera hacerlo y aunque vos no hagas nada para que eso suceda, va a ocurrir igual, el sistema te va a excluir. Y entonces le dije, muy a mi pesar, para alguien de tu edad el mejor trabajo que se le puede ofrecer es el estudio, pero en tu caso, tendrías que trabajar nomás. Porque tenés que hacer la tuya y buscar ayudarte a vos mismo, si esperás por el Estado vas frito.
Aunque después pensé y le comenté que este gobierno había puesto el Mides para ayudar a la gente que estaba en situación de emergencia social y que él era producto de esta situación, que si bien había nacido en plena crisis bancaria, había crecido desde sus 4 años de vida en un gobierno de izquierdas, por lo cual sus derechos iban a ser tutelados por el Estado y más temprano que tarde iba a tener una respuesta.
Pero él me miraba raro, con escepticismo, como diciéndome que saliera del discurso de oficina y fuera más pragmático y me empapara con la expresión de la calle, que era fría y dura, y que le decía a él cómo eran las cosas.
En la calle la única ley que existe es la del más fuerte, me advirtió una vez como para que aterrizara. El fuerte sobrevive y el débil pierde siempre, me dijo. Así son las cosas, no existe la palabra justicia social, ni inclusión, ni inserción laboral y mucho menos igualdad de oportunidades, en la calle existe solo la bronca por estar afuera de todo y ver como al lado de los que extienden la mano para pedir una moneda, hay un no permanente, que entre ellos tiene a Brian como protagonista.
Él a veces tiene vergüenza y me da explicaciones de lo que ha hecho con el dinero que tenía en el bolsillo ese día. Me cuenta lo que come y porqué no puede llegar al par de championes que tanto quiere como cualquier adolescente de su edad, pero se conforma con tener algo que le caliente los pies.
“Siempre trabajando”, me decía porque yo le había dicho que robar lo iba a terminar de destruir, porque así se sentía al principio, destruido. Pero después, se sentía realizado, cuando cuidaba autos y alguien le daba una propina porque ahí él entendía que había recibido un dinero que era justo, porque había trabajado para tenerlo. Eso era lo más cerca a la igualdad de oportunidades que en su vida Brian iba a conocer.
No entiende de política, tampoco le gusta la gente que anda hablando lindo o raro en la radio y en la televisión. Creo que no conoce los diarios y es lógico, solo aprendió a leer y a escribir lo básico y no puede perder tiempo leyendo algo de lo que no entiende, como es el sistema. Y los diarios escribimos para los que estamos inmersos en el sistema y él está por fuera de todo y de todos.
Por eso hasta el Mides no lo registró, no lo puso en ese informe del año, sino habría dicho que solamente hay un adolescente en el interior que dormía en la calle y que cuidaba autos de noche para comer hasta que llegó el Estado y le brindó el apoyo que precisaba para velar por su Interés Superior.
Aunque todo eso nunca pasó, Brian dejó de ir a cuidar autos, no lo vi más en la plaza de noche. El sereno de la esquina no lo ha visto más durmiendo en la puerta de la iglesia, su familia no tiene idea de él, la gente que pasaba a su lado no lo registraba y para el Estado lisa y llanamente no existía. Ahora sí, pueden hacer el informe diciendo que no hay adolescentes en situación de calle, porque seguramente Brian ya no vive acá y vaya a saber uno en qué estadística quedará registrado algún día cuando aparezca.

HUGO LEMOS







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