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EL AVIÓN PRESIDENCIAL

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. En el año 2016, el gobierno abrió una licitación internacional, con el propósito de adquirir un avión de tamaño mediano para el traslado del Presidente de la República. La fecha límite para que la documentación requerida fuera presentada, fue el 30 de marzo, teniendo los interesados hasta el 29 de dicho mes para efectuar el depósito de la garantía de mantenimiento de oferta, que eran unos U$S13.000 o su equivalente en moneda nacional.  MANODURAYPLOMO copia [1]
Para adquirir el aparato, se establecieron una serie de requisitos con los que se debía contar, los que encerraban aspectos no sólo de comodidad, sino, también, de tecnología, que permitirían una mayor seguridad y la posibilidad de su utilización en casos de emergencias que lo ameritaran.
Las comodidades solicitadas eran: capacidad para 8 pasajeros, cocina, escalera propia, baño, un radar meteorológico con modo mapeo opcional, y un teléfono satelital. En casos de emergencias, debía tener capacidad para la instalación de una o dos camillas, dispositivos de soporte vital como oxígeno, aire a presión, aspirador, acceso para fuentes de diferentes tipos de corriente eléctrica y, dispositivos de diferentes fluidos en apoyo al soporte vital del paciente. También, un punto importante, era que la fecha de fabricación, fuera posterior a 1975 y que contara con el certificado de aeronavegabilidad vigente al momento.
Muchos se preguntaron, y continúan haciéndolo hoy, para qué hacer un gasto tan grande, siendo que podría utilizarse para otras cosas; o por qué no viajaba el Sr. Presidente en una línea comercial como bien lo supo hacer el Presidente Mujica, etc., etc.
Sucede que, en materia de seguridad y de prestigio de la investidura que representa ser el Primer Mandatario de un país, no se debería de escatimar las inversiones y tendría que ser un asunto de Estado, tanto las medidas adoptadas para su protección, como la jerarquía de los medios a utilizar y a brindar, en un mundo tan difícil y hostil como en el que estamos viviendo.
No consideramos, ni superfluo, ni mal gastado el dinero que se pague por el transporte del Presidente; es más, estamos convencidos que la costumbre instaurada en los últimos tiempos por el propio Dr. Vázquez de vivir en su residencia particular, y el no hacerlo en la presidencial de Suárez y Reyes, constituye una tremenda falta de sentido común, una total incoherencia y un irresponsable accionar temerario, que le quita trascendencia a un tema tan importante como lo es la salvaguarda de la integridad física y la vida misma del gobernante y, claro está, de su propia familia.
No puede quedar a su criterio, si acepta o no las normativas de vigilancia, ni los perímetros en los que puede moverse con absoluta soltura de cuerpo; entendemos que, la misma idiosincrasia de nuestra sociedad, nos lleva a sostener que aquí, todos nos conocemos, y que somos de raíces sencillas, y lo aceptamos y compartimos; pero, cuando un compatriota alcanza el más digno de los reconocimientos, que es el ser elevado por sus iguales al liderazgo de nuestra Nación, ya su vida deja de pertenecerle solamente a él o a su familia, para constituirse en una cuestión de interés nacional; deja de ser un simple ciudadano, para transformarse en el de mayor relevancia y, por ende, en el que mayores faenas deben aplicarse para su preservación.
Puede que interese poco, o puede que no interese en lo más mínimo; Uruguay, siempre ha sido un terruño “del no pasa nada”, hasta el día que nos alarme que suceda, lo que creíamos y estábamos convencidos, de que no ocurriría.
Si actuáramos con seriedad, el Parlamento tendría que aprobar una Ley donde se indicara la residencia y demás requerimientos a los que se sometería el gobernante, como lo tienen otros países.
Bienvenida, fue entonces, la adquisición de la aeronave a la que hubiese sido interesante colocarle un nombre representativo del ser oriental, elegido, por qué no, por la gente; bienvenido, sería ahora, que el Presidente electo reviera su decisión de venderla, y que la conservara, reiteramos, por su seguridad y jerarquía del cargo que ostentará, lo cual, no menoscavaría en lo más mínimo, su fidedigno y austero ser republicano.
La Presidencia de la República es una Institución; ser Presidente de la República es una enorme responsabilidad que debe respetarse y protegerse per se, no importando por cual cuadro fue electo; sino, importando, tan sólo, que representa a la democracia. Nada es caro para su exaltación y relevancia; mucho menos, un avión presidencial.