El detrás de escena, el verdadero camino del emprendedor

La verdad sea dicha, si bien se ha impuesto un “modismo” que en muchos casos termina poniendo a algunos oportunistas a opinar con demasiada liviandad de la realidad del emprendedurismo, el emprender como una forma de vida es algo que nace con el hombre hace miles de años. En todo caso, la diferencia entre ahora y el pasado es el grado de conciencia que se tiene sobre el emprendedurismo como un camino. A partir del grado de sensibilización con que las personas están, desde Joseph A. Schumpeter a nuestros días, ha corrido mucha agua debajo del puente en lo que a puntos de vista para lograr resultados se refiere. En retrospectiva, queda claro que hubo un pasaje metodológico del “idolatrar” al plan de negocios hacia uno que “adora” a una ola de enfoques ágiles encarnados en lean startup, design thinking y customer development. El objetivo del presente artículo es dar a conocer al lector una perspectiva de apoyo a emprendedores que se focaliza con más énfasis en la persona y no tanto en su proyecto, al fin y al cabo, son los mismos protagonistas del proceso de creación y puesta en marcha de empresas los que tienen la última responsabilidad tanto del éxito como del fracaso de tal camino recorrido. Los porqués del actual paradigma Parte del posicionamiento del actual paradigma surge por el debilitamiento paulatino de la vieja escuela de “solicitar hacer planes de negocios”. No fue hasta hace poco que muchos de los programas de apoyo a emprendedores en etapas de validación técnica y comercial de ideas, se les solicitaba que escribieran proyectos que contenían en documentos de entre cuarenta y cien páginas, la forma en que un modelo de negocios se lanzaba al mercado. No era un capricho, el origen de escribir un plan era porque justamente antes la planificación de los negocios era vista como un camino a recorrer y que pocos transitaban. A partir de los aportes de Frederick W. Taylor y Henry Fayol, la administración científica a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, se cubriría un vacío en pos de la eficiencia para los directores de las organizaciones de la época. Téngase en cuenta que fue justamente el gen de aquellos enfoques de administración científica los que en ningún momento dejaron de tener utilidad para la gestión organizacional, no obstante, de igual modo nunca fueron desarrolladas para la morfología de un emprendimiento; un proyecto que al inicio no es más que una mera hipótesis a comprobar. El Manifiesto del Desarrollo de Clientes, según The Startup Owner’s Manual, escrito por Steve Blank y Bob Dorf podría resumirse en los siguientes dieciséis puntos, los cuáles explican en gran medida la impronta de la ola ágil. 1. No hay hechos dentro de un edificio, por tanto hay que salir a la calle. 2. Hay que unir Desarrollo de Clientes con desarrollo ágil. 3. El fracaso es una parte integral de la búsqueda de un modelo de negocio. 4. Si se tiene miedo al fracaso se está destinado a ello. 5. Las iteraciones y los pivotes se basan en conocimientos confirmados. 6. Hay que validar las hipótesis con experimentos. 7. El éxito comienza con la aceptación por parte de los inversores y de los cofundadores. 8. Ningún plan de negocio sobrevive al primer contacto con los clientes. 9. No todas las startups son iguales. 10. Las métricas de un nuevo negocio son diferentes de las de las empresas que ya están en marcha. 11. Hay que llegar a un acuerdo sobre el tipo de mercado, porque este lo cambia todo. 12. Toma de decisiones rápida y sin miedo, ciclo de ventas, velocidad y ritmo. 13. Si no hay pasión el negocio ha muerto el día en que abre sus puertas. 14. Los títulos y las funciones de los puestos de trabajo de un nuevo negocio son muy diferentes a los de una empresa que ya está en marcha. 15. Hay que conservar el dinero (cash) durante las fases de búsqueda. Cuando se ha encontrado el modelo de negocio que funciona, hay que gastar.

16. Hay que comunicar y compartir lo aprendido. Las startups deben estar a gusto en el caos y en la incertidumbre.
Más allá de que actualmente se afirme que lean startup, design thinking y customer development son un conjunto de medios que favorecen la eficiencia tanto del cronograma como del presupuesto del proceso emprendedor, para nada eso los convierte en una panacea metodológica.

Péndulos metodológicos
Si nos referimos a la mecánica, diremos que un péndulo es un cuerpo grave que oscila en vaivén, suspendido de por un punto fijo. De igual modo, en la política el cambio en las preferencias políticas y electorales de los pueblos ocurre cuando se alternan gobiernos de derecha e izquierda en el poder. Por analogía, parece claro que priorizar un proyecto empresarial redactado y luego un enfoque que hace foco en el vínculo del emprendedor con el medio, daría lugar a la imposición de la persona como centro.
De crear emprendimientos a partir de proyectos de inversión, muy bien redactados, a otro que pondera la detección de oportunidades a partir de la iteración continua con el segmento de clientes, parece evidente que los avances han sido significativos, sin embargo, hay una cierta fragmentación que lleva a que no se tome en cuenta en ninguno de los dos enfoques anteriores, el proceso desde una perspectiva holística e integral, y es justamente allí en la que la perspectiva subjetiva del emprendedor se toma en cuenta. No es posible un emprendimiento sin una persona, y su equipo, detrás.
Podríamos adelantarnos en un debate sobre metodologías y afirmar que el que se impondrá será uno contingencial, impregnado en una hoja de ruta a base de ensayo y error, todo depende del emprendedor y su contexto, y por lo tanto ninguna receta será infalible. No obstante, aquí es donde se contrasta la forma en que se capitaliza una oportunidad de negocios.
A la posterior llegada de la ola ágil, a partir de una serie de investigaciones en Estados Unidos comienza a emerger un nuevo enfoque que dará que hablar, el de lo efectual. Pareciera que lo que hace el emprendedor como tal, se podría analizar desde una perspectiva que pondere la existencia de una serie de conceptos y sus interrelaciones, como si existiera una perspectiva estructuralista en la que cuestiones como el emprendedor, su expertise, la meta, su alcance y la desviación del plan, por mencionar algunos ejemplos.
Al final de cuentas, el emprendedor desde su subjetividad se enfrenta a una alta complejidad, dada tanto por la existencia de mucha incertidumbre como así también por la velocidad de los cambios del entorno, lo que, si a ello le sumamos su condición de sujeto con asimetrías de información y limitaciones para pasar del mundo de las ideas a la realidad, dan lugar al necesario posicionamiento de la efectividad como un factor a no descuidar.

Efectividad emprendedora
La efectividad como una variable fundamental para optimizar el proceso emprendedor en su conjunto es, sin dudas, el mejor remedio para la miopía del emprendedor el cual por definición a medida que comienza a ejecutar su plan de acción se desvía.
Hablamos del detrás de escena del emprendedor, cuando queda en evidencia que no necesariamente lo que los emprendedores dicen que hacen, fue lo que realmente hicieron. El venir condicionados por un anterior paradigma que históricamente focalizó el logro de resultados ha llevado a que haya una ebullición de escritos que provocan al futuro empresario a hacer un camino emprendedor respondiendo tres preguntas: qué quiero lograr, qué necesito lograr y cómo lo llevaré adelante.
Más allá de las cuestiones de retórica, tiene mucho sentido saber hacia qué horizonte se camina, no obstante, ello ocasiona que aparezcan confusiones en los emprendedores. No es el cómo se cuenta la historia emprendedora sino en cómo efectivamente se logró lo que hace la diferencia entre inspirarse con sentido que “inspirarse erróneamente”.
-Un día junto a mis amigos nos propusimos crear un negocio. Nos apasionan los deportes extremos y por eso quisimos crear una web de compra y venta de artículos para las personas que los practican. Por alguna razón, un día comenzaron a llovernos pedidos y al poco tiempo ya operábamos por encima del punto de equilibrio.
Si alguien que erróneamente quiere emprender para hacer dinero, escucha el anterior párrafo de un emprendedor, incurrirá en el posible error no forzado de creer que basta con querer algo y se logrará.
Si se pusiera una lupa al proceso de “los amigos apasionados por los deportes extremos que crean una página web de compra y venta de artículos”, si es que efectivamente lograron algo, podrá apreciar que en realidad hay algo más que un relato romántico. Casi nunca el emprendedor, no porque no quiera, sino porque no necesariamente lo tiene claro, cuenta el detrás de escena.
Será improbable, por lo tanto, que se pueda transmitir esas cuestiones del detrás de escena, para que la probabilidad del fracaso sea menor y haber logrado lo propuesto, en todo caso la lluvia de pedidos se da porque uno de los socios practica de manera profesional deportes extremos, otro sea sobrino de un importador, mientras que el otro tenga formación en informática.
Es el equipo y sus habilidades para generar sinergias lo que termina haciendo la diferencia entre los emprendedores que logran resultados con eficacia y los que quedan por el camino, en todo caso, una adecuada implementación de un proyecto emprendedor; no del emprendimiento, sino de la misma hoja de ruta para pasar del dicho al hecho, lo que hará la diferencia.
Los emprendedores que tienen efectividad, en lugar de comenzar planteando un objetivo y luego cubriendo la brecha que los separa, comienzan desde otra perspectiva, la efectual, en la que lo primero que se prioriza es el conocimiento de quién es el emprendedor y con ello su formación, su experiencia e inquietudes, qué sabe y qué tiene, y posteriormente a quién conoce. A partir de lo anterior, comienza a hacer el verdadero camino emprendedor, sin peros, sin excusas y claro está, con eficacia.
Lic. Nicolás Remedi Rumi








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