El Estado puede combatir la droga

“Ellos se juntan adentro de un rancho que tiene dos piezas bien precarias, en el medio del asentamiento y allí fuman la pasta base, adentro, siempre adentro porque si van afuera los puede agarrar la Policía y terminan quemando la boca”, me dijo un padre que tiene un hijo adicto a la pasta base desde hace algunos años y que está literalmente desesperado por poder recuperarlo. Drogadicto
“Yo quiero recuperarlo a la vida”, me dijo en tono de desesperación y una angustia galopante que se le nota en la cara, “porque todos esos gurises que andan en la misma, están muertos en vida y así los tienen, porque eso es lo que le sirve a los que les venden esa inmundicia, que ellos anden muertos en vida, robando para comprarles esa droga. Pero nadie que consume esto la saca gratis, nadie”, me cntaba e hnbre ya entrado en años y con una apariencia de llevar dos vidas juntas.
Ellos son las víctimas de un delito que se comete delante de sus ojos, el de ver morir a sus hijos todos los días un poco más y golpear como locos las puertas del Estado que son las primeras a la que recurren todos en estos casos, y ver cómo las instituciones prácticamente no les abren ni una rendija, no les den una respuesta, ni muchos menos contención a ese problema grave que nos afecta a todos como sociedad.
El consumo de pasta base en nuestros jóvenes comenzó a darse con mayor énfasis en el año 2002, cuando la crisis económica determinó que muchos no tuvieran para comprar las drogas de siempre como la marihuana y la cocaína, y terminaran cayendo en la oferta de la droga barata y como todo lo barato, tremendamente tóxico.
Esa droga, llamada pasta base es como tomar mucho veneno junto todos los días y genera incluso un grad de adicción que determina un consumo constate y permanente, que los gurises le llaman fisura. Cuando están fisurados y no tienen plata para comprarla, por mas que su costo es mínimo y en Salto puede conseguirse en al menos 180 lugares distintos, algo que es muy grave porque el mero hecho de que exista esa cantidad enorme de bocas de venta de drogas en nuestra ciudad, cuando somos un estadio de fútbol, salen a robar con tal de tener dinero y seguir consumiendo. Le roban a su familia, a sus amigos, a sus vecinos a quien sea, lo que sea. Han llegado a arrancar chapas del techo de una casa con tal de comprarla maldita droga.
¿Pero cómo pueden hacer el Estado y los poderes públicos para combatir este flagelo que nos impacta de una forma muy dolorosa y nos está generando un daño social tremendo?
Las medidas de seguridad que se han aplicado desde las instituciones públicas en los últimos tiempos no han sido positivas, no lograron resultados contundentes y han fallado, un poco porque la faz represiva del Estado no siempre logra los resultados deseados y además porque la faz punitiva no es buena logrando la rehabilitación de las personas.
Eso ha determinado que haya problemas sociales que no han tenido solución, lo que sumado a un problema estructural de violencia arraigado en el seno familiar y en las comunidades de vecinos de todas las clases sociales, donde en algunas con mayores carencias los problemas son más acentuados justamente por esa falta de respuesta estatal, se denota un incremento de la delincuencia, que terminan en que grupos enteros de personas piensen resolver sus carencias delinquiendo, para cobrarle a la sociedad lo que entienden que esta no les da, que es prestarle atención.
Pero hoy el aumento de la venta de drogas algo que viene aparejado a la corrupción de ciertos grupos de funcionarios estatales, que permiten el desembarco en nuestro medio de cargamentos enteros de estupefacientes que ingresan en Salto de la misma forma que lo hace el contrabando, con total libertad, algo que sigue creciendo cada vez más en una sociedad castigada por este flagelo, que ahora se carne en los más débiles que son los que la consumen y que en base a esto empiezan a delinquir.
El otro día escuchaba al Fiscal de Corte, Jorge Díaz, que estuvo en Salto de visita, decir que las fuerzas vivas del departamento estaban orientadas en un mismo discurso a la hora de reconocer que el principal problema de la delincuencia viene de la mano de la droga y para ello pensaban atacar las adicciones. Entonces dijo regocijarse porque el Estado contaba con un mecanismo como es el Dispositivo Ciudadela, que en Salto atiende a los adictos que tienen la intención de recuperarse.
Pero lo que no sabe el Fiscal de Corte, que por el tenor del cargo que ostenta debería saberlo, es que el Dispositivo Ciudadela no cuenta con las herramientas básicas para atender a las personas que están inmersas en el mundo de la adicciones, que lo que hacen sus funcionarios, es dr lo mejor trabajando a pulmón y con carencias brutales, sin recursos de ningún tipo y con la voluntad férrea de sus funcionarios de poder sacar adelante el objetivo de ese proyecto que es recuperar ersonas para la sociedad que hoy están anuladas por vivir en el submundo del consumo de drogas y todo lo que ello conlleva.
Por eso es buena cosa que si realmente queremos como Estado recuperar personas de las adicciones para darle un verdadero combate a la droga y al narcotráfico, blindemos a esas herramientas institucionales de las que nos agarramos, como es el caso de Ciudadela, dotándolas de recursos en serio.
Brindándole profesionales de todas las áreas que ayuden a esos jóvenes a poder salir de esa situación, dotando de recursos materiales a la institución y abriendole las puertas a sus referentes para que nos digan justamente lo que no queremos escuchar, que es que la cosa va mal y que el narcotráfico, así como van las políticas públicas, están ganando la batalla.
Es por eso que lejos de doblegarnos o de tener temor por los costos electorales por estar en los albores de un nuevo año electoral, debemos tener el valor de enfrentar los problemas de una sociedad que está enferma de narcotráfico, perdiendo muchas vida valiosas que tienen mucho para aportarle al Uruguay y que están tiradas por la vida, porque mas de relevar sus datos para una encuesta, no hacemos otra cosa.
El Estado sabe que es real esta situación y debe atacar los lugares de ingreso de la droga como son las fronteras como el río Uruguay por las noches, y las fronteras secas y los funcionarios corruptos, combatiendo en serio las bocas de ventas de drogas y dotando de recursos de una manera adecuada a lugares como el Dispositivo Ciudadela, porque si realmente creen que ese es el camino, solo deben tener la voluntad de hacer transferencias de dinero a los lugares que corresponden para que el resto se haga por sí mismo. De lo contrario el narcotráfico seguirá ganándonos por goleada y nostros solo seguiremos criticando.

HUGO LEMOS

 







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