El poder a través de Claudio

Estamos en campaña, no en el interior del país, sino en campaña electoral, donde todos los políticos llegan a toda hora y en todo momento, algunos hacía mucho que no andaban por acá, pero ahora, todos vienen. Y venir a Salto en pleno verano es de corajudos, encima con inundaciones, además para los que viven al sur del país, cruzar el norte del río Negro es toda una aventura y más si lo hacen al punto más caliente del país que para colmo está inundado, con las calles cortadas y con la humedad en toda la ciudad, pegándose al cuerpo, con mosquitos y Leishmaniasis. paolillo
Sin dudas, que tenemos todos los males y que estamos pagando un karma tremendo, algo habremos hecho mal. Pero lo más importante es ver qué fue lo que hicimos hasta el momento, analizar la situación y mirar para adelante tratando de no cometer los mismos errores. Los gobiernos departamentales han estado en una posición muy floja en los últimos años y no han generado una solidez y una influencia de la magnitud que tenían quienes les precedieron hasta finales del siglo pasado.
Porque si algo queda claro es que los gobernantes del Siglo XXI en Salto, no han generado esa combinación de poder que les permite ser influyentes y estar en los lugares donde se corta el bacalao, para poder ver que hay cosas que no se han hecho bien y que lisa y llanamente no se hacen, porque no se accede a los lugares de decisión, a los círculos de poder que son los que mandan en el departamento y a los que nadie se ha enfrentado.
Si uno hace hoy una radiografía de la sociedad salteña, cuando pasa la mitad de la pirámide y quiere llegar al pico de la misma para saber quién está en la cúspide, lejos están los gobernantes que en los últimos 15 años, se mezclaron en la mitad, con las masas y allí perdieron el punto de vista. Si esto fuera un barco, lejos están de penetrar el comando general de la nave, sino que está entre los marineros de rango medio. Y allí no se toman decisiones de peso.
Por eso quizás que falta que los gobernantes miren más para arriba que para abajo, porque de esa forma podrá negociar con los que mandan para lograr tener acceso después a tomar medidas de fondo que beneficien a los de abajo. No puede convertirse el gobernante en un mero receptor de las inquietudes de la población, para trasladarlas y hacer gestiones, debe poder acceder a concreciones que generen cambios y transformaciones posibles para la sociedad en su conjunto.
Debe penetrar el círculo de poder, sentarse a tomar un café con esas personas que integran el pico de la pirámide, que por el espacio representado en esa figura geométrica uno sabe que son muy poquitos, y allí estar junto a logias (sociales como los masones o militares como los Tenientes de Artigas), organizaciones religiosas (como el Opus Dei), círculos sociales determinados, núcleo de personas adineradas, grupos de empresarios y terratenientes, entre otros, para lograr tener eco en las decisiones e impacto en las medidas que pretenden tomar.
En realidad, hoy quería hablar de que se cumplió un año del fallecimiento del maestro Claudio Paolillo, mi maestro, un hombre con quien a la distancia y las veces que estuvimos juntos así lo hacía notar, mantuvimos una relación de afecto, compañerismo y admiración. A Claudio tuve el privilegio de traerlo a Salto en noviembre del año 2013 y lo llevé hasta la entonces Casa de la Cultura ubicada en la calle Lavalleja donde antes funcionó la ex radio Cultural. Allí habló para una veintena de personas que tuvieron el honor de escucharlo y la disposición de acercarse a saludarlo e intercambiar con él.
Y se puede decir, que pese a ser una persona que no poseía un caudal de dinero en ningún banco del país ni del exterior, que siempre repetía que era “empleado” de Búsqueda y no su propietario ni accionista, pese a que era el Director de ese prestigioso semanario que cada semana da cátedra de periodismo y nos ilumina con información seria y veraz en un mundo de abundancia informativa, con montañas de basura que proviene básicamente de Internet (principalmente de las redes sociales), tenía un gran poder. Una gran y exquisita capitutencia y un vasto conocimiento del periodismo, pero sobre todas las cosas, una formación envidiable, que le permitía intercambiar cualquier tema con los presidentes de los distintos países que visitaba, con importantes empresarios y con personalidades y personajes influyentes, religiosos, sindicalistas, políticos, universitarios, y un largo, largo, etc.
¿Por qué escribir sobre Claudio cuando hablamos del poder que le falta a los gobernantes? Justamente porque él demostraba cómo una persona que venía de una familia de clase media trabajadora, que en momentos duros como el de la dictadura militar uruguaya, rayaron en la pobreza, pudo salir adelante sin obstáculo alguno con un elementos que él siempre nos enseñaba en sus clases que los periodistas teníamos que tener: pasión.
El tenía pasión por lo que hacía, amaba ser periodista. Pero no para sentarse en una sala de redacción y escribir un artículo que pasara sin pena ni gloria al día siguiente. Sino para que a partir del mismo se dijeran verdades que pudieran ayudar a transformar algún gramo de esa pesada realidad que tiene a millones de personas por fuera y a unos pocos tomando decisiones. Él quería aportar en serio, generar cambios y transformar las cosas sin vueltas. Para ello indagaba, estudiaba, se metía hasta el fondo y generaba contactos que solo muy pocos, y casi ninguno en este país podía generar.
Eso hacía la diferencia y por eso Claudio era un tipo con poder. Era influyente entre sus pares, generaba respeto, admiración y cariño cuando uno llegaba desde el interior, después de hacer kilómetros arriba de un ómnibus y él te recibía en su impresionante despacho, lleno de premios, distinciones y alusiones a la importancia del periodismo, para darte un café, una buena charla, algunas recomendaciones y hasta era capaz de llamarte por teléfono un sábado de tarde, recién bajado de un avión (como me pasó en el 2014) para darme su parecer sobre una denuncia que iba a publicar en nuestro periódico departamental.
Los tipos con poder, toman decisiones y generan esa influencia que hacen que lo que decidan sea acatado y acompañado por una abrumadora cantidad de gente a la que ellos ni siquiera conocen. Ese don de mando, ese charme, solo tienen algunos. En el Uruguay de hoy, eso falta en todos los ámbitos, sobre todo a nivel gubernamental.
En contadas excepciones lo vimos. Pero en un ámbito tan desparejo y hasta desprolijo como se ha vuelto el periodismo uruguayo, donde Claudio era una de esas excepciones, porque te enseñaba que el poder de la información era una virtud que había que hacerla valer y pese a que el manejo de la información está hoy muy bastardeada, como él ya lo anunció años antes, por el consumo masivo de las redes sociales y la poca profundidad con las que se tratan las noticias, hacer valer el poder a través de esta labor, es algo que debe buscarse a toda costa para honrar a personas como él, que con el poder de sus palabras, siempre demostró que el poder estaba en el conocimiento y no en la billetera.
Ojalá los gobernantes entiendan que deben buscar más poder para darle soluciones a los de abajo, y los periodistas sepan conquistar más poder a través del saber, del nutrirse, de educarse e informarse, para que los de la punta de la pirámide sean cada vez menos.

HUGO LEMOS