El problema es dejar que exista

Cuando era niño me habían enseñado que los políticos eran profesionales en su trabajo, que se dedicaban a trabajar por el país y sobre todas las cosas por la gente. Entonces uno se quedaba tranquilo, porque en cierta medida quienes estaban en los cargos más altos como autoridades, nos iban a ayudar a solucionar todos los problemas que teníamos.
Claro, yo era un iluso y pensaba que estos buenos señores, que antes por lo general aparecían todos de traje y corbata porque era una condición sine qua non para verse bien, estaban muy capacitados para la gestión que estaban emprendiendo y el resto de nosotros se iba a su casa tranquilo a descansar porque podía confiar en ellos.
Pero el tiempo pasó y a medida que fui creciendo también fueron pasando cosas. Y fueron cosas muy importantes como el hecho que el país tuvo serios problemas de administración de sus bienes públicos, problemas en la educación, que aún los hay, pero que antes parece que el tema era peor, porque por un lado, no había recursos para pagarle a los docentes, pero tampoco para arreglar la escuela. Y ahora parece que sí hay recursos para pagarle a los docentes, pero se les paga lo que el gobierno considera que vale uno de estos, y hay también hay dineros para arreglar las escuelas, pero hay que atender otros cientos de problemas y las escuelas no se arreglan.
Cuando estas cosas pasan es que uno se pregunta si ¿hay falta de capacidad en los políticos que son los que nos prometen en cada elección que van a solucionar todos los problemas del país?, ¿o la falta de capacidad es nuestra por votarlos, confiar en ellos y creer que sí pueden solucionar todo y por eso los votamos?
Ayer hablaba con la representante del sindicato de maestros a nivel nacional y me hacía saber que si bien estaba conforme con las disculpas que había formulado la ministra de Educación y Cultura, por haber dicho que un maestro de escuela era alguien “simple” que no “podía encargarse de los grandes temas de la educación”, querían cortarle la cabeza y que renunciara porque sabían que quien no estaba a la altura del cargo por decir algo así y afirmarlo con tranquilidad.
En un país de primer mundo, el ministro de Educación tiene educación y no dice esas cosas, pero si llegara a hacerlo, renuncia solo y no precisa que el sindicato de maestros le pida que se vaya. Pero acá ni la ministra renunció ni el presidente le pidió que se fuera, por lo tanto el presidente apoyó los dichos de la ministra y eso es lo que más me preocupa, no tanto que desoigan al sindicato de maestros porque últimamente desoyen a todos los sindicatos, porque ya no los creen compañeros sino molestos, pero me llama la atención que la ministra no se preocupe por sus propios dichos y diga “pucha, yo tengo que ser una profesional de la política porque soy ministra, me pagan un muy buen sueldo para ello y tengo que hacerme cargo de si el problema en este país pasa porque un maestro de escuela no está capacitado para algo más que dar clases”.
No, no pasa esto, la ministra no se lo pregunta, el presidente tampoco se lo cuestiona y el sindicato de maestros parece estar más ocupado de la imagen por el piso en la que los dejó la ministra, que en trabajar, estudiar y capacitarse lo suficiente como para demostrarle lo contrario.
Pero ¿qué pasa con la educación, con los futuros maestros y sobre todo qué pasará con nuestros hijos cuando entren al aula? He pasado por la puerta del Instituto de Formación Docente y he visto de todo. Una vez, hace poco, un grupo de estudiantes de magisterio, todas mujeres, estaban sentadas en la puerta de una de las dos asociaciones de maestros que tienen sede frente al lugar, y allí estudiaban para un parcial o algo así.
Lo hacían todas en grupo pero lo más llamativo, fue que todas esas cabezas juntas estaban leyendo el resumen que habían logrado hacer en una hoja. En una sola hoja. O tenían un gran poder de síntesis o no habían estudiando absolutamente nada.
Mi respuesta la obtuvo en segundos cuando una de ellas dijo que un determinado lugar estaba en el “cuerno de África” y otra le replicó de inmediato que no era así, porque era el “cuerno de Asia”, cosa que me horrorizó. Pero no tanto porque alguien piense que Asia tiene cuernos, o una zona que se denomine así, similar a la que existe en el continente madre, que es el africano, sino que lo que me horroriza es la tranquilidad con la que dicen estas bestialidades, sin mayores problemas como que estuvieran bien dichas.
Es decir, una estudiante de magisterio afirma una barbaridad de esas con total naturalidad y desparpajo, y encima genera el beneficio de la duda del resto de sus compañeras, que se supone habían estudiado lo necesario como para gritarle burra. Pero no fue así. Todas se miraron y volvieron a buscar por las dudas. Fue cuestión de segundos, pero vi el espectáculo en vivo y en directo.
Eso traduce un problema serio en la calidad de la formación de nuestros futuros docentes, porque cuando mi hijo crezca y vaya a la escuela, corre el serio peligro de venir a casa con el deber de buscar el “cuerno de Asia”, algo que irá acompañado de una visita personal a la clase para tratar de expulsar del sistema educativo a esa malformada docente.
Esto, la ministra lo sabe, por algo se pronunció así con Juan Pedro Mir, un maestro de sexto año de escuela al parecer mejor formado que la media, por lo que le he escuchado decir y proponer. El presidente Tabaré Vázquez también lo sabe y por eso no dijo nada y con su silencio defendió a la ministra. Y al hacerlo es responsable de que una estudiante de magisterio en Salto piense que en Asia hay un cuerno.

HUGO LEMOS







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