El problema es dejar que pase

El lugar de ingreso dejó de ser aquel pasillo insípido para pasar a ser un lugar más amplio, espacioso y con un camino largo que es casi como la esperanza que tienen muchas de las que ya llevan allí, un buen tiempo. Así como también, es similar a la incertidumbre que tienen otras a la hora de entrar al lugar y luego de haber estado horas en un juzgado siendo tratadas como las responsables de todos los males que tiene la sociedad. pobreza
Y el problema persiste. Porque el problema ya deja de ser el futuro que le espera a una mujer luego de caer presa por haber cometido un delito. Sino que el problema para ella, para ellos y para la sociedad en su conjunto pasan a ser los hijos, por eso es que el problema persiste. Porque se trata por lo general de niños chicos, que no tienen con quién quedarse, aunque antes tampoco estaban mucho mejor, porque por lo general no tenían la contención adecuada.
Ella seguramente llegó hasta ese lugar después de haberse visto arrinconada, acorralada por la realidad y cansada, hastiada, porque no todos pensamos de la misma manera, entonces fue cuando se dedicó a vender drogas. Quizás otra persona ante el problema de vérselas sola, se para en sus trece, friega pisos y lava baños sin parar por las monedas que le paguen, con ganas de superarse y mejorar de cualquier manera, pero esa cabeza no la tiene toda la gente. Hay algunas que no piensan así, no son mejores ni peores que el resto, solo son diferentes.
Entonces deciden ponerse a vender lo que un imbécil del barrio, que se cree el dueño del lugar, que maneja el negocio con los narcos y los chorros, que es el que habla con la policía y el que les pasa la información que ellos necesitan para hacer lo necesario de su trabajo, compra que a él no lo toquen y le pone encima su mercancía a mujeres vulnerables, que precisan comer todos los días como cualquier ser humano y que además tienen hijos chicos, esos por lo que el Mides le da una tarjeta con la que puede hacerse un pequeño, ni siquiera mediano a los precios de hoy, surtido, en un supermercado que le venda mercadería de tercera, porque la misma es mas barata y entra más en el carro, disimulando que es poco.
De esa mujer nadie se hizo cargo nunca, solamente queda la piltrafa que está de tranza donde todos saben. La Policía también, solo que espera que ella se complique aún más porque su pista es fácil y así cuando la manden al juzgado es seguro que el juez la cocina por pobre, débil, indefensa y vendedora de drogas, lo que la hace una delincuente y ahora deberá pagar su deuda con la sociedad en un lugar donde la rehabilitación es solamente un precepto legal.
Pero como decía antes el problema sigue siendo la criatura.
Nadie se hace cargo de la misma. El Estado hizo una ley que está hecha para la madre que cae presa, pero no para atender las necesidades del niño. Por eso permiten que un infante en vez de crecer en alguna casa de familia o institución donde aprenda valores, principios y educación mientras la madre se encuentra en ese “centro de rehabilitación”, la ley prevé que el niño vaya ala cárcel con su madre y conviva con los mismos códigos que esta, aprendiendo ya de pequeño cómo funcionan las cosas en lugares como ese.
Ese tipo de cosas son las que producen que luego crezcan adolescentes violentos, sin guías, sin tutores que les hayan enseñado a pensar, a querer desarrollarse por sí mismos, sin ofrecerles la contención necesaria, porque el sistema no les permite crecer de otra manera. Los manda con su madre que está presa, porque hizo algo que no era debido, pero que en definitiva era lo único que le permitía poner el pan en la mesa, y allí deben crecer, conviviendo con otra gente que muchas veces no es ni cerca lo mejor para ellos.
Este tema ya lo he mencionado muchas veces. Lo he pintado de distintos colores, lo he adjetivado de diferentes formas y sin embargo, lamentablemente debo volver sobre él porque las cosas no cambian. En el Uruguay de hoy pueden cambiar muchas cosas, pueden modificarse leyes que inventan una nueva forma de vida para los que vivimos en esta tierra, puede haber leyes que reformen el sistema de salud y nos hagan ir como ovejas de a miles a una sala de emergencia para que nos atiendan recién al otro día, pero no hay una ley que destine fondos para la creación de un centro educativo para niños cuyas madres están presas por distintos motivos, para atenderlos, contenerlos y forjar otro tipo de ciudadanos, que ayuden a fortalecer al país del mañana.
Vivimos en Uruguay donde la brecha social es cada vez más preocupante, donde la fragmentación a la que asistimos crece y se agiganta. Donde el desempleo por falta de inversión y reglas claras para los inversores, se lleva consigo cada vez más gente a no tener un lugar para trabajar y un país que está caro, muy caro para el bolsillo del trabajador. Ese tipo de problemas son la base de todos los demás problemas. Pero el principal es que nadie los atiende.
Por eso seguimos teniendo mujeres que pagan por esto y terminan entre rejas, y niños que yéndose con ellas se vuelven luego adolescentes que muchas veces erran el camino y se vuelven un problema acuciante para el país.
Uruguay tendrá tarde o temprano que atender esta dramática situación de las cárceles en general y la de los niños que están con sus madres en prisión en particular. Porque en ello nos va la vida, quizás no lo veamos ahora, como ellas que cuando aceptaron vender drogas para vivir no vieron entonces el problema, pero dentro de muy poco tiempo veremos como la sociedad nos pasa factura, y nosotros no podemos quedarnos quietos, esperando que así sea.

HUGO LEMOS







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