EN URUGUAY, ¿SE CONFÍA MÁS EN LOS BANCOS QUE EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS?

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. El pasado sábado fue publicado por la Consultora Factum, una encuesta realizada el año pasado (en el cuarto trimestre), que arroja datos novedosos y a la vez preocupantes.
El ránking reveló que la institución en que los uruguayos más confían son los bancos, que sumaron 58 puntos; en segundo lugar, se ubicó a la Policía, con 48 puntos; al Poder Judicial en el tercer puesto, con 41 puntos; seguido por las Fuerzas Armadas, 36 puntos; la Iglesia Católica, 34 puntos; el Parlamento, 32 puntos; los empresarios, con 30 puntos; los sindicatos con 26 puntos; mientras que los partidos políticos – aquí lo novedoso y preocupante por todo lo que ello implica-, lograron el último lugar, con apenas 21 puntos.“La encuesta, que se realiza cada año; en 2017 entrevistó a 1.873 uruguayos de todo el país, presentando un margen de error de “más o menos 2,3 %”, se indicó.“El analista político y director de la consultora uruguaya, Eduardo Botinelli, señaló a la emisora Radio Universal que “lo que hay que comprender es que para la gran mayoría de los uruguayos, el concepto de banco queda asociado al Banco de la República (…) uno de los cuatro organismos públicos de mejor evaluación”.
“Eso explica, en un país fuertemente estatista, donde hay una gran imagen y confianza en el Estado, que los bancos sean la institución más confiable de todas. Los bancos son el Banco República y por lo tanto son El Estado”, acotó.
“Desde 2015 el sector lidera en Uruguay la encuesta de confianza en instituciones aunque en comparación con 2016 perdieron siete puntos, mientras que los partidos políticos han recibido la peor calificación en el año de 2016 por primera vez en los últimos tres años.“La policía, a su vez, perdió cuatro puntos en comparación con 2016, así como las Fuerzas Armadas y la Iglesia. Mientras tanto, el Poder Judicial y el Parlamento presentaron una mejora de seis puntos con relación al año anterior.
Dichos datos, si bien no son para alarmarse, demuestran la alicaída confianza de la ciudadanía, en la principal herramienta democrática, como lo es, sin lugar a dudas, el Partido Político. La aprobación de los encuestados fue pro Estado, como mencionó Botinelli, lo que no significa que se crea en el sistema republicano.
Se preguntarán, ¿pero si se respalda el accionar de un ente estatal, o el de Poderes tales como el Legislativo y el Judicial, entre otras instituciones; no significa en espaldarazo a la democracia? No.
Muchos ejemplos han existido a lo largo y ancho de la historia, donde un Estado sólido, avasallante y “cumplidor”, sometía en pos de esa “buena marcha”, al más elemental y significativo soporte en el cual se ha apoyado –y en el único que podría hacerlo- la República: las colectividades representativas de las ideas, valores y principios regidores de una sociedad en un momento dado.
Ahora, ¿debemos ofuscarnos e endilgar a esos compatriotas sentimientos antidemocráticos?, por supuesto que no. Si no se sienten representados por los partidos políticos, la culpa, a no dudarlo, es pura y exclusivamente de quienes deben – en primer lugar con su ejemplo-, salvaguardar esas ideas, valores y principios a los que nos referíamos.
No compartimos, por más que muchos se esfuerzan en demostrarlo, que la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos, como lo sostuvo Louis Dumur; ni que sea la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación, al decir de Robert Louis Stevenson.
Consideramos que la política y los partidos políticos, son los que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes, según el pensamiento de ese gran argentino, Leandro Além. Tampoco adherimos al equívoco concepto que tanto daño trae a la larga, de que hay que votar a aquel que prometa menos, pues será el que menos te decepcione; más bien profesamos el pensamiento de que los partidos políticos en general y el político en particular, deben ser capaces de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que predijo. Así lo veía Winston Churchill. El poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer practico un programa, no es el fin al que pueda aspirar un partido de principios ni el único resorte que pueda manejar para influir en los destinos del país; pues como sabiamente lo explicó Hipólito Irigoyen: “Solo los partidos que no tienen más objetivo que el éxito aplauden a benefactores que los acercan al poder a costa de sus propios ideales”.
En fin. Estamos convencidos que, si la gente se siente huérfana de todo liderazgo; no existen mayores culpables –lo repetimos-, que los líderes. A ellos les quepa la enorme e imprescindible tarea de devolver la confianza al pueblo, quien de acuerdo a la encuesta a la que hicimos mención, nos invita a una penosa reflexión cargada de estupor: en Uruguay, ¿se confía más en los bancos que en los partidos políticos?







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