Eso, acá, no se puede

Todos los días nos encontramos ante cosas que están mal y cuya solución parece evidente e incuestionable, sin embargo, por alguna u otra razón, no se solucionan, ni se mejoran porque “eso, acá, no se puede”. Más allá de la existencia de una batería de temas urgentes e importantes, lo cierto es que mientras no ocurra un abordaje de raíz, frontal, los resúmenes estadísticos nos colocan en posiciones marginales dentro de la región si de lo que hablamos es sobre competitividad y productividad del sector empresarial.
Si hablamos de competitividad y productividad, la realidad de Salto, no dista de la del resto del interior del país y de Montevideo. De igual modo, la posición de nuestro país en comparación con el resto de América Latina y el Caribe, en términos generales tampoco se aparta. A partir de lo anterior, resulta provocador deducir que la cuestión de la idiosincrasia, la cultura y sus aggiornamientos terminan siendo el engranaje principal que gestiona, la palanca, entre la continuidad y los cambios dentro de una sociedad.
Antes de proseguir, también termina siendo una hipótesis la creencia de que el pesimismo colectivo de los no se puede tiene dentro de su genealogía, un pasado que lo sostiene y le da sentido: alguna vez se quiso hacer algo, y no poder lograrlo llevó a que se tenga la percepción de que realmente no es posible hacer ese algo.
El objetivo del presente artículo de Link de El Pueblo, es invitar al lector a reflexionar sobre la importancia de los cambios concretos y pequeños, y cómo los mismos favorecen el contagio, una postura basada en la proactividad de los agentes de cambios dentro de una sociedad, en éste caso, específicamente para cuestiones vinculadas a la competitividad y productividad empresarial.
La pasada exposición agropecuaria realizada en el Prado de Montevideo, terminó con el presidente de la Asociación Rural, Pablo Zerbino, reclamando una mayor competitividad. Casualmente, en la misma línea acto de cierre de la Expo Prado en 2017 es recordado por haber realizado el mismo reclamo sobre el impacto de la competitividad en la sostenibilidad del sector agropecuario. Si siguiéramos en la línea del tiempo hacia atrás, veríamos a Ricardo Reilly Arrarte como uno entre tantos presidentes de la gremial, haciendo el mismo pedido.
¿Por qué importa o no hablar de productividad y competitividad? ¿Qué se debería hacer y no se hace en materia empresarial? ¿Cuál es la razón de que muchos reclamos queden en las palabras?
Productividad, productividad y otra vez productividad
Ocuparnos de productividad del sector empresarial, se explica a partir de como decía alguna vez el economista estadounidense Paul Krugman: la productividad no es todo pero es casi todo. Y a partir de esa definición, cabe preguntarnos, ¿por qué es casi todo?, la productividad se mide tomando en cuenta el volumen de trabajadores, y cómo los mismos aportan a la producción.
En el caso de los países de América Latina y el Caribe, la composición de la productividad lleva a que el 80% de la producción dependa de los trabajadores y en un 20% de la productividad de los mismos. Sin embargo, en Asia es exactamente al revés, la productividad depende de los trabajadores en un 20% y la tecnología aporta un 80%.
A partir de lo anterior, nos ocupamos de la productividad porque el mismo se conjunta como el gran instrumento que permite transitar dentro de un cambio de época marcado por la disrupción de la tecnología dentro del sector organizacional, y a partir de allí, favorecer a la mejora de las condiciones de vida y colocar a la región en la senda de un crecimiento sostenido, algo que a prior nos interesa a todos.
Muchos datos y estadísticas, una lectura

La gráfica del artículo, muestra la evolución durante el período 1996 y 2018 de las empresas que están formalizadas en el Banco de Previsión Social (BPS) como Industria y Comercio en el departamento de Salto. Partiendo de un valor de 2381 en 1996, en la misma, se aprecia que el año 2003 trae consigo la peor situación si Gráfico de Industria y Comercio_medimos la realidad del sector empresarial a partir de ésta variable, menor cantidad de empresas con un total de 1951. Si bien no es lo suficientemente representativa, nos arroja una aproximación que no se aleja lo suficiente de la realidad del resto del espectro empresarial.
A abril de 2018, 3668 son las empresas que cotizan en BPS en el ramo de Industria y Comercio, aunque el crecimiento sea ininterrumpido desde el año 2003, también es posible apreciar una relación proporcional entre la desaceleración de la economía y la cantidad de empresas formalizadas. Aunque no necesariamente signifiquen cierres definitivos, si podemos deducir que los costos por concepto de leyes sociales terminan siendo una barrera para la formalización.
Muchos datos son posibles de conocerse a través de la lectura de informes y publicaciones, no obstante termina siendo claro que la única lectura posible es que el impulso tanto desde el sector público, sector privado y la academia, son fundamentales para modificar la tendencia que se proyecta para los próximos años en el departamento, situación que no escapa de la realidad de la región.
Los “eso”
¿Alguien duda que traería consigo externalidades positivas un aumento del presupuesto de Estado destinado a investigación y desarrollo en comparación con el valor del Producto Bruto Interno en el desempeño del sector empresarial?, pero si eso es así, ¿cómo es posible que a pesar del aumento exponencial de los últimos años si nos comparamos con países como Israel, Singapur y Alemania esa cifra es bajísima?
Todos seguramente coincidiremos con que la medición de la productividad del sector empresarial por sector, tamaño y ubicación de las empresas, permitiría facilitar la negociación colectiva de los salarios de los trabajadores y con ello, contribuir a la flexibilidad de las relaciones laborales. Pero si eso es cierto, la consecuencia natural y obvia debería ser la generación de mecanismos que permitan transparentar éste tipo de información por parte de los empresarios que forman parte de las negociaciones.
En la misma línea, todos estaremos seguramente de acuerdo con que solamente a través del fortalecimiento un sistema educativo alineado a las demandas del sector empresarial actual y el del mañana podría evitar brechas en torno a los temas de desempleo. Y si eso es así, la existencia de ofertas educativas alusivas a la llamada Industria 4.0 en todos los departamentos del país debería ser una realidad.

¿Por qué entonces, no se puede?
La primera explicación nos llevará a decir que el conflicto de intereses de las partes que intervienen en el proceso de cambio, el cual permitiría llevar adelante ese “algo”, terminan dejando sin efecto cualquier buena voluntad de una de las partes. No obstante, una tesis basada en el poder de una de las partes no es sensato ni tampoco da pistas sobre cómo podría avanzarse.
Otro enfoque del tema, nos llevaría a decir que la voluntad política no favorece que se afronte lo realmente fundamental para crecer pues en todo caso, ello trae consigo un alto costo político y la no visibilidad de resultados para el electorado entre un período de gobierno y el consiguiente, al igual que la Comisión de Inversión y Desarrollo (CIDE) cae por el piso en los años ‘60 por más buena que haya sido la intencionalidad de sus precursores, si la opinión pública no reclama la competitividad y productividad como temas de la agenda política, difícilmente sea posible avanzar.
Decenas de mesas vinculadas al desarrollo, centenas de espacios de divulgación sobre la imperiosa búsqueda de caminar hacia un estadio competitivo basado en la innovación, sin embargo, las agujas del desarrollo económico, social y medioambiental no necesariamente se mueven como se quisiera.
La explicación que más convence es que reiterados fracasos han disminuido hasta una casi desaparición la misma voluntad de tratar de hacer algo. No importa porqué se fracasó; si se fracasa una y otra vez uno tiende a aceptar el fracaso como algo natural e inevitable. Si a lo anterior, le agregamos el ingrediente de que el sistema político lleva adelante los cambios, el descreimiento en la existencia de una Política de Estado ya como si se viera una película una y otra vez pasar, se pronosticará en el acierto o en el error que si aparece otra línea política el proceso iniciado caerá.

No es tan complicado
La mejora de la competitividad y productividad del sector empresarial, parece muy difícil, casi imposible. Mucho se ha escrito sobre en los últimos años, uno y otro diagnóstico, no obstante aún no se percibe en el horizonte un punto de inflexión claro no solamente en Salto ni en el interior, en los países de América Latina y el Caribe.
De algún modo u otro, pareciera que el padre del pensamiento económico neoliberal, el norteamericano John M. Keynes, con su reconocida cita: en el largo plazo estaremos todos muertos, tiene parte de la respuesta; mirar solamente al 2030, 2040 o 2050 no es suficiente. Aunque las prospectivas son un saludable ejercicio para organizaciones sin brújula, hasta en las carreras más largas de resistencia los maratonistas necesitan hidratarse y consumir suplementos con nutrientes, proteínas y vitaminas.
A partir de lo escrito en los párrafos anteriores, pareciera que el cambio empieza dando un primer paso. Ese paso, aunque nos interese desde el vamos que nos lleve al futuro, la construcción de esa visión que se tiene empieza con algo más concreto, que no asusta sino que en todo caso; convoca y permite poco a poco, ir construyendo el Salto emprendedor, la inflexión en el crecimiento del PBI per Cápita que hemos mencionad en varias oportunidades.
Lo otro importante además, es lograr consolidar un compromiso del sector privado, puesto que el esfuerzo no debería depender únicamente del Estado y por otra parte, el papel de la academia termina siendo fundamental para que se haga un mejor aprovechamiento de las oportunidades y responder a las amenazas.
Lic. Nicolás Remedi Rumi

 







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