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Falta seriedad en el debate

El país viene pasando por momentos donde las discusiones sociales se vuelven poco serias y hasta cuasi banales. Deberían ser más en serio. Porque si decimos que estamos en problemas, tenemos que dedicarle tiempo al análisis y al debate de los temas de fondo que son los que marcan la cancha, con el fin de encontrar soluciones, o al menos caminos que nos ayuden a empezar a allanar las salidas que tanto necesitamos. pobres [1]
En ese aspecto no podemos hablar así nomás de los problemas de seguridad, empleo, vivienda, educación, rentabilidad, carga impositiva, entre otros que son los aspectos más trascedentes de nuestras vidas en la actualidad. Y mientras tanto, me asusta ver cómo parece que desde el gobierno hay cosas que las toman para broma.
Mientras hay problemas de emergencia habitacional y en una ciudad como Salto, donde somos un estadio de fútbol de gente contamos con 27 asentamientos irregulares, lo que trae aparejado infantilización de la pobreza, precariedad en las condiciones de vida de la gente, donde la educación en valores no sea lo primordial cuando lo que urge es poder cubrir el plato de comida todos los días, se generan los otros problemas, los de una violencia empedernida que termina en los problemas de inseguridad que todos conocemos.
Esa cadena es real y mientras las autoridades no vayan a tratar de desentramar ese enredo, no con programas socioeducativos que son muy bonitos y que pueden ayudar a algunos a pensar, pero la mayoría no es que no piensa, por el contrario piensa y piensa mal porque en la casa falta para el guiso, entonces salen a buscar a la calle soluciones rápidas y muchas veces las mismas van en la dirección incorrecta.
Entonces quienes están al frente de las instituciones públicas deben concurrir a esos lugares donde hay carencias de todo tipo con propuestas en serio y con una alternativa para que quienes están entrampados por la pobreza, vean un halo de esperanza que no pase por una tarjeta social con algunos pesos para gastar en un supermercado; eso hasta que puedan comprarse un lavarropas (a lo cual tienen tanto derecho como cualquier hijo de vecino) y el Estado con la próxima visita de la asistente social, les quite el beneficio porque entiende que hubo una superación en su nivel de vida y entonces los mismos deben vender el lavarropas para volver a acceder a la tarjeta del Mides y así la calesita que no termina nunca, y tiene a la pobreza como eje todo el tiempo, sin que la misma tenga el más mínimo atisbo de desaparecer.
El problema es que estamos dando como sociedad mucho pescado y evitamos darles cañas de pescar. Pero lo hicimos por tanto tiempo, que ahora si alguien intenta llevar una, lo sacan a patadas. Y esto es una cuestión cultural y generacional, que se transmite de padres a hijos y así la sociedad de reconvierte cada vez más con el mismo problema estructural de pobreza que determina violencia por la escasez de bienes para el consumo de los sectores sociales que más los necesitan.
Pero nuestras autoridades están enfrascados en temas que ni siquiera deberían plantearse. No porque no puedan, porque en el mundo en que vivimos todo puede debatirse. Pero hay una cuestión de oportunidad para hacerlo y podemos afirmar con claridad que este no es el momento para hablar de si la túnica de los niños de la escuela pública debe cambiar su pulcro color blanco a uno verde para ser más ecologista.
O si el abanderado debe ser el más popular (vaya a saber uno qué quieren decir con esto) y entonces enseñarles a los más pequeños que en la vida se deben ganar las cosas con retórica y otras condiciones humanas, distintas a las de la inteligencia y el esfuerzo, como es hasta ahora. Les vamos a decir a los más chicos que el que más se hace querer, sea honesto o hipócrita, va a ser el que se lleve los honores, en tanto el que más estudie, es el gil de la clase. Lamentable. Pero el solo hecho de que en momentos como éste, donde el país tiene mil y un problemas que resolver, estemos tratando estas cosas, me da la pauta de que le falta mucha seriedad al debate y que en con este tren, no iremos a ningún lado.
No puede ser que siendo una sociedad en la que el endeudamiento interno crece a pasos agigantados, donde hay una presión tributaria per cápita que está afectando a la inmensa mayoría de la población, donde la inseguridad ha ganado las calles y ya dejó de ser una sensación térmica, donde hay una infantilización de la pobreza que duele y que está a ojos vista, las autoridades larguen a la discusión pública temas tan pueriles como inoportunos como el color de la túnica (que fue rechazado por el propio Tabaré Vázquez) o si la democracia debe suprimir a la meritocracia, en un país donde hablar de esto último te hace facho, conservador o funcional al sistema cruel e injusto en el que vivimos.
El otro día alguien me discutió el hecho de que si no existiera una ley que ayudara a los afrodescendientes a acceder a los puestos de trabajo por la cuota legal existente, habría muchos más desempleados porque a ellos no les dan trabajo por su condición de tal. Algo que me parece tan ridículo como ofensivo, en un país conformado por un crisol de razas desde su génesis y de los más liberales y democráticos del mundo, que haya discriminación es real, pero que fue necesaria una ley, no me la llevo.
Es más creo que las llamadas cuotas de género, afro, o trans solo generan mayor discriminación a esos colectivos sociales que tienen tanto derecho como el resto de los colectivos que conformamos la misma sociedad.
Como sea, el gobierno debe entrarle a la discusión sobre la automatización laboral, como bajar la carga tributaria, aumentar el clima de negocios para que haya más inversión y por ende más empleo, mayor seguridad, más estabilidad y ayuda para combatir la violencia, en vez de poner como tema primordial si el lenguaje es inclusivo o el más saludado de la clase, debe llevar la bandera. Le estamos errando al rumbo y le bajamos nivel al debate.

HUGO LEMOS