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FEBRERO AMARGO

Por Dr. Adrián Báez
(…) el país está entrando nuevamente a otro “período militarista” (…) Las instituciones, por otra parte, y el respeto a las mismas, poseen ahora una fuerza de “hecho histórico” que nadie puede negar. Quien levante su mano para traicionarlas-nadie lo ignora-, aunque pueda recoger el momentáneo aplauso de los serviles de turno y de los incautos que rinden tributo al vencedor de la hora, llevarán consigo una mancha indeleble que recaerá no sólo sobre su persona sino que se volcará sobre sus descendientes. (…) Nadie (…) salvo por cobardía, por comodidad o por ceguera histórica, tiene el derecho de ignorar que hay en marcha en este nuestro Uruguay-más allá de las declaraciones que se hayan hecho y que se puedan hacer-un movimiento que busca desplazar a las instituciones legales para sustituirlas por la omnímoda voluntad de los que pasarían a ser integrantes de la “internacional de las espadas”.
De esta manera, en aquell lejano 1º de Febrero de 1973, por CX 16 Radio Carve, el Dr. Amílcar Vasconcellos, Senador del Partido Colorado, denunciaba ante la ciudadanía la injerencia que comenzaban a tener las Fuerzas Armadas en el plano político; esa injerencia que se transformaría en un derrocamiento de la democracia y de las libertades.
El Presidente Bordaberry no hace esperar su respuesta, y con carta fechada el 2 de Febrero, contesta al legislador Batllista: “He confirmado una y otra vez, y lo reitero en esta oportunidad, que no será con mi consentimiento que el país se apartará de su tradición democrática, y reafirmo una vez más la voluntad de cumplir con el mandato de entregar el poder sólo a quien determine la voluntad soberana del pueblo”.
La carta tranquiliza momentáneamente a la opinión pública, la que se ve agitada otra vez el día 6 de Febrero, fecha en la que renuncia el Ministro de Defensa Dr. Malet, al estar en desacuerdo con el Presidente y los comandantes en jefe del Ejército y la Aviación, sobre la forma de contestar la carta del Dr. Vasconcellos. Quien también se opone al método planteado por lo mandos citados, reivindicando la obligada lealtad a las instituciones, es el C/A Juan José Zorrilla, comandante en jefe de la Armada.
La respuesta se hace pública el día 7; las FF.AA. se consideran víctimas de una “concertada maniobra política que persigue, entre otros objetivos, desprestigiar a las FF.AA. ante la opinión pública”; considerándose al Dr. Vasconcellos como “portavoz de una conjura de sectores partidarios en base a la posibilidad de ganar prestigios o caudal electoral”. En esa respuesta, va estampada la idea fundamental de la llamada “doctrina de la seguridad nacional”, que buscaba atribuir a las FF. AA, la preservación del país hasta en la moral y estilo de vida.
El Presidente Bordaberry cree calmar las turbulentas aguas, designando al Gral. Antonio Francese, como nuevo Ministro de Defensa. La idea no fue consensuada; provocaría el acuartelamiento del Ejército y la Aviación; el Presidente y Francese, le ordenan al C/A Zorrilla, hacer lo mismo en la Ciudad Vieja; se copa por parte del Ejército Canal 5 y otros medios de comunicación. Era el 8 de Febrero. La denuncia del Senador Vasconcellos, no era infundada.
El Viernes 9, el Ejército y la Fuerza Aérea, emiten el Comunicado Nº 4, que pasa a ser el programa político del militarismo. Al día siguiente, al considerar insuficientes los 19 puntos del Comunicado anterior, se emite el Nº 7, que profundiza la inmoral y atroz puñalada a la democracia.
Ante la indiferencia de muchos; el sorprendente apoyo de parte del Frente Amplio y de la central obrera CNT, que veían en la lucha contra la “oligarquía”, un punto de encuentro con unas Fuerzas Armadas que, de tomar el poder, podrían instaurar un gobierno cívico-militar al estilo paruanista del Gral. Velasco Alvarado; renuncia Zorrilla, bastión de la defensa institucional, culminando la primera parte de la peripecia, el 12 de Febrero en la base de Boiso Lanza donde se acuerda la incorporación de las Fuerzas Armadas a la estructura de gobierno. El Golpe de Estado, estaba técnicamente dado. Bordaberry continuaba siendo Presidente, pero había entregado el poder.
A 43 años de aquellos insucesos, las nuevas generaciones debemos conocerlos a ciencia cabal, sabiendo que ni existieron santos impolutos, ni que existieron demonios sin respaldo, para tratar con nuestra fuerza y convicción, de que nunca jamás, nuestra tierra viva semejantes barbaridades.
La Dictadura fue la consecuencia de la subversiva guerrilla, y entre ambas dinamitaron la esencia del ser nacional. La guerrilla surgió contra la democracia en 1963, en pleno gobierno Blanco; no contra el totalitarismo, quien supo embaucar para hacerse con el poder. Tenemos el deber de hacer memoria de verdad, para ambos lados.
Aprendamos que, cuando la indiferencia, el servilismo y la falta de compromiso con las convicciones, son más fuerte que el amor a nuestra nación, seamos de izquierda o de derecha, con todo lo que ello significa, las horas de la libertad, están contadas. No repitamos, por el bien de todos, un FEBRERO AMARGO.