FERNANDO CARDINAL, SUPO LUCIR

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. La partida temprana de todo individuo de este mundo, es en sí mismo una injusticia; más aún, cuando quien nos abandona, forma parte de ese selecto grupo de personas que constituyen el más cabal ejemplo de la brillantez a la que puede llegar el intelecto humano.
Esa injusticia tuvo lugar la pasada semana, y fue ejercida por el destino, contra una de las mentes más distinguidas que ha conocido en los últimos tiempos el Uruguay, y particularmente nuestro Salto; nos referimos indudablemente, al Dr. Fernando Raúl Cardinal Piegas.
Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, siempre sentimos una atracción inexplicable por su cultura e indiscutible poder verborrágico, que le permitía pasar horas explicando tal o cual tema que se le propusiera debatir, con una convicción espartana, y una devoción casi mística, por ganar la batalla intelectual.
Claro; la atracción inexplicable, con el tiempo fue transformándose en algo lógico y entendible; cómo ese joven, que con el tiempo devendría en un jurista de prestigio y un docente admirado, no iba a desempeñarse con tal soltura y conocimiento de causa, si llevaba en su genes la devota tarea de esgrimir el conocimiento, como una cuestión de honor, heredado de su madre, y el tener la razón con fundamento, heredado de la familia de su padre.
Es que al Dr. Cardinal, le tocó nacer en el seno de una familia de discutidores natos; hijo de una de las más grandes historiadoras de nuestro país, y principal referente del pensamiento Artiguista, la Profesora Ofelia Piegas, cuya personalidad y vastos conocimientos, no permiten dudar que si nos batimos a duelo en el plano de su tema, saldremos lo suficientemente heridos, y con el mote de ignorantes; y del sencillo, humilde, pero hombre querido por los suyos, por su innegable bonhomía, como lo fue “Caché” Cardinal Papa; no le quedaba otra que ser como fue, asumirlo y aplicarlo.
Quizás por ello, tuvo responsabilidades de suma importancia, apenas comenzada su carrera como Magistrado de la República, que lo llevaron a ser fundamental protagonista de uno de los momentos más recordados desde el retorno a la democracia: la extradición de los integrantes del movimiento terrorista vasco ETA. En dicha instancia, ante la enorme presión que la coyuntura aplicaba, que desembocó en hechos de violencia en la marcha hacia el Hospital Filtro o también llamada “la masacre de Jacinto Vera”, actuó con la altura que las circunstancias reclamaban, aplicando el derecho, por sobre toda opinión política, sin claudicar en su imparcialidad, ni en su amplio criterio jurídico.
Y será esa conducta intachable, la que sostendrá en su derrotero en el campo de la defensa de la ley, en el que aplicó la misma con dureza y justicia, pero no por ello de forma descorazonada; en el desempeño de la docencia, trasladando, con su inagotable humor agudo, el amor por el derecho y su apostolado, siendo de ésta manera como lo recuerdan alumnos y colegas, lo que no puede dejar de ser visto, como un justificado y merecido homenaje.
En tiempos en que la mediocridad y el desprecio institucionalizado por la cultura, con todo lo que ella significa y acarrea; en que la condición de persona de bien, es ladeada por la del oportunista e inescrupuloso; donde, al decir del tango de Discépolo: “Todo es igual nada es mejor “lo mismo un burro que un gran profesor”; la partida de ésta clase de hombres, debe de convertirse en un momento de reflexión, y ellos mismos erigirse en ejemplo a seguir y en una constante inspiración, para quienes consideramos que la humanidad será sin dudas más rica, si se aprecia y hace culto a lo sofisticado, al conocimiento, lo correcto, el buen gusto, y el siempre necesario don de gentes, elementos que el Dr. Fernando Cardinal supo lucir.







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