Fue a entrevistar a Dios

La primera vez que lo vi, fue en la vieja casona que tenía el semanario Búsqueda en la calle Uruguay y Rondeau, lugar al que visitaba con frecuencia hace poco más de 10 años porque allí tenía y todavía tengo muy buenos amigos (y docentes de este hermoso oficio que es el periodismo).
Él venía bajando las escalinatas de mármol que estaban cubiertas por una alfombra roja, ya un poco gastada, después de una jornada de trabajo. Estaba de solemne saco y corbata, tal como vestían la mayoría de los periodistas de esa academia del rubro, que tenía en uno de los pasillos centrales encuadrada como debe ser, la Declaración de Chapultepec sobre el compromiso del periodismo libre con la sociedad. Él iba con una agenda en la mano y varios libros. Junto a él estaba su maestro y mentor, el entonces director de Búsqueda, Danilo Arbilla, quien formó generaciones de ilustres periodistas y lo sigue haciendo con sus columnas. Nueva imagen
Ambos salían de su trabajo en una conversación muy animada, me saludaron después que me los presentara uno de mis amigos que integraba en ese tiempo el staff de redacción del prestigioso semanario de los jueves y nos volvimos a ver recién algún tiempo después, cuando decidió retomar su labor docente y dictó un enriquecedor curso sobre el periodismo y su rol en la era digital. Época en la que los periodistas comenzaban a preguntarse sobre la influencia de las redes sociales y ni se sabía nada de Whatsapp, la actual red social de mayor circulación entre los consumidores de todas las edades y clases sociales, pero sobre esto él dejó siempre una sola conclusión: cuanta más información circule por Internet, más necesarios serán los periodistas para respaldar la veracidad de las mismas.
Implacable, meticuloso, analítico, abierto a escuchar, humilde y un obstinado luchador por la libertad en su máxima expresión, así era Claudio Paolillo, un faro de luz para el periodismo nacional que acaba de fallecer a sus jóvenes 57 años de vida y con mucho para seguir enseñando con sus prédicas desde las páginas de Búsqueda, donde además de preparar cada semana un aleccionador editorial, más allá de que se compartieran o no in totum sus palabras y apreciaciones, nadie podía decir que las mismas no provocaban pensar, discutir y mirar con perspectiva la realidad del país.
Y esa es la función del periodismo, así lo demostró durante su destacada y proficua trayectoria, en la que intentó dar lo mejor en cada número. Sé que hubo épocas en las que luego que un día después de salida la edición de Búsqueda, se reunían los editores para evaluar los errores que podían haber tenido en ese número y organizar una mejor edición para la semana siguiente. Reuniones de las que él era uno de los impulsores para generar desde allí, esa escuela de periodismo puro y duro que se daba en esas salas de la calle Uruguay primero y de la calle Mercedes después, donde funciona el semanario hasta la actualidad, no con otro fin que el de que todos se sientan parte de ese lugar y se empoderen de su propio trabajo, para ser mejores profesionales cada semana.
Pero también era un periodista que iba al límite, en uno de sus cursos que dictaba en la Universidad Católica, planteó un caso. Nos dijo: “si le están haciendo una entrevista al ministro de Defensa y una vez que la misma termina, ven sobre su escritorio un sobre que dice Top Secret, ¿qué harían ustedes?”. Imaginará el lector la cantidad de respuestas que provocó ese planteo. Donde todos queríamos ser verdaderos adalides de la libertad de información pero en los hechos las cosas pueden ser muy distintas, además porque ese caso planteaba mucho de principios básicos del oficio como la ética periodística, la responsabilidad profesional y el compromiso con la verdad.
Si bien no había una respuesta específica que fuera acertiva sobre el tema, a Paolillo le gustaba mucho intercambiar experiencias, se nutría mucho de eso, quería saber qué pensaban los demás periodistas sobre un tema y escucharlos. No le importaba si trabajaban en un diario pequeño, en una radio comunitaria o en el conglomerado de medios de mayor prestigio de la capital del país. Siempre quería saber cómo mejorar, desde la acción y el conocimiento, el ejercicio del periodismo.
Tuve el privilegio de insistirle para venir a Salto y lo logré en noviembre en 2013, cuando traído por este diario dio una charla sobre el periodismo y su futuro, en la entonces Casa de la Cultura. Allí concurrió un grupo de personas que le hicieron todo tipo de preguntas, él, que entonces hacía pocos días le habían brindado un reconocimiento en los Estados Unidos por su lucha por la libertad de expresión en todo el continente, siempre abierto y dispuesto, dejó siempre la misma respuesta, hay que defender la libertad de expresión para inundar a la sociedad de múltiples ideas, lo cual es la esencia de una democracia.
En Búsqueda trabajan muchas personas que votan a distintos partidos políticos, tal como ocurre en el resto del país, muchos de ellos votaron al actual gobierno, pero no titubearon nunca en analizarlo, cuestionarlo y criticarlo, a la hora de brindar una información o escribir una opinión sobre las propuestas del Frente Amplio o las acciones del gobierno.
Y esa creencia en la libertad, ese respeto a la pluralidad de ideas y esa defensa del concepto de libertad de información tan arraigada en quienes allí desempeñan su labor, ha hecho que sus trabajadores hayan sido reiteradas veces los dirigentes del sindicato nacional de periodistas como es la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) y que los directivos del semanario hayan estado a la cabeza de la sociedad intercontinental de directores de diarios y revistas, como es la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Porque la libertad de prensa es un principio fundamental para el sustento de una sociedad democrática y debe ser para el periodista un concepto muy bien arraigado para el desempeño coherente y profesional de su labor; y un medio de comunicación debe promover estos valores para sus trabajadores con el fin de que los mismos sientan realmente cuál es el cometido de su función, de lo contrario, los periodistas seguirán siendo vapuleados y manoseados por cualquier idiota que ostente poder y tenga un buen bolsillo para acallar ideas.
Pero el legado de Claudio Paolillo nunca fue hacer culto a la personalidad, ni vedettismo del periodismo, porque eso desvirtúa el concepto mismo del periodismo, sino que siempre dejó en claro que había que establecer el concepto de que los medios de comunicación debían ser los perros guardianes de los poderes públicos, porque se deben a la sociedad y no a un gobierno de turno, o a un empresario con muchos ceros en su cuenta.
Cuando lo afectó el “bicho”, tal como él mismo describió el cáncer que le habían descubierto, me dijo “le voy a ganar, quedate tranquilo que le voy a ganar” y estoy seguro que así lo hizo, porque vivió más de lo que le habían pronosticado y porque seguirá viviendo en todos nosotros hasta el final. Ahora seguro se fue a hacerle una entrevista a Dios, con su incisividad a cuestas y su manera osada de preguntar analizando y cuestionando al entrevistado.
Estoy seguro que tenía muchas preguntas para hacerle, pero más aún, estoy seguro que algún día nos reencontraremos y podrá contárnosla, algún día. Hasta siempre maestro.

HUGO LEMOS







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