Hablar menos, hacer más, ¿hábitos emprendedores?

Muchos hablan sobre negocios desde la vereda de empleados dependientes, pero son pocos en relación a ellos, los que efectivamente tienen un emprendimiento en marcha del cual pueden vivir. No resulta sencillo entender de qué manera lograr más resultados sin que sea un esfuerzo, con constancia sí, pero poco eficiente y por lo tanto pesado como para que sea sostenible. Bajo ese esquema, resulta ineludible la búsqueda de hábitos que favorezcan resultados para el emprendedor que se anima a dar el paso, pero que, sin querer, termina hablando más de lo que necesita.

Decirlo es sencillo, hacerlo es lo difícil. Comentaristas de cómo hacer negocios abundan por doquier, sin embargo, son pocos los que hacen frente a la incertidumbre que, en la realidad, poco se parece a una novela épica de exploradores en busca de un tesoro. Detrás de toda historia emprendedora, más que una gran novela lo que abunda es la continua validación técnica y comercial de un modelo de negocios, que muchas veces trae frustraciones y que otras tantas algún que otro golpe en el sentido más amplio del término.
Dicha dificultad, la de gestionar la incertidumbre la que lleva a los emprendedores a querer tener información para contrarrestarla –a la incertidumbre-, y posteriormente dar el primer paso; paso del que muchos hablan, opinan con más o menos fervor, del que se lamentan, pero pocos se animan a dar.
Vivimos en una época de cambios en la que surgen dudas sobre dónde enfocarte entre toda la información disponible a la hora de poner en marcha un negocio. La distancia entre gastar e invertir tiempo, y cómo eso influye sobre lo que hace el emprendedor en la mayor parte del día conlleva a hacer un párate e iniciar el camino emprendedor de la mejor manera, pero sobretodo guiados por la importancia de tener efectividad: resultados, sin ellos difícilmente podamos avanzar.
A partir de lo descripto en los primeros párrafos queda en evidencia el valor de reflexionar sobre el valor de Hablar menos, hacer más, y desde allí, discernir el papel que juegan los hábitos del emprendedor; ese es el objetivo del presente artículo para Link de El Pueblo.

Las primeras horas del emprendedor
En el momento en el que la persona se decide convertir en emprendedor se siente muy entusiasmada, es un mundo nuevo lleno de posibilidades, sin embargo, por el momento apenas un mundo de percepciones con más o menos probabilidad de que sean una realidad. En otras palabras, apenas el emprendedor tiene o cree tener una idea de negocio. El camino emprendedor desde la decisión de tirarse a la piscina no es tan sencillo, al menos no como los emprendedores novatos creen.
El 27 de marzo de 2019 en Cuando la voluntad no basta, decíamos:
Querer no es poder, desear es ir en busca de lo que uno quiera, no obstante, no garantiza que lo consigas. Mucho se habla de la importancia de innovar, sin embargo, ese relato no necesariamente se lo interrelaciona con el valor que tiene la tolerancia al fracaso, virtud clave para cualquier emprendedor. Al final de cuentas, la actitud frente a las adversidades o la búsqueda continua de equilibrios entre perseverancia y flexibilidad, termina siendo más crucial para lograr eficacia en el proceso emprendedor que cualquier “buena voluntad” e insistencia con una idea, quizás amorfa y sin valor para todos, excepto para nosotros mismos.
La motivación del emprendedor a la hora de poner en marcha un negocio es, ante todo, desafiante e inspiradora para él. Sería raro no sentir en los primeros momentos, cierta alegría por la decisión de comenzar un camino hacia “la independencia económica” a menos que sea de manera obligada. Al fin y al cabo, aunque frente a un entorno de incertidumbre en el cual no se sabe lo que ocurrirá, el “creérsela”, tener convicción, y por lo tanto construir auto-confianza son algunas de las claves para que el andar sea llevadero.

La causa del emprendedor, ¿legítimas todas?
No es casualidad que no se haya mencionado dentro de la motivación del emprendedor, el adjetivo de “legítimo”. No es intención señalar qué hacer o no, ni mucho menos, pero si en la fundamental búsqueda de certezas dentro de la incertidumbre emprendedora lo que, si tiene el emprendedor, es al emprendedor mismo o su equipo si así lo decidiera, sus motivaciones, fortalezas y limitaciones.blah-blah-blah-day
En ese sentido, es normal identificar a emprendedores que deciden dar el paso sea para: mejorar sus ingresos, “tomar las riendas de su vida”, una mala experiencia con sus jefes o la necesidad imperiosa de hacer lo que les apasiona porque de otra manera no podrían, por citar apenas algunos ejemplos.
Dentro de legitimidad de la causa del emprendedor, si bien las motivaciones son variadas como mencionamos, el “querer emprender como un hecho en sí”, con sus implicancias es algo clave a no perder de vista y, por lo tanto, no es real que todos somos emprendedores ni estamos en condiciones de hacerlo en un momento dado. Sumado a ello, el diseño del modelo de negocios

Analogía del problema de George Orwell
¿Por dónde es mejor empezar? ¿Y si la idea del emprendedor no es lo suficientemente buena? ¿Cómo se sabe si es para el emprendedor dicha idea? ¿Cómo se hace para evitar equivocaciones? ¿Cómo se a emprenderá si no sabe vender? ¿Y si a nadie le interesa lo que el emprendedor hace? ¿De dónde saca el capital para financiar sus primeras inversiones?

Empezar a investigar es el paso lógico a tomar con tantas dudas, lo más esperable que haga una persona con ganas de salir adelante. Comprar y leer revistas sobre el tema en el que se emprenderá, tomar notas, ir a muchas charlas y conferencias, empezar a averiguar préstamos para la idea de negocio, y hasta escribir un plan de negocios.
El problema comienza cuando más información el emprendedor encuentra, más perdido se siente, y desde allí se entra a un círculo virtuoso en el que se cree, erróneamente, que es necesario informarse más para responder las nuevas preguntas generadas.
Sin embargo, esa decisión –la de investigar- sin ninguna mala intencionalidad de cometer errores, trae detrás de sí el riesgo a incurrir en lo que denominamos Analogía del problema de George Orwell al emprendedursimo.
El problema de Orwell se refiere a una cuestión planteada en sus obras por George Orwell y formulada más explícitamente por Noam Chomsky, referente a cómo los sistemas totalitarios y de propaganda logran mantener opiniones muy extendidas y transmitir información, que carece de fundamento, pero que resultan favorable para mantener la imagen del régimen.
De lo anterior se desprende una paradoja que es; antes la dificultad era la escasez de información, ahora a pesar del crecimiento exponencial de conocimientos y datos, las personas no necesariamente saben más: abruma demasiada información.
Por analogía, a la hora de poner en marcha emprendimientos, las dudas aparecen a la vuelta de la esquina cuando lo que separa al emprendedor de información sobre su mercado, modelo de negocios y estrategias alternativas a implementar.

El problema de sobre-analizar
Tanto el pasar más tiempo leyendo que actuando, sentir cada vez más dudas sobre qué se debería hacer, saltar de una lectura a otra en un círculo continuo, sentir que se sabe cada vez más y sin embargo no se sabe lo suficiente, lleva a sobre-analizar proyectos que no llegarán a buen puerto y por lo tanto el error de caer en una piscina de dulce de leche: parálisis por análisis.
La parálisis por análisis es el error típico de ciertos proyectos en donde nunca se empieza a implementar o a desarrollar prototipos porque el proyecto se ve inmerso en una permanente fase de análisis previo. Al aspirar a algo perfecto, al final no se acaba consiguiendo nada concreto.
En términos prácticos, significa que, si bien tener más información y posibilidades mejora la calidad de nuestras acciones, eso tiene un límite. Pasado ese límite, el exceso de información se vuelve contraproducente, y genera ansiedad, parálisis, indecisión e insatisfacción.
De lo anterior, se deduce que es fundamental bajar a tierra las ideas, o de manera inversa, “hacer volar” un sinfín de ideas que se encuentran detenidas en el suelo, son apenas buenas intenciones de algo que aún no es nada.

Una cuestión de hábitos emprendedores
El miedo a equivocarse lleva al emprendedor a dar vueltas sin avanzar en los proyectos importantes, sobre-analizar las cosas afecta el desempeño emprendedor, cada paso dado es más desgastante y agotando así las fuerzas de voluntad para el siguiente.
El hablar menos como metáfora de sobre-analizar, no pasar del dicho al hecho, el primer paso para materializar cualquier idea de negocio. Por definición, cualquier proyecto entre su planificación y su ejecución, tiene desviaciones generadas por fuerzas tanto internas como externas al equipo emprendedor y su negocio; en esa complejidad, la existencia de incertidumbre que no se puede eliminar de forma total sino que hace a la esencia de cualquier emprendimiento: la necesaria toma de decisiones sabiendo que nada es seguro, que existen riesgos, de los buenos o malos, pero riesgos al fin, valga la redundancia, y muchísimos de ellos: imponderables.
Los valores, ideas, sentimientos y experiencias significativas definen los hábitos de cada persona. Por tanto, los hábitos se crean, no se obtienen por herencia, se pueden volver necesidades y llevan al emprendedor a realizar acciones automatizadas.
Si hablamos de manera específica de hábitos emprendedores, diremos que el reconocimiento de “malos hábitos” como el sobre-analizar, trae consigo la invitación a cuestionar la causa por la cual en ese caso se terminan procrastinando acciones que aportan valor al proceso emprendedor, y en su defecto: contrarrestar el error que se comete por la incorporación de un nuevo hábito emprendedor, una respuesta: hacer más.
¿Qué no está haciendo el emprendedor respecto a su proyecto, que puede hacer, que, de hacerlo, ello traería consigo resultados que suman a su camino emprendedor?
Lic. Nicolás Remedi Rumi