Hay que mirarlos con respeto

El prejuicio es parte de la mezquindad del ser humano, de la pedantería intrínseca que todos tenemos y que sacamos a relucir cuando aunque no lo digamos, nos creemos mejor que el otro. Y cuando ese prejuicio transforma nuestra manera de ver las cosas, al punto que tergiversa su realidad y no nos deja ver lo que realmente sucede, ahí es cuando le estamos errando. Entonces precisamos ponernos a reflexionar sobre si lo que hemos dicho hasta ahora, se ajusta a la realidad. milicos
Es buena cosa poder hacer una introspectiva que nos permita repasar algunos conceptos que podamos tener sobre determinados sectores de la sociedad, porque nos permite crecer y querer ser mejores de lo que somos.
Siempre tuve una imagen negativa de las Fuerzas Armadas. Pero con el tiempo voy aprendiendo a verlos como una institución respetable, sí, pero su pasado reciente la condenaba por las cosas que se hicieron en su nombre y porque siendo el brazo armado del Estado, cuando se tuvieron que jugar la ropa, no lo hicieron defendiendo la democracia sino promoviendo una dictadura. Socavando sus principios, por los que fueron creados, que fueron los de luchar para defender la Patria, protegiendo siempre primero al Pueblo y luego a las instituciones.
Sin embargo, las tres fuerzas armadas tuvieron altibajos en el cumplimiento de estos principios a lo largo de los años, porque las mismas no tienen vida propia, sino que su representación recae en hombres que actúan según su leal saber y entender, por más que estos entren en conflicto con los valores inalienables e inherentes a la génesis de estas instituciones.
Aunque la depuración de sus filas, junto a los nuevos tiempos, donde hay un pensamiento más libre en torno a la vida de la sociedad, ha logrado que estas “fuerzas armadas” del Uruguay actual, enfrenten una situación distinta, diferente, de encuentro con la sociedad y no de choque, ni de repulsa, sin entrometerse en las expresiones más sensibles de la población y estando al pie del cañón cada vez que se les pide algo.
Al Ejército Nacional desde el retorno de la democracia se le ha encomendado como primera tarea afuera de los cuarteles, la custodia del proceso electoral. Algo si se quiere políticamente paradójico, cuando fueron ellos mismos los que suprimieron este tipo de actos con 12 años de dictadura. Pero allí han estado, desde 1985 a la fecha, cumpliendo con su deber sin chistar. Incluso en Salto hay una anécdota que ocurrió en las elecciones del 2009, cuando un grupo de militares llegó hasta una escuela de un barrio de la ciudad donde había un circuito para las elecciones nacionales de ese año, y como era muy temprano tuvieron que esperar afuera del local. Pero una barra de forajidos alcoholizados que los vio, como pensaron que eran policías comenzaron a apedrearlos. Los militares no pueden usar sus armas, así que se resguardaron saltando por encima de la cerca de hierro del centro escolar, porque alguno de ellos iba a terminar lastimado.
Después, fueron enviados a custodiar el cerco perimetral de las cárceles más complicadas del país. Labor que cumplen hasta hoy y que lo hacen exponiendo sus propias vidas, ya que están en la mira de los delincuentes que pretenden escaparse, siendo ellos los que deben estar en la línea de fuego si es necesario.
Pero luego de estas tareas y de todas las que realizan habitualmente, custodiando muros para que todos estemos tranquilos de que alguna salvaguarda tendremos en caso de que alguien quiera hacer algo contra nosotros como país, no digo que puedan hacer gran cosa pero al menos hay que valorar que serán los que estarán en la primera línea de fuego a la hora de defender la soberanía y no así nosotros, eso seguro, los militares de todas las ramas, cuando las papas queman son los que están ahí.
Son los únicos funcionarios públicos que se van a meter con el agua al cuello en el medio de un arroyo, río o cañada a salvar a una persona en caso de ser necesario como ya lo han hecho. Son los únicos que sin levantar una queja porque el agua está sucia y fría, se van a presentar donde se los mande, para tratar de salvar las pertenencias de alguien a quien seguramente no conocen, pero que saben lo importante que es para esa persona poder resguardar sus cosas ante una catástrofe climática como la que estamos viviendo.
Y eso, sin presentar antes una denuncia por las malas condiciones laborales, sin hacer un paro porque el sueldo es muy malo y porque con el mismo no pueden darle de comer a sus familias decentemente, o porque estas cosas como estar preparando comida para gente afectada por una creciente sin poder probarla ellos, no estaban contempladas en el convenio colectivo que nunca firmaron, porque es algo que no tienen y que ni siquiera se lo plantean siendo ellos tan funcionarios públicos como el resto de los que por mucho menos hacen olas más bravas que las de un tsunami.
No voy a hacer una oda a los militares porque no es lo que me interesa, ni tampoco una apología de si está bien o no la existencia per se de las Fuerzas Armadas. Pero hay algo que debe quedar claro, no se puede juzgar a una institución concreta por los abusos cometidos durante la dictadura que ya pasó y mirarlos con el resentimiento que lo hacen algunos, que solamente los pinta de cuerpo entero.
La dictadura fue provocada por todo el sistema político en su conjunto ante la debilidad del mismo y por el pueblo todo, que lejos de salir a la calle a pedir que se fueran los abusadores, los apoyaron tácitamente con su silencio. Yo no soy capaz de juzgar a la gente por el temor y la confusión que sentían en esa época, porque yo por suerte ni siquiera había nacido, pero la responsabilidad de abrirle la puerta a los militares fue de todos y la culpa de los abusos cometidos, fue de unos pocos.
Empero, esto no es lo que está en tela de juicio hoy, porque cuando vemos a hombres y mujeres uniformados prestando un servicio público y brindándose por entero a la población cuando esta mas los necesita, ellos, que ganan sueldos verdaderamente vergonzosos con los cuales no pueden pagar ni un alquiler, trabajan cumpliendo todo el horario y mas, sin ningún cuestionamiento a su autoridad, es algo que hay que destacar.
Cuando en otras área del sector público, como será la cosa que estamos hablando bien de los militares. Porque en otros sectores, esos mismos grupos de funcionarios públicos que alegremente los vituperan de la manera más pueril y de una forma muy simplista, son incapaces de remangarse las camisas para ayudar a nadie, y pasan haciendo paros y manifestaciones pidiendo más salario antes de comprometerse a trabajar para cumplir con su función. Invirtiendo el principio del derecho administrativo uruguayo de que el funcionario se hace para la función y no la función para el funcionario.
Hoy hay que agradecerle a estos uniformados cada vez que están a la orden para ayudar a la gente, sin preguntarle a qué partido vota, sin mirarle el color de la piel, la clase social a la que pertenecen o la orientación sexual o religiosa que tengan.
Porque mientras en la dictadura venezolana el régimen utiliza a los militares para adoctrinarlos en su favor y les exige salir a reprimir al pueblo cuando osa manifestarse en las calles en contra de algo, en Uruguay los soldados de hoy se embarran las patas como ningún político y defienden a la gente, porque también son parte el pueblo, y saben que nadie les permitiría hoy hacer las cosas del pasado, y estoy seguro que a ellos tampoco se les pasa por la cabeza hacer tremenda barrabasada, si pueden ser nuestro sostén cuando más los precisamos como en momentos como este. Y eso es lo que hoy tenemos que aplaudir, decirles gracias y pedir, sobre todo a los gobernantes y parlamentarios que juegan con su destino, más respeto para nuestros militares.

HUGO LEMOS







El tiempo

Ediciones anteriores

septiembre 2018
L M X J V S D
« ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

  • Otras Noticias...