HOY TODOS SOMOS, LA LIBERTÉ

Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. Los hechos han demostrado mil y una vez, que la historia es cíclica. A comienzos del Siglo XX, y hasta mediado de los 40, la humanidad se vio sumergida ante los constantes autoritarismos, tanto de derecha como de izquierda, procurando cada cual por su medio, instaurar un nuevo “ORDEN”, en el que el dogmatismo y la verdad revelada, fuese ley; la mejor herramienta para concretar su avasallamiento y unificación de criterio ante el mundo, no era otra que el aniquilamiento de todo tipo de libertades, comenzando por la madre de todas ellas, como lo es la LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
A lo largo de la historia ese parece haber sido el principal obstáculo para que unos pocos “iluminados” triunfasen y sometieran por medios espúreos y en nombre de algo superior, a las grandes mayorías, que ante vacíos de respuestas a problemas reales y huérfanas de liderazgos sólidos y solventes, dejaban guiarse por los cantos de sirenas, que poco a poco, diezmaban sus espíritus libertarios y los sometía silenciosamente al abandono de todo libre albedrío, principal exponente de nuestra civilización.
Todas las religiones y movimientos políticos han intentado inyectarnos ese virus; unos convencidos de representar la voluntad de Dios, y los otros de los propios oprimidos. Los métodos han variado con los tiempos, y no tanto. El objetivo prosigue su ruta: dominar.
En los últimos días una vez más esa libertad que tanto ha costado obtener, esa misma que a veces cuestionamos por no resolvernos la vida de la manera que deseamos y que en algunas oportunidades despreciamos utilizándola en contra de ella misma, ha sido golpeada, y no debe, no puede, recibir nuestra indiferencia.
El Semanario Charlie Hebdo de París, vio regado los suelos de su redacción, con la sangre de sus periodistas y dibujantes; acalló por un instante su voz irreverente; su verdad, con la cual quizás alguna vez discrepamos, pero como lo sostuvo sabiamente Voltaire, aún estando en desacuerdo, defendería con su vida, su derecho a decirla.
Hoy parecen superados los enfrentamientos políticos ideológicos, y haber resucitado, como en la era de las cruzadas, el religioso, envuelto en un fundamentalismo prepotente e irracional.
Pero más allá de la fe, que creemos no ser el núcleo del asunto, esa dominación de la que hablamos anteriormente, es el meollo del asunto; lo que transformaría a ésta ola de intolerancia en una guerra contra nuestra civilización, una nueva Guerra Fría y despiadada contra nuestra forma de vida y creencias sociales.
No deseamos ser alarmistas y muchísimo menos futurólogos; solamente vemos que se avecinan tiempos algo difíciles, y que cada vez aumentará. Los Yihadistas decapitando hombres por el hecho de ser europeos o norteamericanos; los fundamentalistas asesinando y secuestrando jovencitas por ser cristianas; los mensajes de repudio a occidente por considerarlo hereje; son síntomas que con matices, ya ocurrieron.
La persecución por ser de tal o cual raza, etnia, credo o fe; la persecución por pensar diferente y no tener temor a decirlo y ejercerlo; la persecución por no claudicar en las convicciones; son conceptos instalados en nuestros genes y que por más que disgusten a algunos, son nuestra idiosincrasia y así como la de ellos, debe de ser respetada.
Con la Revolución Francesa comenzó la emancipación de la voluntad individual del hombre y el ejercicio igualitario de sus derechos como tal; debemos defender la idea y sumarnos en la lucha por su preservación.
Hoy todos los hombres de buena voluntad somos Charlie; hoy todos somos la LIBERTÉ.
Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores.
Los hechos han demostrado mil y una vez, que la historia es cíclica. A comienzos del Siglo XX, y hasta mediado de los 40, la humanidad se vio sumergida ante los constantes autoritarismos, tanto de derecha como de izquierda, procurando cada cual por su medio, instaurar un nuevo “ORDEN”, en el que el dogmatismo y la verdad revelada, fuese ley; la mejor herramienta para concretar su avasallamiento y unificación de criterio ante el mundo, no era otra que el aniquilamiento de todo tipo de libertades, comenzando por la madre de todas ellas, como lo es la LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
A lo largo de la historia ese parece haber sido el principal obstáculo para que unos pocos “iluminados” triunfasen y sometieran por medios espúreos y en nombre de algo superior, a las grandes mayorías, que ante vacíos de respuestas a problemas reales y huérfanas de liderazgos sólidos y solventes, dejaban guiarse por los cantos de sirenas, que poco a poco, diezmaban sus espíritus libertarios y los sometía silenciosamente al abandono de todo libre albedrío, principal exponente de nuestra civilización.
Todas las religiones y movimientos políticos han intentado inyectarnos ese virus; unos convencidos de representar la voluntad de Dios, y los otros de los propios oprimidos. Los métodos han variado con los tiempos, y no tanto. El objetivo prosigue su ruta: dominar.
En los últimos días una vez más esa libertad que tanto ha costado obtener, esa misma que a veces cuestionamos por no resolvernos la vida de la manera que deseamos y que en algunas oportunidades despreciamos utilizándola en contra de ella misma, ha sido golpeada, y no debe, no puede, recibir nuestra indiferencia.
El Semanario Charlie Hebdo de París, vio regado los suelos de su redacción, con la sangre de sus periodistas y dibujantes; acalló por un instante su voz irreverente; su verdad, con la cual quizás alguna vez discrepamos, pero como lo sostuvo sabiamente Voltaire, aún estando en desacuerdo, defendería con su vida, su derecho a decirla.
Hoy parecen superados los enfrentamientos políticos ideológicos, y haber resucitado, como en la era de las cruzadas, el religioso, envuelto en un fundamentalismo prepotente e irracional.
Pero más allá de la fe, que creemos no ser el núcleo del asunto, esa dominación de la que hablamos anteriormente, es el meollo del asunto; lo que transformaría a ésta ola de intolerancia en una guerra contra nuestra civilización, una nueva Guerra Fría y despiadada contra nuestra forma de vida y creencias sociales.
No deseamos ser alarmistas y muchísimo menos futurólogos; solamente vemos que se avecinan tiempos algo difíciles, y que cada vez aumentará. Los Yihadistas decapitando hombres por el hecho de ser europeos o norteamericanos; los fundamentalistas asesinando y secuestrando jovencitas por ser cristianas; los mensajes de repudio a occidente por considerarlo hereje; son síntomas que con matices, ya ocurrieron.
La persecución por ser de tal o cual raza, etnia, credo o fe; la persecución por pensar diferente y no tener temor a decirlo y ejercerlo; la persecución por no claudicar en las convicciones; son conceptos instalados en nuestros genes y que por más que disgusten a algunos, son nuestra idiosincrasia y así como la de ellos, debe de ser respetada.
Con la Revolución Francesa comenzó la emancipación de la voluntad individual del hombre y el ejercicio igualitario de sus derechos como tal; debemos defender la idea y sumarnos en la lucha por su preservación.
Hoy todos los hombres de buena voluntad somos Charlie; hoy todos somos la LIBERTÉ.