¿Cómo me beneficia un fideicomiso?

Siempre es escuchado ese concepto pero pocas veces es tan claro, para que quien entiende de qué se trata, pueda usarlo como herramienta y sacar provecho de él. Por eso en esta entrega, preferimos hablar del fideicomiso. Su régimen legal, sus ventajas y quiénes son las partes intervinientes.

Su régimen legal está establecido en la ley 17.703, aprobada en el año 2003.

Establece que el fideicomiso se trata del negocio jurídico que consiste en la transferencia de bienes o derechos del patrimonio de una persona física o jurídica, para formar un patrimonio autónomo, confiado a un administrador, para que éste lo administre o ejerza los derechos en cumplimiento de determinadas instrucciones, a favor de uno o más beneficiarios. 
Además, una vez que se cumplan los plazos establecidos o la condición estipulada en el contrato, estos bienes o derechos se restituyen a quien trasmitió los bienes o derechos inicialmente, o se transfieren a una tercera persona beneficiaria. 

¿Cómo se denominan las diferentes partes?

Asimismo, las partes que intervienen en un fideicomiso, tiene distintas denominaciones. La persona que trasmite los bienes o derechos objeto del negocio con las instrucciones de cómo proceder con los mismos, se denomina Fideicomitente o Fiduciante.
Mientras que la persona que recibe tales bienes o derechos (que se llaman bienes fideicomitidos) con la finalidad de cumplir con lo establecido en el acto que constituye el fideicomiso, se denomina, Fiduciario. El nombre proviene de la palabra Fiducia, que en latín significa, confianza.

El fiduciario es a quien se le confían los bienes o derechos transmitidos y puede ser tanto una persona física como jurídica, según establece el artículo 11 de la ley 17.703, que impone los requisitos para ser fiduciario, entre los cuales establece la capacidad legal exigida para ejercer el comercio. Para el fideicomiso fiduciario (regulado en el artículo 25 para los títulos valores), solamente podrán ser fiduciarios, las entidades de intermediación financiera, y las sociedades administradoras de fondos de inversión. En los otros casos, el cese del fiduciario, está regulado en el artículo 22 de la ley.
Por otra parte, al fideicomiso también lo integran el fideicomisario o Beneficiario que es la persona que recibe los beneficios de los bienes o derechos administrados por el Fiduciario. Pero además, el Fideicomitente (que es la persona que trasmite los bienes o derechos) puede ser también el Beneficiario.
Los bienes que son objetos de este negocio jurídico, salen de la esfera patrimonial del Fideicomitente (quien trasmite los bienes) y constituyen la Propiedad Fiduciaria, pasando a formar un patrimonio de afectación independiente del patrimonio del Fiduciario y excluido de la garantía de los acreedores de este.

Entonces, tanto el Fideicomitente (que transmite bienes o derechos) como el Beneficiario (que incluso puede ser la misma parte), pueden ejercer sus derechos para asegurarse de que se cumpla el fideicomiso, según la escritura que le da lugar al mismo y que ellos se encargan de pactar.

¿Para qué sirve el fideicomiso?

Este contrato de materia civil, tiene una implicancia económica para las partes que es importante destacar. Según sostienen los autores más destacados en la materia, las aplicaciones para este nuevo instrumento son diversas: una de las más utilizadas, es como instrumento facilitador del crédito. Quien tiene necesidad de obtener un crédito, puede establecer un fideicomiso que por su naturaleza separa ciertos bienes del patrimonio de la persona, para constituir un patrimonio aparte, libre de cualquier otra afectación.

El fideicomiso es un instrumento de garantía más eficiente en el ámbito de los negocios, que da mayor seguridad jurídica a los inversores. En comparación con los derechos reales de hipoteca o de prenda, (clásicos instrumentos de garantía utilizados en Uruguay para solicitar un crédito) en el Fideicomiso la propiedad ha sido transferida al Fiduciario que será quien administrará el Fideicomiso de acuerdo con las instrucciones proporcionadas por el Fideicomitente.

Una vez cumplida la condición o el plazo, ese patrimonio de afectación se restituirá al Fideicomitente o se trasmitirá al Beneficiario en cumplimiento de lo pactado, sin necesidad de acción judicial. El beneficiario también puede ser una persona futura, que no exista al momento de celebrar el fideicomiso.

Para tranquilidad de las partes, la ley establece además que el fideicomiso puede ser extinguido y enumera sus causales en el artículo 33 de la ley.

Se trata de una herramienta interesante para proteger patrimonio de los malos negocios y para asegurar capital a futuro, por los posibles avatares económicos que pongan en riesgo el patrimonio de una persona.