El principio de igualdad no se cumple en Uruguay

El artículo 8º de la Constitución de la República establece el principio de igualdad ante la ley que rige para todos los ciudadanos del país. Pero como todo en derecho, una cosa es lo que dice el texto de la ley y otra muy distinta es su aplicación por la mano de los hombres.
El otro día un joven que venía de Concordia fue sometido a un riguroso control por parte de los funcionarios aduaneros que están en el puente de Salto Grande. Le sacaron dos frascos de shampoo que traía para su consumo y le dijeron que como todavía estaba vigente el “cero kilo”, no podía pasarlos. El hombre, reaccionó en forma iracunda y prefirió destrozar la mercadería ante la cara impávida del funcionario, que entregárselo, por dudar (quien no) de su destino, ya que no se tragaba la pastilla de que ambos productos para el cabello fueran a parar al depósito de la Aduana.
El argumento a mi juicio debió haber sido: el día que Aduana reprenda a todos los que viven del contrabando y que han aumentado su patrimonio gracias al enriquecimiento ilícito y estos sean procesados, el día que esos mismos funcionarios que te miran de reojo como a un delincuente por cruzar hacia Concordia hayan desabastecido al Bagashopping, el día que no haya más productos de contrabando en las tiendas del centro de la ciudad y que hagan cumplir la norma a rajatabla, que me detengan.
Mientras tanto, cada vez que haya una revisión en el paso de frontera por el cero kilo, los ciudadanos deberían no permitirla y exigir el cumplimiento del artículo 8º de la Constitución, y que la ley se aplique para todos los ciudadanos de este país. De lo contrario, ellos mismos serán los que están violando la Constitución y podrían ser denunciados.

El artículo 8º de la Constitución de la República establece el principio de igualdad ante la ley que rige para todos los ciudadanos del país. Pero como todo en derecho, una cosa es lo que dice el texto de la ley y otra muy distinta es su aplicación por la mano de los

<p>Hugo Lemos</p>

Hugo Lemos

hombres.

El otro día un joven que venía de Concordia fue sometido a un riguroso control por parte de los funcionarios aduaneros que están en el puente de Salto Grande. Le sacaron dos frascos de shampoo que traía para su consumo y le dijeron que como todavía estaba vigente el “cero kilo”, no podía pasarlos. El hombre, reaccionó en forma iracunda y prefirió destrozar la mercadería ante la cara impávida del funcionario, que entregárselo, por dudar (quien no) de su destino, ya que no se tragaba la pastilla de que ambos productos para el cabello fueran a parar al depósito de la Aduana.

El argumento a mi juicio debió haber sido: el día que Aduana reprenda a todos los que viven del contrabando y que han aumentado su patrimonio gracias al enriquecimiento ilícito y estos sean procesados, el día que esos mismos funcionarios que te miran de reojo como a un delincuente por cruzar hacia Concordia hayan desabastecido al Bagashopping, el día que no haya más productos de contrabando en las tiendas del centro de la ciudad y que hagan cumplir la norma a rajatabla, que me detengan.

Mientras tanto, cada vez que haya una revisión en el paso de frontera por el cero kilo, los ciudadanos deberían no permitirla y exigir el cumplimiento del artículo 8º de la Constitución, y que la ley se aplique para todos los ciudadanos de este país. De lo contrario, ellos mismos serán los que están violando la Constitución y podrían ser denunciados.







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