La anhelada transformación

Un nuevo Código del Proceso Penal (CPP) es justo lo que el sistema judicial reclama desde hace muchos años. Es que hasta ahora, el principio de presunción de inocencia, ese que dice que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, estaba siendo socavado por el actual sistema inquisitivo.
Es que hasta hoy, una persona que es detenida por haber sido encontrada en infraganti delito o habiendo semi plena prueba de que cometió uno, era llevado ante la justicia, donde tenía que tratar de evitar la existencia de “elementos de convicción suficientes” que son los que aseguran que estas personas fueran procesadas con o sin prisión, mientras esperan el desarrollo del juicio penal en su contra, para determinar si efectivamente cometieron el delito que les fue tipificado en el procesamiento.
Porque el actual sistema es así, basta con que haya un elemento de prueba que determine que una persona podría estar implicada en un hecho delictivo y según la gravedad del delito que se le acusa de haber cometido, puede llegar a estar un tiempo tras las rejas, por la nefasta figura de la prisión preventiva, que en muchos casos pone por varios meses y hasta en algunos casos, sin salida transitoria alguna, a quienes mientras eso les pasa, están técnica y paradójicamente en una situación de presunción de inocencia.
Pero la reforma del CPP apunta a buscar mayor efectividad por un lado y mayor transparencia por otro, al hacer ahora los juicios penales orales y públicos, derribando así el mito que tienen hoy, donde nadie puede acceder a una audiencia judicial penal porque le está vedado el acceso incluso al propio recinto, ya que hasta hay severas cortapisas en el acceso a los expedientes penales, que luego del sumario, es decir del procesamiento de una persona, deberían ser públicos.
La necesidad de cambiar ese sistema procesal penal que vulnera todos los derechos individuales del encausado y hasta del denunciante, mandando a la gente presa por las dudas y con un después vemos, es inminente. Lo positivo es que los responsables de hacerlo, por fin hayan tomado conciencia y hagan lo que deben hacer.

Un nuevo Código del Proceso Penal (CPP) es justo lo que el sistema judicial reclama desde hace muchos años. Es que hasta ahora, el principio de presunción de inocencia, ese que dice que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, estaba siendo

<p>Hugo Lemos</p>

Hugo Lemos

socavado por el actual sistema inquisitivo.

Es que hasta hoy, una persona que es detenida por haber sido encontrada en infraganti delito o habiendo semi plena prueba de que cometió uno, era llevado ante la justicia, donde tenía que tratar de evitar la existencia de “elementos de convicción suficientes” que son los que aseguran que estas personas fueran procesadas con o sin prisión, mientras esperan el desarrollo del juicio penal en su contra, para determinar si efectivamente cometieron el delito que les fue tipificado en el procesamiento.

Porque el actual sistema es así, basta con que haya un elemento de prueba que determine que una persona podría estar implicada en un hecho delictivo y según la gravedad del delito que se le acusa de haber cometido, puede llegar a estar un tiempo tras las rejas, por la nefasta figura de la prisión preventiva, que en muchos casos pone por varios meses y hasta en algunos casos, sin salida transitoria alguna, a quienes mientras eso les pasa, están técnica y paradójicamente en una situación de presunción de inocencia.

Pero la reforma del CPP apunta a buscar mayor efectividad por un lado y mayor transparencia por otro, al hacer ahora los juicios penales orales y públicos, derribando así el mito que tienen hoy, donde nadie puede acceder a una audiencia judicial penal porque le está vedado el acceso incluso al propio recinto, ya que hasta hay severas cortapisas en el acceso a los expedientes penales, que luego del sumario, es decir del procesamiento de una persona, deberían ser públicos.

La necesidad de cambiar ese sistema procesal penal que vulnera todos los derechos individuales del encausado y hasta del denunciante, mandando a la gente presa por las dudas y con un después vemos, es inminente. Lo positivo es que los responsables de hacerlo, por fin hayan tomado conciencia y hagan lo que deben hacer.