La ley integral Trans contribuye a la validación de los cambios sociales que vive nuestra sociedad

“Porque la ignorancia no sirve de excusa”

La ley integral para personas Trans, que acaba de aprobarse y que tanto revuelo generó no solo introduce novedades desde el punto de vista jurídico, sino que también impone un nuevo modelo social que trae aparejado un proceso de transformación cultural, que implica aceptar condiciones humanas que son parte de nuestra sociedad y que han sufrido discriminación desde que se han exteriorizado como tales.
Por eso es buena cosa que el artículo 3, habla de las definiciones sobre las personas que establece la norma y dice: “A los efectos de interpretación de la presente ley y cualquier otra norma relacionada, siempre que no se indique lo contrario, se entenderá por: a) Identidad de género a la vivencia interna e individual del género según la siente y autodetermina cada persona, sin que deba ser definida por terceros. En coincidencia o no con el género asignado en el nacimiento y pudiendo involucrar o no la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido”.
Esto ya genera una situación que, compartible o no por el resto de la sociedad, debe ser aceptada porque hay una norma que lo establece y lo permite y al menos debe ser respetada.
Por eso más allá de que haya una desnaturalización de la condición personal, cuando dice que la identidad se la da la propia persona más allá del género asignado en el nacimiento, asignación que hace la biología, pero que en este caso una ley desnaturaliza en función de lo que siente esa persona que es.
Y sigue la ley: b) Expresión de género a la exteriorización de la identidad de género mediante el lenguaje, la apariencia, el comportamiento, la vestimenta, las características corporales, el nombre, entre otros. c) Persona trans a quien autopercibe y/o expresa un género distinto al sexo que le fue legal y/o convencionalmente asignado al momento del nacimiento, o bien un género no encuadrado en la clasificación masculino/femenino. A los efectos de esta ley y sin prejuzgar otras acepciones sociales actuales y futuras, la identidad trans ampara múltiples formas de expresión de la identidad de género, en particular, se incluye a las personas identificadas como travestis, transgéneros y transexuales, variantes de género queer o personas de género diferenciado, así como a quienes definen su género como “otro”, o sin género, o describan su identidad en sus propias palabras. d) Mujer/niña trans a aquella persona que habiendo sido convencionalmente asignada al sexo masculino al momento de su nacimiento, posee una identidad de género autopercibida femenina. e) Hombre/varón/niño trans a aquella persona que habiendo sido convencionalmente asignada al sexo femenino al momento de su nacimiento, posee una identidad de género autopercibida masculina.
Aquí, el artículo 3º de la ley, determina que hay legalmente otras condiciones personales que ya no son la hombre/mujer y que la sociedad debe respetar su legalidad. Ahora tiene que venir aparejada una transformación cultural que pasa por la aceptación de una realidad que se impone por la voluntad de las personas y su autonomía de la voluntad, y por los cambios a nivel jurídico que permiten que eso se plasme como condición.
El tema es que es la aceptación no puede venir por decreto y la sociedad deberá a través de este reconocimiento legal, permitir que exista, respetarlos como personas, y valorarlas por sus capacidades y virtudes, sin prejuzgar si están de acuerdo o no con su forma de ver la vida.
En este caso, la ley se establece como herramienta para reconocer la validación de las personas trans y eso aporta a una sociedad que debe acostumbrarse a los cambios.

Hugo Lemos







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