Los contratos de sumisión

Los contratos por definición son una convención, o sea un acuerdo, por el cual una parte se obliga para con la otra o ambas partes se obligan recíprocamente, para hacer o no hacer alguna cosa. Esto conlleva a que las partes obligadas, acuerden entre sí, qué es lo que quieren hacer. Es decir, utilizando su capacidad de negociación, la que tiene cualquier persona, llegan a un acuerdo y celebran un contrato.
Pero el mundo vertiginoso en el que vivimos nos impone una modalidad distinta para captar clientes a gran escala y vincularlos a los productos y servicios que ofrecen las distintas empresas. Los mismos están destinados a los consumidores. Para esto, existen los denominados contratos de adhesión, donde una de las partes se adhiere a los términos que establece la otra y se atiene a las obligaciones que le imponen a cambio de entregarle un producto o brindarle un servicio.
El contrato de adhesión es contrapuesto al contrato paritario en donde las partes discuten el contenido del negocio libremente, en un plano de igualdad, y forjan con su mutua colaboración todas las estipulaciones. En los últimos tiempos ha habido un aumento de la conflictividad legal en función del incumplimiento de los contratos de adhesión por parte de los consumidores, quienes muchas veces alegan vicios en la información por parte de quienes emiten los contratos.
En estos casos, existe una predeterminación del contenido contractual, por obra exclusiva de una de las partes. Establece sus cláusulas de manera rígida (o sea, inmodificables), porque deben ser aceptadas o rechazadas por quien se adhiere, pero nunca cambiadas de su formato original.
Entonces, la sucesiva adhesión del consumidor a este tipo contractual ha dado lugar, cada vez que el mismo deriva en un conflicto, a que haya supresión en la etapa de las tratativas, donde generalmente las partes buscan un acuerdo. Asimismo, se impone la superioridad económica del predisponente y se deja en evidencia el estado de necesidad del adherente, que se encuentra constreñido a tomar o dejar el esquema contractual ofrecido. Respecto a su naturaleza jurídica, podemos decir que la adhesión, no es una aceptación, sino una sumisión del particular a un reglamento, por tanto no se contrata, sino que se adhiere a lo que ya está hecho.

Los contratos por definición son una convención, o sea un acuerdo, por el cual una parte se obliga para con la otra o ambas

Hugo Lemos

Hugo Lemos

partes se obligan recíprocamente, para hacer o no hacer alguna cosa. Esto conlleva a que las partes obligadas, acuerden entre sí, qué es lo que quieren hacer. Es decir, utilizando su capacidad de negociación, la que tiene cualquier persona, llegan a un acuerdo y celebran un contrato.

Pero el mundo vertiginoso en el que vivimos nos impone una modalidad distinta para captar clientes a gran escala y vincularlos a los productos y servicios que ofrecen las distintas empresas. Los mismos están destinados a los consumidores. Para esto, existen los denominados contratos de adhesión, donde una de las partes se adhiere a los términos que establece la otra y se atiene a las obligaciones que le imponen a cambio de entregarle un producto o brindarle un servicio.

El contrato de adhesión es contrapuesto al contrato paritario en donde las partes discuten el contenido del negocio libremente, en un plano de igualdad, y forjan con su mutua colaboración todas las estipulaciones. En los últimos tiempos ha habido un aumento de la conflictividad legal en función del incumplimiento de los contratos de adhesión por parte de los consumidores, quienes muchas veces alegan vicios en la información por parte de quienes emiten los contratos.

En estos casos, existe una predeterminación del contenido contractual, por obra exclusiva de una de las partes. Establece sus cláusulas de manera rígida (o sea, inmodificables), porque deben ser aceptadas o rechazadas por quien se adhiere, pero nunca cambiadas de su formato original.

Entonces, la sucesiva adhesión del consumidor a este tipo contractual ha dado lugar, cada vez que el mismo deriva en un conflicto, a que haya supresión en la etapa de las tratativas, donde generalmente las partes buscan un acuerdo. Asimismo, se impone la superioridad económica del predisponente y se deja en evidencia el estado de necesidad del adherente, que se encuentra constreñido a tomar o dejar el esquema contractual ofrecido. Respecto a su naturaleza jurídica, podemos decir que la adhesión, no es una aceptación, sino una sumisión del particular a un reglamento, por tanto no se contrata, sino que se adhiere a lo que ya está hecho.