Los Fiscales avanzan un puesto en el camino hacia su anhelada independencia

Cuando actúa un fiscal en una causa contra el Estado, que es el jefe, siempre se le miraba el pelo a sus investigados porque se presumía que si se actuaba contra el Poder Ejecutivo, el fiscal no iba a rascar hasta el hueso porque su superior jerárquico inmediato, el ministro de Educación y Cultura, podía tratar de impedir el avance de una causa.
Aunque esto era improbable que ocurriera, la manera que tenían las autoridades de incidir en lo que terminaría siendo un mal desempeño de un fiscal en una causa, era la carencia de recursos con los que contaban estas dependencias.
Porque para un ministro de Educación y Cultura, con esos dos temas tenía para entretenerse los cinco años que podría durar su gestión y encima, le metían al Ministerio Público y Fiscal bajo su órbita, todo terminaba siempre en lo mismo “no tener previsto ni siquiera asomarnos por la ventanilla de la oficina del Fiscal de Corte, ellos sabrán cómo manejarse”, como me dijo el entonces subsecretario de Educación y de Cultura, en el 2005, Felipe Michelini.
Y quizás ese haya sido hasta ahora el mayor problema del Ministerio Público y Fiscal, son los abogados que defienden las causas públicas en nombre del Estado, pero a su vez estaban supeditados al Poder Ejecutivo que les podía decir sí o no a muchas cosas, por más que en los papeles éstos tuvieran “independencia técnica”.
Pero en estos días hubo un avance bastante importante para que los fiscales logren esa anhelada independencia. Una ley aprobada recientemente, la Nº19.334, creó la figura de la Fiscalía General de la Nación, que si bien “debe relacionarse a todos los efectos” con el Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Educación y Cultura, según dice la ley, crea la figura de un director general de fiscalía que en cierta medida hará valer la carrera funcional de magistrados y funcionarios a través de un área con sentido propio.
Crea el servicio descentralizado Fiscalía General de la Nación y en ese marco propone un nuevo orden de jerarquía para la organización administrativa y hasta salarial de sus funcionarios que hace bien y es positiva para que los fiscales, que son los que se verán como protagonistas de la escena de los hechos y su figura cobrará especial relevancia a partir de la implementación del nuevo proceso penal, tendrán al menos una independencia que les hará bien para sentirse parte de sí mismos, antes de no ser parte de nada concreto y de que nadie bregue por ellos, más que ellos mismos y el fiscal de Corte de turno.
Por eso creo que es saludable que la Fiscalía General de la Nación sea creada por ley como un servicio descentralizado, independiente en su rol jerárquico del ministro de Educación, algo que no debió ser nunca.
Ese relacionamiento entre un magistrado y el poder que gobierna el país, es justamente lo que se propuso erradicar por parte de Montesquieu en el Siglo XVIII, con el principio de separación de poderes, pero el fiscal sigue siendo un bicho raro, no es independiente del todo, pero tampoco es dependiente del Poder Ejecutivo, aunque esa nueva denominación, ayudará a que tomen riesgos y maduren actuando sobre sus pasos y tomando riesgos para sí.
Por eso saludo que ahora ese rol de autoridad dentro del Ministerio Público tenga un grado más de autonomía y esperamos que eso redunde en beneficio para el justiciable que en definitiva es el destinatario de sus actuaciones.

HUGO LEMOS







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