LA ALBORADA DE VENEZUELA

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Retomamos la labor en este 2019 con una noticia de esperanza y de reivindicación de los postulados democráticos con los que nos hemos formado y en los que creemos absolutamente y defendemos con convicción. Dos hechos inéditos corroboran que llegó la hora de la transición democrática en Venezuela. Primero, la responsable, admirable y valiente actitud adoptada por el Presidente de la Asamblea General de Venezuela, el Diputado Juan Guaidó, al asumir sus responsabilidades de acuerdo a lo que establece la Constitución de ese país. Segundo, una cohesión sin precedentes en la comunidad internacional, especialmente en el continente americano. MANODURAYPLOMOMANODURAYPLOMOEl pasado jueves 10 de enero terminó el periodo presidencial 2013-2019, produciéndose un vacío de poder y una potencial usurpación de continuar Maduro en el cargo. La Constitución Bolivariana de Venezuela, ordena que dicho vacío debe ser ocupado por el Presidente de la Asamblea Nacional, haciéndose cargo de manera provisoria de las funciones del Poder Ejecutivo hasta tanto un nuevo Presidente surja de la convocatoria a elecciones libres y justas.Para el nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, no cumplir con esa Constitución suponía comprar un boleto sin retorno hacia el olvido. Es decir, pasar a ser despreciado y descontado por una sociedad que ha escuchado demasiadas acrobacias discursivas de parte de políticos dispuestos a cohabitar con la dictadura.
“Es casi una ley, signo inequívoco de colapso cuando, para continuar en el poder, una dictadura debe violar hasta la propia institucionalidad que diseñó a su antojo”
Lo que es por más demostrativo del verdadero espíritu democrático por parte de los detractores del régimen chavista ya que la Constitución es la de Chávez, a la medida del régimen. Lo cual es mejor desde el punto de vista del argumento político, ya que desnuda por completo el carácter autoritario de ese régimen y su deterioro irreversible. Es casi una ley, signo inequívoco de colapso cuando, para continuar en el poder, una dictadura debe violar hasta la propia institucionalidad que diseñó a su antojo. El viernes 11 Juan Guaidó se acercó a la gloria, rápidamente y con convicción. Como reza la comunicación oficial del Parlamento, apegándose a los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución, el Presidente de la Asamblea Nacional asumió las competencias de la presidencia de la República para convocar a un proceso de elecciones libres que faciliten una transición. La declaración es inequívoca. Apeló a los militares y a la comunidad internacional, ambos imprescindibles, para respaldarlo y así legitimarlo aún más. Un Jefe de Estado o de Gobierno es tal en tanto sea reconocido por el mundo financiero, cuente con la obediencia de las instituciones armadas y sea considerado legítimo por parte del sistema internacional. La comunidad internacional (con la lamentable excepción del gobierno uruguayo), se ha ido cohesionando para desconocer a Maduro y eso ha dado impulso a la decisión de Guaidó. La OEA lo hizo inmediatamente, en la figura de su Secretario General Luis Almagro. Después, varios países miembros reconocieron la autoridad legítima del Presidente interino. Ocurrió en el marco de la reunión que se llevaba a cabo en la OEA y siguió con pronunciamientos desde varias capitales.
Los aliados de Maduro, por su parte, siguen ha blando de soberanía y no intervención. El mundo de la no intervención es tan solo una ficción de cómplices o miopes. Si el mundo funcionara así, el Apartheid continuaría vigente, Milosevic habría muerto en su casa y Videla en el poder. Quienes proclaman semejantes sinsentidos solo protegen la reproducción de la injusticia. Y, por más que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), haya detenido por unos momentos al legítimo Presidente y a periodistas que cubrieron el momento, con un claro objetivo de amedrentamiento, el mundo democrático, por el contrario, ha dado un paso firme en apoyo a la transición política que se inicia, posibilitando el avisoramiento de la alborada de Venezuela.