La apariencia y el delito

Cuando en las clases de Derecho Penal en la querida Facultad de Derecho de nuestra imponente Regional Norte (es que siento mucho orgullo de nuestra universidad pública en Salto) nos hablaban de la apariencia delictiva de una persona que podía estar implicada en un delito, era porque poseía elementos que lo asociaban a los hechos que se estaban investigando.
Ya sea porque la persona había estado en el lugar donde sucedieron los acontecimientos, o porque hubo testigos que la vieron cerca, o porque al detenerla contaba con elementos que la identificaban con ese caso en particular. Recuerdo las enseñanzas de profesores como Eduardo Pesce (ya fallecido), Diego Caamaño o Zayda de la Carrera, que amén de hacernos leer los libros de Bayardo Bengoa, del propio Pesce o de Gonzalo Fernández, y ni que hablar de los manuales de Milton Cairoli, nos contaban qué era lo que decía la ley penal por un lado, y cómo era la realidad en las cárceles uruguayas de aquel tiempo, hablo de los años 2003 y siguientes, cuya situación en materia de resultados, no es nada diferente a la actual.
Pero pensar que una persona tenía apariencia delictiva era algo bien especificado. Se trata de un sujeto que, con movimientos o actitudes sospechosas hace presumir que pretende participar de un delito. Aunque como la hipocresía campen en este país, ya van a salir muchos a decir que nadie piensa eso. Y mienten. Mienten a cara de perro, porque cuando ven un pibe mal vestido con tatuajes y un peinado raro con cara de enojado, suben el vidrio del auto o la camioneta.  delito
Esto, porque desde hace unos días, un grupo de intelectualoides, que se dicen de izquierda, que creen que hablar de justicia social e igualdad de oportunidades desde un cómodo sillón con secretaria y todo, que se lo ganaron durante estos años por militancia política y no por mecanismos que le den oportunidades a todos de ocupar esos cargos, como la llamada meritocracia, hablan de una propuesta en la que el futuro gobierno plantea exigir más controles sobre controlar a aquellas personas con apariencia delictiva, para evitar daños a la sociedad.
Algo que me parece que es lo que la sociedad en su conjunto viene reclamando desde hace mucho tiempo, por la situación de inseguridad que estamos atravesando, y que tantos muertos ha dejado y tantas víctimas nos muestra a diario. Pero en esos casos, para criticar de arriba, también esa horda de nerviosos por la posibilidad de perder los privilegios a los que se habían acostumbrado sin hacer tanto esfuerzo durante todo este tiempo, se ponen a criticar lo que sea, pero son los primeros en salir a vomitar una catarata de insultos en el caso de ser ellos mismos las víctimas de un delito.
El otro día alguien puso en redes que se describiera a una persona con apariencia delictiva. Y yo recordé de inmediato a los dos pibes que vi sentados a una cuadra de la casa de mi madre en la noche del lunes, los que hacían que estaban conversando pero que su manera de vestir ya los delataba. Con ropas oscuras y caras semicubiertas con gorras y canguros en pleno verano, no eran del barrio y se sentaron como si no pasara nada.
Está bien, tienen derecho a hacerlo, pero era demasiado elocuente para mi que si me sentara en una esquina lejos de mi barrio con otra persona, en pleno verano, casi tapado y en el lado oscuro de la cuadra, la situación tiene al menos apariencia delictiva. Después que esas personas se levanten y sigan su camino sin hacer daño a nadie, era parte de un cuento de hadas. Y quienes puedan criticar esta postura, son aquellos que si ven la misma escena que yo, al menos sospechan.
Al rato, siendo un escándalo en la calle y pasó lo obvio. Un trabajador dejó su moto un momento frente a una casa y en un descuido, los dos muchachos dejaron de charlar para cometer lo que su apariencia indicaba, un delito. Le robaron la moto al trabajador que salió gritando para que alguien, de esos que seguramente critican al gobierno entrante por esta medida, lo saliera a ayudar.
Muchos llamaron al 911, otros comentaban lo mismo que yo había pensado cuando los vi. Que eran dos personas que no estaban charlando una noche de verano en una esquina cualquiera de la ciudad, seguramente muy lejos del barrio de donde viven. Sino que eran dos sujetos esperando el golpe del balde, que se les diera el momento, para robar, generándole un perjuicio a alguien, cuando no, un daño físico también, como ocurrió en esa misma esquina solo 24 horas después, con una mujer mayor que llegaba a su casa con una cartera hasta que la tiraron al suelo para sacársela.
En definitiva, la situación de inseguridad es altamente compleja, alarmante, y lamentable, pero cuando alguien quiere hacerse cargo y lanzar una propuesta, llueven las críticas. Yo aplaudo aquellas medidas que son bien fundamentadas y que argumentan contra las medidas oficiales para mejorarlas.
Pero critico aquellos comentarios y burlas a quienes proponen medidas para mejorar la situación de inseguridad. Porque si esa gente mañana tiene un kiosco y de madrugada entran a asaltarlo, como ocurre a diario tristemente en nuestra ciudad, o entran a sus casas en el peor de los casos poniendo en riesgo la integridad física de sus familia, son los primeros que salen a exigir más seguridad, más represión y más acción policial para cuidarnos a todos de los que con apariencia delictiva, salen de sus casas a hacer gala de la misma, cometiendo delitos y dañando gente, sin importarles quienes son ni cuanto tienen.
Encima van a una cárcel, de la cual no salen recuperados de nada y además cultivan sus malos hábitos ya que no se les impone ninguna norma que los obligue a cambiar su actitud y entender que la convivencia pacífica entre los hombres, no se puede cumplir con gente como ellos. No ridiculicemos, la apariencia delictiva no es cómo visten, ya que hay ricos estafadores que se visten con trajes de miles de dólares y políticos que se visten como todos y roban como pocos, sino cómo actúan algunas personas a las que habrá que “tirarles de las orejas” como en la escuela, por lo menos, para que dejen de dañarnos a todos. Y a los criticones, terminen con la hipocresía, sino no vamos a avanzar nunca.

HUGO LEMOS