La bandera del reclamo

El sentimiento nacionalista ha empezado a renacer cada vez que hay un evento que merece toda nuestra expresión de sentimientos, ya sea con emoción, con bronca o con la pasión de haber conquistado un logro. Cada vez que eso sucede, allí está el recuerdo de ser uruguayo, de sacar la bandera nacional, de usarla como el máximo distintivo que podemos tener como muestra de identidad nacional y de que contra eso no hay nada que pueda más.
Así lo vimos en los últimos días cuando observábamos la serie de manifestaciones que han surgido desde distintos sectores de la sociedad, donde el más notorio fue el sector productivo que salió a ondear la bandera uruguaya como el recurso de protesta más genuino de la ciudadanía, ponderando que por encima de esa bandera no aceptaban nada y que la misma era el escudo que le daba legitimidad a sus protestas. reclamos
Las mismas que para ellos son una expresión genuina de libertad, democracia y republicanismo, y por eso si debían agitar una pancarta que traduzca sus sentires, entendieron que no existía mejor cosa que hacer ondear la bandera uruguaya.
Algo que tuvo efecto porque le tocó la fibra a muchos del gobierno y que nada pudieron decir, porque es el símbolo que nos une a todos más allá de nuestras diferencias. Si después la discusión está en que tenemos divergencias porque algunos tienen más y aún así reclaman, y entonces qué esperar para los postergados de siempre, cuando vivimos en un país donde la pobreza sigue creciendo, el desempleo es muy alto y la emergencia habitacional se traduce en asentamientos, es otra cosa.
Porque más allá de todas estas diferencias, al final del día todos nos juntamos para gritar los mismos goles de Suárez y Cavani. Entonces es muy importante tener conciencia del país en el que estamos viviendo, antes de querer compararlo con una republiqueta de esas donde sus autoridades tienen reelecciones indefinidas (siempre y cuando tengan elecciones), y donde la libertad de prensa es un espejismo que le cuesta la vida a todos aquellos que quieran acercarse a ella.
El Maestro del periodismo, Claudio Paolillo, decía que la libertad de expresión en el Uruguay actualmente está en su mejor momento, porque los periodistas a través de las organizaciones sociales habían logrado un reconocimiento del Estado que era importante en materia legal, para poder avanzar en la consagración y protección de ese derecho humano inalienable como es la libertad y todo esto no es cosa menor.
Porque por un lado permite que los del campo salgan a manifestarse con el pabellón patrio como escudo y que por otro, el PIT CNT y el Frente Amplio salgan a retrucarlos sin exigirles que no usen la bandera de todos para hacer de ella su protesta.
Con todo, es bueno saber que se puede estar en un país donde al menos las cosas pueden exigirse a los gritos y a través de la prensa, si es necesario. Pero teniendo en cuenta que estamos viviendo momentos donde todo se cuestiona y en los que el sector más pudiente de la sociedad sale a exigir justicia tributaria, que no es cosa menor, porque lo que reclaman en muchos casos es que no se los asfixie y se los deje explotar su negocio sin necesidad de que el Estado se quede con una tajada tan importante de sus ganancias, el gobierno acaba de darles a los jubilados un aumento que en muchos casos fue considerable.
Ahora, si hizo eso al costo de tener que enfrentar un déficit de las cuentas públicas, todavía no lo sé, pero sí sé que la aguja de la inflación no se movió un solo dedo porque muchos jubilados ahora ganen en promedio unos 2 mil pesos más en sus magras pasividades, que al final de cuentas, siguen siendo una estafa en función de todo lo que han aportado en el correr de sus años de trabajo.
Entonces que por un lado se reclame una mayor rentabilidad para empresas agropecuarias cuyos impuestos anuales se asemejan al valor de una camioneta 4 x 4 al año, (que no son todas, ya que hay muchísimos productores rurales que ganan mucho menos que lo que el pueblo todo le paga a un acomodado político mando medio en cualquier gobierno de turno ya sea departamental o nacional) para que junto con el esfuerzo que también hace el resto de la sociedad, entre ellos profesionales liberales y personas con multiempleos que son principalmente técnicos de distintos rubros, para que con ese esfuerzo impositivo haya pasivos que ganen unos pesos más, es algo que también debe ponerse sobre la balanza a la hora de exigir algunas cosas.
Porque al final de cuentas, yo no le descuento al sector productivo por gritar que quieren vivir más holgados, tienen todo su derecho a hacerlo y se lo llevo, pero si su esfuerzo es para mejorar la vida de los que menos tienen, por más que a ellos ese sector de la población les importe poco y nada, hace bien el Estado en demostrarles que esa gente a las que benefician y que tanto cuestionan, también está bajo la misma bandera uruguaya que ellos empuñan para hacer sus movilizaciones, sus vigilias, sus manifestaciones en las rutas y eso no pueden obviarlo por más que quieran hacerlo.
Por tal motivo, deberían leer a John Rawls y su trabajo sobre justicia distributiva, que en cierta medida, este interesantísimo académico y filósofo estadounidense, que de socialista no tenía un pelo, enseña que quienes más ganan deben aportar en función de sus ganancias para que el Estado se nutra y lo distribuya entre los que menos tienen, que también aportan pero dentro de su capacidad económica y por tal motivo, en mucho menor medida.
Entonces el hecho que quienes exigen medidas económicas que pueden llegar a ser impopulares, como el caso de un dólar a 36 pesos, que ellos crean que no se los entiende, créanme que sí se los entiende y muy bien, y por esa misma bandera nacional que hacen ondear junto a ese reclamo tan inoportuno como desatinado, es que ningún gobierno podría seguirles la corriente, porque ahí sí, la bandera uruguaya pasaría a ser para unos pocos y no para los tres millones que también la levantan con orgullo.

HUGO LEMOS







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