LA BONANZA QUE NO FUE

Estimados lectores. Diez años han pasado desde que Uruguay tembló a causa de la feroz crisis económica y financiera. Mucha agua corrió debajo del puente y admirables esfuerzos se realizaron para salir a flote, no sin dejar heridas y zozobras, de las cuales algunas cicatrizaron y superaron, y tantas otras aún perduran. De todas formas, el País supo transitar un camino de seriedad, madurez y responsabilidad, que le permitió afrontar su reposicionamiento interno y externo, con firmeza y dignidad.
En ésta década, como ya lo hemos manifestado en otros artículos y además es público y notorio, Uruguay recibió un enorme caudal de dinero, producto de la productividad de sus praderas, el trabajo denodado de sus ciudadanos y de la política económica, cuyo rumbo no varió a pesar de haberse cambiado de orientación ideológica en el gobierno; pero, y siempre los habrá, la “redistribución” de esa riqueza, no ha sido tan fabulosa ni fructífera, como su conquista.
Los debes hacia la sociedad, los conocemos hasta el hartazgo; educación, seguridad, salud, viviendas, trabajo digno con salarios suficientes para llegar a fin de mes de forma holgada y no con la soga al cuello, son, a nuestro entender, los más importantes.
El Sr. Presidente y el Dr. Vázquez, se empeñan en comparar al Uruguay de hoy, con una solvencia inigualable en su historia, con aquel de la crisis, donde a pesar de ella, se supo y pudo, por mera voluntad política, construir más escuelas de tiempo completo, que en ésta administración, la que mucho ruido ha hecho, pero que en el haber de las concreciones, ha dejado poquísimas nueces, cuando por la condición de sus arcas, debería de haber toneladas.
El candidato oficialista diserta sobre lo magnífico que sería un tercer gobierno de su colectividad, prometiendo cosas que con mayorías parlamentarias y platita constante y sonante no supo o esmeró en materializar; se larga a los cuatro vientos por el Sr. Presidente, las cosas que se deberían de hacer y las que no se hicieron, perdiéndose un tiempo irrecuperable en cháchara, en vez de aprovechar el presente, que creemos, también cuenta.
En fin. Dicen los sabios, que el tiempo es lo único que no se recupera, y debemos darles la razón.
Millones se han derrochado y han caído en un barril sin fondo, que bien pudieron y debieron utilizarse en la modernización de nuestras infraestructuras comerciales, educativas, de salud, de seguridad y de abaratamiento del costo de vida de los ciudadanos, especialmente de aquellos que son el motor del funcionamiento de nuestra economía, y que por los cuantiosos impuestos que penden sobre sus cabezas, son los más subyugados.
El oficialismo se ha obnubilado con un poder que les costó alcanzar, y que no desean perder por nada en éste mundo; por el camino quedan promesas inconclusas e incumplidas, que a diez años de gobernar, dicen harán en un tercer gobierno.
Permítasenos dudar ampliamente de sus intenciones como de sus capacidades; permítasenos advertir que, la historia recordará a la década pasada,
como la bonanza que no fue.
Estimados lectores.
Diez años han pasado desde que Uruguay tembló a causa de la feroz crisis económica y financiera. Mucha agua corrió debajo del puente y admirables esfuerzos se realizaron para salir a flote, no sin dejar heridas y zozobras, de las cuales algunas cicatrizaron y superaron, y tantas otras aún perduran. De todas formas, el País supo transitar un camino de seriedad, madurez y responsabilidad, que le permitió afrontar su reposicionamiento interno y externo, con firmeza y dignidad.
En ésta década, como ya lo hemos manifestado en otros artículos y además es público y notorio, Uruguay recibió un enorme caudal de dinero, producto de la productividad de sus praderas, el trabajo denodado de sus ciudadanos y de la política económica, cuyo rumbo no varió a pesar de haberse cambiado de orientación ideológica en el gobierno; pero, y siempre los habrá, la “redistribución” de esa riqueza, no ha sido tan fabulosa ni fructífera, como su conquista.
Los debes hacia la sociedad, los conocemos hasta el hartazgo; educación, seguridad, salud, viviendas, trabajo digno con salarios suficientes para llegar a fin de mes de forma holgada y no con la soga al cuello, son, a nuestro entender, los más importantes.
El Sr. Presidente y el Dr. Vázquez, se empeñan en comparar al Uruguay de hoy, con una solvencia inigualable en su historia, con aquel de la crisis, donde a pesar de ella, se supo y pudo, por mera voluntad política, construir más escuelas de tiempo completo, que en ésta administración, la que mucho ruido ha hecho, pero que en el haber de las concreciones, ha dejado poquísimas nueces, cuando por la condición de sus arcas, debería de haber toneladas.
El candidato oficialista diserta sobre lo magnífico que sería un tercer gobierno de su colectividad, prometiendo cosas que con mayorías parlamentarias y platita constante y sonante no supo o esmeró en materializar; se larga a los cuatro vientos por el Sr. Presidente, las cosas que se deberían de hacer y las que no se hicieron, perdiéndose un tiempo irrecuperable en cháchara, en vez de aprovechar el presente, que creemos, también cuenta.
En fin. Dicen los sabios, que el tiempo es lo único que no se recupera, y debemos darles la razón.
Millones se han derrochado y han caído en un barril sin fondo, que bien pudieron y debieron utilizarse en la modernización de nuestras infraestructuras comerciales, educativas, de salud, de seguridad y de abaratamiento del costo de vida de los ciudadanos, especialmente de aquellos que son el motor del funcionamiento de nuestra economía, y que por los cuantiosos impuestos que penden sobre sus cabezas, son los más subyugados.
El oficialismo se ha obnubilado con un poder que les costó alcanzar, y que no desean perder por nada en éste mundo; por el camino quedan promesas inconclusas e incumplidas, que a diez años de gobernar, dicen harán en un tercer gobierno.
Permítasenos dudar ampliamente de sus intenciones como de sus capacidades; permítasenos advertir que, la historia recordará a la década pasada, como la bonanza que no fue.
ADRIAN BAEZ.