La causa de todas las causas

“La vida es la causa de todas las causas, es frágil, hermosa y sobre todas las cosas, es un milagro”. Todas estas palabras pertenecen al expresidente José Mujica que se refirió así durante el documental Frágil Equilibrio al que recomiendo ver, no solo porque se trata de una película que nos muestra una realidad cruda y desnuda, esa que no queremos ver de nuestra humanidad, sino porque el premio Goya que acaba de obtener refleja la calidad de filme que es y encima porque de la misma participa un salteño, Pablo Godoy Estel, que desde su chacra del Hipódromo contribuyó a que mostrarnos una introspectiva de nosotros mismos.
En ese documental, Mujica dice algo que comparto y mucho, que la vida es lo más importante que tiene el ser humano y que es lo que menos cuida en torno a sí mismo, lo que menos demuestra importarle. Somos parte de un mundo que nos llena de responsabilidades y obligaciones contrarias a la naturaleza de vivir y esto termina volviéndonos agresivos contra nosotros mismos, porque nos hace olvidarnos de quiénes somos y qué queremos.
Hasta le tememos a la madre de todas las preguntas, porque seguramente en el 99 por ciento de los casos no le encontramos respuesta y por eso no nos la hacemos nunca, ni siquiera para reflexionar hacia adentro durante un fin de semana y no es otra que ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿somos felices?, ¿hacemos lo necesario para serlo o nos dejamos llevar por la corriente y es más fácil dejar que todo siga y aparentemos que vivimos mientras no sabemos cuál es el sentido de todo esto?
Nos levantamos y nos apegamos a una rutina que nos lleva a que estemos un momento en nuestra casa, junto a quienes más queremos y luego salgamos apurados rumbo a nuestros trabajos para cumplir con lo que el mundo espera que hagamos, mientras la cabeza se nos inunda de canas y el tiempo va desgastando nuestros sueños, al punto que nos volvemos más conservadores, es decir agarrados a lo que ya tenemos para no perderlo, un trabajo, un espacio donde descansar, un sillón en el que sentarnos, el que acaso ni siquiera nos gusta pero nos hemos conformado con que esté ahí, contra la pared y lo usemos para alienarnos al mundo que nos propone la televisión, y ni siquiera pensemos por un minuto que hay una vida que está ahí esperando por nosotros, mientras la miramos pasar por la ventana.
Está bueno saber que cada cosa que hacemos vale la pena, que la hemos escogido, que nos gusta y nos atrapa, y que eso es lo que hace que se quemen las horas, nuestro tiempo, lo más valioso que tenemos. Porque ese trabajo que nos ocupa cada día lejos de nuestro hogar y de los seres que más queremos, podrá comprar la comodidad del hogar, del transporte o pagar una buena educación para nuestros hijos, pero no va a comprarnos el tiempo que se nos va como por arte de magia y que lo sentimos pasar cada día más.
Son muchos los años que uno aspira a seguir viviendo, pero la cuestión es de qué manera queremos hacerlo y no tanto interesa ya la cantidad de tiempo que podamos tener por delante. Todo esto es bueno sentarse a meditarlo diariamente, hasta lograr el despegue de lo que uno quiere. A veces sentimos que todo está pronto, que nuestra vida ya ha tomado un rumbo y que es allí donde debemos quedarnos, cuando en realidad tenemos que tener la paciencia con nosotros mismos y el coraje de pensar que las cosas pueden ser diferentes.
El último día de lluvia se me acercó un joven adolescente todo mojado pidiéndome algo de comer, yo no tenía nada encima. Me dio mucha pena no poder ayudarlo, él siguió su camino todo mojado, sin zapatos y con los ojos cansados de la situación que estaba viviendo. Lo único que atiné a decirle fue “no es tu culpa, pero si dentro de unos años estás en la misma, pensá que sí puede empezar a serlo”.
Luego pensé un poco lo que le dije porque creí haber sido rudo con él, hasta que me di cuenta que esas palabras que me salieron de repente, eran un buen consejo, sobre todo porque me lo estaba dando a mi mismo y quizás ese pequeño, abandonado por sus padres que permiten que él ande en la calle en vez de estar en su casa comiendo y esperando ansioso el momento para empezar las clases, y olvidado por un perverso sistema que tampoco se va a encargar de que el mismo hoy concurra a las aulas, dentro de unos años, cambie su destino.
Solo hace falta voluntad.
Hoy es lunes, el primer día hábil de la semana, en el que todos arrancamos para nuestro lugar de trabajo y dejamos la comodidad del domingo. Abrimos paraguas y nos mojamos si es necesario, pero vamos a ocupar nuestra silla porque somos parte de un engranaje que no se detiene y que si nosotros no vamos, nos sustituye fácilmente por otros que se sumarán de una forma igual de fácil a la cadena, como por inercia. Pero que estarán ahí para ocupar nuestro lugar y el que sea necesario. Porque esa es la cadena que nos propone esta vida que hemos escogido y solamente está en nosotros pararnos en medio de la correntada y darnos vuelta si es eso lo que queremos hacer de una vez por todas.
Quizás estas líneas solo sean un aliento para hacer algo distinto, algo a lo que no nos hemos animado a hacer aún, o simplemente sean la culminación de un día de trabajo, pero creí necesario decirles a cada uno de los que estén leyendo esto, que se animen a hacer lo que realmente quieren, porque el reloj biológico nos corre y no se detiene. Y con él las oportunidades pasan y muchas no vuelven, así que tómenlas.
Pero sobre todas las cosas, vivan, sientan que la naturaleza humana les requiere eso, que deben sentir que están vivos, que si caen no importa, que solo precisan levantarse y seguir caminando, seguir luchando por lo que más quieren, no importa cuántos años tengan, o cuanto han deseado llegar a obtener lo que todavía no alcanzaron, sino que mientras se sigan levantando y peleando por lo que sienten que debe ser suyo, estarán más vivos que nunca y eso no se paga con nada, ni se compra en ningún lado.
La clave es creer en uno mismo, sentirse parte del todo y saber que su humanidad es única y que la vida que llevan consigo debe ser lo más importante para ustedes y para quienes los rodean.
Eso se llama libertad y la libertad es el sentimiento más disfrutable en cualquier ser humano. Sin muros, sin trampas, sin obstáculos que nos imponga nadie, la libertad es la esencia de la vida humana y a través de ella es la única forma de perder el miedo, de salirnos de la falsa comodidad y de alcanzar la felicidad humana que tanto necesitamos para darle sentido a todas las cosas que nos rodean.
Libertad, felicidad y vida, son la causa de todas las cosas.

HUGO LEMOSnotable







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