La culpa sigue siendo nuestra

Decía el extinto premio Nobel de Literatura, José Saramago, “no es que seamos pesimistas, sino que vivimos en un mundo pésimo”. Hay cosas que son lamentables, que siguen pasando, las seguimos llorando y al día siguiente todos esperamos que algo nuevo suceda, y así volvemos a lamentarnos, a gritar, a descontrolarnos, a pedir lo peor para los responsables y sobre todo, muchas veces terminamos hablando sin saber de lo que pasó y exigiéndole responsabilidad a quienes en el fondo del asunto, no la tienen. Y esto es aprovechado por quienes sí la tienen, para hacer la plancha y dejar que la turba le endilgue al otro, lo que es su responsabilidad.
En el caso del accidente fatal ocurrido el pasado viernes, donde dos familias conocidas de Salto, del establishment económico local, estuvieron involucradas por haber sido protagonistas, la sociedad entera esperaba un fallo judicial ejemplarizante, ya que la instancia operaba como un examen de la transparencia del Poder Judicial sobre la decisión que debía adoptar para castigar a los involucrados en un hecho de muerte, donde incluso había menores detenidos y tres familias lastimadas, las de los victimarios y sin dudas, la que se llevó la peor parte, la familia de la víctima que sin comerla ni beberla pasó a ser parte de la fatal estadística que tiene nuestro medio en materia de accidentes de tránsito.
En Salto fallecen más de 20 personas cada año por causa de los accidentes de tránsito, este nivel se mantiene desde mediados del año 2000 hasta el presente. Desde hace más de una década, cada año, los accidentes con personas lesionadas se sitúan hoy entre 7 y 8 por día, y llegan a superar los 2 mil por año. Son cifras realmente preocupantes que no cesan. Han pasado al menos tres intendentes, tres jefes de Policía y entre cinco y seis directores de tránsito de la comuna, y los números siguen siendo los mismos. Lo que quiere decir que estamos fritos, la culpa es nuestra y cada uno de nosotros somos los responsables de lo que está pasando.
Y lo somos porque permitimos que nuestros jóvenes conduzcan vehículos de manera desenfrenada y sin responsabilidad alguna. No denunciamos cuando vemos cosas que están mal y los padres, son los que en estos casos deben vigilar que sus hijos no conduzcan vehículos si no están aptos para ello. Por eso, la justicia procesó a la madre del adolescente que conducía la camioneta que participó de la escena, más allá de que no haya atropellado a nadie y posteriormente se fugara del lugar, y también analiza procesar al padre de este jovencito que no puede manejar nada por más que disponga de muchos vehículos a su alcance, porque no tiene edad apropiada para hacerlo y porque en el país hay leyes que respetar.
Con respecto al fallo, muchos se quejan porque el delito de Homicidio Culposo generalmente prevé la prisión preventiva del encausado, en el caso de que el perfil del procesado no sea criminal ni tenga antecedentes. Entonces va y patea contra el juez, el fiscal o la propia Policía y le hace marchas y pancartas, porque piensan que son los responsables de la corta estancia en prisión para quienes son castigados por estos delitos, en comparación con el daño irreparable que causan con su imprudencia, impericia o negligencia, como lo establece la tipificación de la acción antijurídica mencionada.
Sin embargo, otra vez los responsables somos nosotros, porque las leyes que determina la penalización de esta figura delictiva, no la fabrican los jueces, ni los fiscales ni mucho menos los abogados defensores de quienes los cometen. Sino que a las mismas las fabrica el parlamento, que está compuesto por senadores y diputados, los mismos que votamos todos en elecciones libres y soberanas. Entonces este lamentable y triste episodio, sirve de lección para que si el pueblo en su conjunto no está de acuerdo con la sanción que le toca a quienes consuman estos delitos, como el caso del joven de 22 años de edad que hoy está preso, la gente debe reflexionar que fueron ellos mismos que pusieron con su voto a los diputados y senadores encargados de hacer las leyes, y los únicos capaces de derogar estas penas por otras más severas.
Pero en ese sentido, es esa misma sociedad que está molesta, triste y enojada, la que debe exigirle a los diputados y senadores, y puede empezar por los cuatro legisladores que representan a nuestro departamento como lo son Catalina Correa (en sustitución de Andrés Lima), Manuela Mutti, Cecilia Eguiluz y Germán Coutinho, que elaboren un proyecto en conjunto para modificar las sanciones que prevé el delito de Homicidio Culpable. Pero mal hacen yendo al frente del juzgado o de la jefatura de Policía a reclamar algo. Y en ese caso, sobre todo, la culpa de que el sistema siga así y no hayamos exigido a nadie que venga a pedirnos el voto que lo cambie, también es nuestra.
Y tras cartón, un tema que no es menor que saltó a la vista en este caso, en el que la sociedad tenía temor que los procesados no terminaran en esa situación por su conocida condición económica, la justicia dictó un fallo ejemplarizante y está en la sociedad exigir su cumplimiento.
Por otro lado, algo que nos duele en prenda a quienes ejercemos el periodismo, consiguiendo información de las fuentes originales para ponerla en conocimiento del público, pero cono las limitaciones que nos impone el medio y algunas normas que son más usos y costumbres que otras cosas.
Cuando las redes sociales y las nuevas tecnologías transmiten al instante todo lo que pasa y lo hacen con tal libertad, dejan al desnudo que los medios tradicionales sin quererlo terminamos ocultando información al público, no porque no la sepamos, no porque no queramos informarlas, no porque estemos congraciados con quienes cometen un delito y porque se trata de fulano de tal omitimos nombres y si damos iniciales evitamos referencias específicas, sino porque los medios tradicionales, en tanto empresas constituidas tienen sus limitaciones legales, aunque si bien algunas toman riesgos en aras de la libertad de información, otras prefieren no ir muy lejos por no poder, ni querer enfrentar probables temas legales, por más que aún yendo a la justicia los puedan ganar caminando. Pero cuando tampoco quieren problemas sociales y escatiman información, eso pasa a ser una desventaja que la gente en la calle nos lo deja en evidencia.
Todo esto amerita un análisis profundo del rol que cumplimos hoy en día los medios de comunicación, de lo que somos, del porqué existimos, del para qué estamos, de cuál es nuestra función hoy y de qué límites tenemos para trabajar. ¿Los tenemos o nos los autoimponemos? Y si lo hacemos ¿cuáles son las razones?, ¿serán legales, económicas, éticas, de responsabilidad periodística? Lo cierto es que las redes sociales nos han dejado al desnudo, muestran nuestras falencias y nos redescubren. Los periodistas sabemos lo mismo que los lectores y muchas veces menos, ellos lo publican en sus muros de facebook, twitter, circulan las fotos por grupos de Whatsapp y nosotros las vemos, las leemos y las miramos, pero no podemos tomar nada de eso por una cuestión de responsabilidad legal y ética. Algo que nos diferencia de las redes sociales y a diferencia del usuario que cuelga una información poco probable, nos hace responsables de lo que informamos.
Pero llegó la hora de que nos preguntemos si acaso esa responsabilidad no opera como una cortapisa para la esencia de la tarea que cumplimos, si no forma parte de una censura enorme a la que nos vemos sometidos por cuestiones de términos legales que la gente poco entiende, o si es parte de la ética difundir lo justo y necesario, llegando a veces a mal informar con los pésimamente mal escritos partes policiales que pasan a ser la voz de lo que publicamos en nuestros medios, como “noticias policiales”.
Empero, ¿qué hacemos ante este embate de redes sociales, rapidez en la información y circulación de noticias sin control alguno de la calidad y veracidad de las mismas? El desafío está planteado, porque cada día que pasa y sobre todo cuando ocurren hechos de esta naturaleza, donde dos familias acaudaladas de nuestra sociedad y bien conocidas por vivir del comercio en sus distintos rubros, se encuentran en la palestra pública por un hecho bochornoso, lamentable y delictivo, que involucra a sus hijos, cuando todos sabemos con nombre y apellido quiénes son y qué hicieron, nuestro debate pasa a ser cómo plantearlo de la mejor manera posible compitiendo con todo lo que se dice en las redes.
El hecho es que el periodista profesional, el que trabaja en un medio y que se encarga de seleccionar la información que considera de interés público, es el que se ve menoscabado e intimidado por el uso masivo de las redes sociales, las que muchas veces publican cualquier cosa, como opiniones infundadas y argumentos pueriles, aunque en la mayor parte comparten información que los medios vedamos al público por razones de ética y sensibilidad pública, dejándonos con su accionar al descubierto y a nosotros con mucho por decir. Estamos comprometidos con nuestra función a hacer un debate público sobre esto, porque la gente lo merece y también lo necesita, de lo contrario en este caso también la culpa sigue siendo nuestra.

HUGO LEMOS







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