LA CULTURA DEL ACUERDO

Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores. Asumió el nuevo gobierno en Argentina, y con él la esperanza del reencuentro entre la ciudadanía de esa hermosa tierra, la que estuvo dividida por una grieta penosa e ilógica en los últimos tiempos, a causa del fanatismo y mesianismo irracional de gobernantes autoritarios y mezquinos, cuyo único placer era el poder, encontrando en el enfrentamiento, el método posible para su subsistencia; pero el pueblo dijo basta.
Se auguran tiempos de acercamiento y diálogo entre los distintos actores sociales, siendo el primer acto del flamante gobierno, el de reunirse con los líderes opositores, con el fin de tender puentes que permitan una gobernabilidad necesaria e imprescindible, luego de años de mayorías parlamentarias subyugantes y sordas a las voces disidentes.
La Argentina ve así la posibilidad de terminar de una vez por todas con una rara costumbre que ha caracterizado a su política a lo largo de la historia, como los fuertes desencuentros, siempre en nombre de un patriotismo disputado por las fracciones en las que se conformaba; siendo nula, con excepciones muy esporádicas como las de Balbín y Perón, o la de Alfonsín y Menem, las veces en que la discusión sana y constructiva, tuviera lugar.
Sin lugar a dudas, ese avance en la política vecina, tendrá su ramificación en la región y el mundo, como ya se ha manifestado por los nuevos jerarcas; finalizando también, o por lo menos esa es nuestra expectativa, años de maltratos y humillaciones sin sentido hacia nuestro país, que supo pararse de punta, como se dice vulgarmente, durante el primer gobierno del Presidente Vázquez, pero que lamentablemente para nuestra dignidad y economía, se vio sumiso e indigno durante la administración Mujica, donde prevaleció el amiguismo ideológico y lame botas, antes que el orgullo nacional.
El Presidente Macri inaugura para su país, y comienza a tejer en la región, un cambio visto con buenos ojos por propios y extraños; no ha pasado inadvertida su postura de apostar por un golpe de timón en la estrategia del Mercosur, y su visión empresarial, esencial para esa estrategia que es puramente de mercado, es bienvenida, principalmente por aquellos países latinoamericanos que hasta el día anterior a su asunción, rendían pleitesía obsecuente a la ex mandataria, propulsora sin igual, del encerramiento y sometimiento; habiendo sido la concurrencia de los mismos a la toma de mando, un mensaje claro de los tiempos que correrán.
Muchos en Uruguay se sintieron alarmados y sorprendidos por la actitud amistosa, casi de complicidad, profesada entre Macri y Vázquez, quienes se fundieron en un abrazo inesperado para los frenéticos izquierdistas que añoran y anhelan los tiempos de los malos y los buenos, firmándose con esa actitud, un nuevo comienzo de hermandad y concordia del que estaremos pendientes y deseos.
La política y la economía han ido siempre de la mano, y no dejaran de caminar juntas, menos, en la era de la globalización. Nuestros países son agroexportadores por excelencia y dependen fundamentalmente de su poder negociador y aperturista, con la firme convicción en su deber de jugar las reglas del juego, o perecer en la banquina y ver en consecuencia su estancamiento.
Tanto en Argentina, como Uruguay, deberán encarar el futuro de otra manera; ya no valdrá la política del juego sucio y del mandato incoherente de los ideólogos vetustos, algo tan simple como la participación de TODOS en el quehacer nacional, y en la toma de decisiones trascendentales, será la herramienta más fuerte. Como lo dijo el Presidente Macri en el Congreso de la Nación, y vale para Uruguay: apostemos a LA CULTURA DEL ACUERDO.